Festival de Cine Iberoamericano de Huelva: Con sabor a México
Con la presencia del director Carlos Saura, el Festival de Cine Iberoamerican de Huelva tomó el altavoz y desde su silla puso a girar el engranaje de la imaginación al gritar ¡luces, cámara y acción!
Por: Humberto Vázquez Galindo18-Noviembre-2007

Huelva, España.- “Pero siempre hay un tren que desemboca en Madrid”, reza la nostálgica canción que Joaquín Sabina le compuso a la atormentada ciudad que ha arropado los sueños y la poesía de un cantante agradecido con este misterioso y mágico lugar.
Esa misma ciudad recibe a Vanguardia con los brazos abiertos, con el estribillo de una canción que se ha quedado en la memoria y con la promesa de un encuentro con lo mejor de la cinematografía con factura iberoamericana.
La Estación Atocha —de nuevo vuelve la canción de Sabina—, es la primera parada, el lugar de donde parte el tren con destino hacia Huelva, hacia la región andaluza, en donde además de respirarse la poesía de Lorca o la pasión del flamenco, también se escucha un corazón gitano que, al latir 24 veces por segundo, proyecta sobre la pantalla de cine, una visión particular del mundo que está unida por una lenguaje común: el español.
El tren se pone en marcha y pone a rodar también los hilos de la imaginación con la proyección de una cinta que lleva a Beethoven como protagonista, la cita con el séptimo arte tiene como preludio un tren de alta velocidad que se dirige hacia una pequeña y luminosa ciudad al sur de España.
El aire fresco de Huelva lleva el rumor de un fiesta que está por comenzar, en sus estrechas calles y bellos edificios, aparece la mirada hipnótica de una calaca que es la figura principal del cartel oficial, el cual lleva inmerso el sello mexicano, la estrecha relación con la muerte de un país que a través del cine ha llegado a estas tierras a mostrar cómo se teje el materia de su sueños.
Justo afuera de la estación del tren una enorme publicidad muestra la figura de Quentin Tarantino, el rostro de la genialidad que anuncia un marca de vino, y aunque al realizador le guste la sangre, el anuncio no promociona las propiedades de un tinto. La imagen sirve de introducción a un festival que, a sus 33 años, ha acaparado la mirada del mundo.
Y la hora de la verdad llegó. El encuentro inicia con algarabía, con musica y la pasión desmedida de un certamen que, aunque joven, cuenta con una gran trayectoria y un numeroso grupo de adeptos o “amigos”, como los llama el director del festival, que cada año se dan cita en un evento de grandes dimensiones.
“El Festival de Cine Iberoamericano de Huelva es un acontecimiento cinematográfico de primer orden, que ha realizado una importante labor para el conocimiento y puesta en valor de la cinematografía iberoamericana. No es fácil, como director del Festival, presentar la 33 edición de este extraordinario evento, que tanta historia acumula y que tantas anécdotas y vivencias atesora. La industria cinematográfica va evolucionando, los usos, los roles y los escenarios van cambiando.
Ahora más que nunca el cine iberoamericano que, sin duda, es el cine de los sentimientos y de las emociones —como el buen cine de autor— va abriéndose paso en este difícil mercado, llegando a altas cotas de calidad y reconocimiento”, son las palabras de Eduardo Trías, el artífice mayor, quien junto con un equipo de colaboradores y complices, hacen realidad la edición 33 de este festival .
Durante ocho días Huelva viste, come, bebe y respira cine. Por su calles, teatros y salas cinematográficas se darán cita 116 proyecciones que llevarán una visión particular del mundo que fue plasmada en largometrajes, documentales y cortometrajes que ganaron una épica batalla para formar parte de la sección oficial.
En esta edición el festival recibió 546 propuestas de 24 nacionalidades, 207 obras más que su edición pasada. 12 serán los largometrajes que compitan por el Colón de Oro, el máximo premio que lleva la imagen del descubridor de América.
Este año el premio “Ciudad de Huelva”, caerá en manos del guionista, realizador y crítico de cine, Manuel Pérez Estremera y la actriz Maribel Verdú, cuyo talento ha servido como vínculo entre México y España al participar en películas de grandes realizadores del llamado nuevo cine mexicano como Guillermo del Toro en el “El Laberinto del Fauno” y Alfonso Cuarón en “Y tu Mamá También”.
México, que el año pasado se llevó el Colón de Oro con la estremecedora cinta “El Violìn” de Francisco Vargas, vuelve a la competencia con la fuerza de uno de los nóveles directores que han creado un sello personal y que a su obra no le queda grande el título de cine de autor: Carlos Reygadas, quien presenta “Luz Silenciosa”, un vistazo al mundo pacifista y radical de los menonitas que habitan el norte de México.
En esta misma categoría, México competirá con dos coproducciones, una con Chile con la cinta “El Brindis”, dirigida por Shai Agosin y otra con Colombia con la pelìcula “Satanás”, de Andrés Baiz.
Por otro lado, también se proyectarán, aunque fuera de competencia, “El Búfalo de la Noche”, de Jorge Hernández Aldana y guión de Guillermo Arriaga y “Partes Usadas” de Aarón Hernández.
La precisión, el encanto y el breve aliento de los cortometrajes también están en competencia, y México, que es un país que ha ganado en innumerables festivales alrededor del mundo por la originalidad de sus propuestas, llega a Huelva con cuatro obras que seguramente darán de que habar.
El jurado también tiene una voz y un voto mexicano, Arturo Rípstein, experto en festivales, llega arrastrando una trayectoria que no le pesa y que sí lo ha colocado en un lugar privilegiado de la cinematografía nacional, desde un día que decidió hacer cine y Luis Buñuel lo puso a prueba proyectándole tres veces “El Perro Andaluz”, para después preguntarle: ¿Aún quieres hacer cine? La respuesta de Ripstein es obvia y lo tiene hoy aquí.
En el primer día de actividades del festival el banquete no podía ser mejor: la presencia del prestigiado realizador español Carlos Saura, quien llegó con una nueva película bajo el brazo: “Fado”, una obra que tiene como hilo conductor a la música portuguesa.
La melancolía y vitalidad del canto portugués, las raíces de un género arrabalero y la voz desgarrada que hace un homenaje a la fatalidad, inundaron el auditorio donde se presentó la primicia de una película que no ha sido exhibida en España y que apuesta por un cine íntimo, que se introduce en una tradición musical que se escondía en el anonimato, pero que ahora sale, bajo la tutela de Saura, para mostrarse al mundo y de paso dejar claro por qué en el Festival de Huelva, la palabra cine se la toman en serio y se escriben con mayúsculas.

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