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El evento organizado por la escuela de Artes Plásticas busca preservar la tradición cultural del Día de Muertos
Con una intervención, procesión, performance y teatro, los chicos de la Escuela de Artes Plásticas captaron la atención de quienes pasaban, el pasado lunes, por la Plaza de Armas. Con una procesión que llevó como titulo “Siete 9, Siete 10 y Siete 11”, en una tarde fría y lluviosa, los jóvenes se apoderaron de los callejones más cercanos al centro de la ciudad.
Tres procesiones, cada una con un zanquero, un catrín, una catrina y un ataúd, caminaron por los alrededores y al llegar a la Plaza de Armas invitaron a la gente a unirse al duelo, pero lo mejor de esta marcha fue que a las 7:09 a todos les llegó su hora. Sí, les llegó su hora de morir por un instante, caídos en el piso los participantes de la procesión vivieron lo que sería dejar de existir en este mundo. A las 7:12 se dio inicio a una interpretación teatral donde un diablo y un indigente retrataron hechos de la vida actual como la crisis o la influenza.
Al final llegaron las catrinas y “despertaron” a los “fallecidos”, quienes convivieron con los vivos en la exposición de los altares de muertos, que tuvo lugar en la Escuela de Artes Plásticas y en el Icocult.
Entre dolor, flores de cempasúchil y velas se rindió honor a los difuntos. “Fue muy padre ver cómo la gente que pasaba por la plaza se detenía a preguntar qué sucedía, eso es lo que queríamos y con la participación voluntaria de la gente en la intervención, seguiremos haciéndolo año con año para preservar la tradición del día de muertos”, expresó Lilette Jamieson, una de las organizadoras.
El día de los difuntos
Por otro lado, el coordinador de Culturas Populares, el antropólogo Francisco Cazares, ofreció dentro del festival una charla sobre esta tradicional festividad. “El día de muertos viene del culto que los europeos rendían a sus fieles difuntos en el pasado, con el pasar de los años tal tradición ha sido adaptada por los mexicanos y en distintos lugares del país se celebra de diversas maneras”, indicó Cazares.
En esta celebración se hace una fusión de tradición, cultura y religión que hace alusión a la muerte. A quienes ya no están se les rinde culto a través de un altar de muertos.
“Los altares constan de siete niveles y en cada uno se colocan objetos personales del difunto, platillos que degustaba, el camino en forma de cruz hecho con cal, las ánimas, papel picado y desde luego no faltan las flores cempasúchil”, explicó el antropólogo.
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