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El Cuaderno impreso de Saramago

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  • Revista Posdata
  • 02-Noviembre-2009
    • (Foto: Especial)

    En el libro de entrevistas José Saramago: el amor posible, publicado en 1998 por editorial Planeta, Juan Arias pide al Premio Nobel portugués su opinión sobre la idea según la cual Internet es una puerta abierta a la comunicación universal, donde se puede expresar el pensamiento sin censuras. La respuesta de Saramago es contundente: “Es falso. La comunicación electrónica no es comunicación real. En el fondo, si tú te comunicas, te comunicas o por la voz o por la escritura (…) Lo que ocurre es que en la carta de papel (…) puede caer una lágrima, mientras que la carta que envías por correo electrónico no podrá ser emborronada por una emoción”. No será la única vez que Saramago se muestre escéptico respecto de Internet. En 2003 repite esta última opinión al diario italiano Il Messagero: el correo electrónico nunca puede ir acompañado de emociones, pontifica. Además, una de sus más frases más célebres, repetidas hasta la náusea en páginas electrónicas, es aquella que afirma que las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal.

    Para finales de 2008, José Saramago, intuyendo probablemente las posibilidades de la red, dio un giro radical a su postura, al grado de que, ironías de la vida, se convirtió en uno de los pocos escritores de su envergadura en abrir un blog, que además sería actualizado con una frecuencia muy respetable para cualquier blogger: de 12 a 21 entradas por mes.

    Todas las entradas de ese blog, que su autor cerró en marzo de 2009 para darse de lleno a su nueva novela Caín, fueron reunidas este año bajo el título El cuaderno, editado por Alfaguara. Este libro es una miscelánea de textos, tanto viejos como nuevos, que abordan temas muy propios de Saramago, como la inexistencia de Dios, la crítica del capitalismo, la fe en el marxismo y la censura resuelta de las injusticias. También aborda el autor temas de actualidad, como los gobiernos de Aznar, Bush, Sarkozy y Berlusconi, la esperanza en Obama, el conflicto israelí-palestino (en el cual el autor toma partido por los palestinos, y hasta justifica hasta cierto punto sus atentados). La literatura no podía faltar en este cuaderno: nos encontramos con notas dedicadas a Carlos Fuentes, Jorge Amado, Fernando Pessoa, Chico Buarque, José Luis Sampedro, Antonio Machado, Roberto Saviano y Jorge Luis Borges.

    Saramago parece haber entendido muy bien el formato del blog, pues sus notas son en su mayoría breves, ágiles, y abordan desde asuntos cotidianos y de interés sólo para estudiosos y fanáticos, hasta otros de relevancia mundial e intemporal, como la mayoría de sus ficciones. No sólo piensa bien del blog Saramago, sino que le dedica una de sus frases contundentes, de esas que encontramos como epígrafes en sus novelas: “El blog va iluminándole el camino al autor. Es esa su virtud”.

    Queda claro que Saramago, en estas entradas de blog ahora trasladadas a la página impresa, se ha rendido a la evidencia de que la red es un medio muy efectivo para transmitir emociones. De otro modo no se explicaría la sensibilidad de notas como las dedicadas a Rita Levi-Montalcini, Premio Nobel de Medicina; o Rosa Parks, esa digna mujer negra que, en Estados Unidos, se negó a dar su asiento a un blanco mientras viajaba en autobús y fue encarcelada por ello, con lo que desató las protestas contra la segregación racial de Martin Luther King; o esa emotiva nota dedicada a las Madres de Mayo y a sus hijos desaparecidos por la dictadura militar argentina.

    Nos encontramos en este blog impreso con un Saramago algo distinto de ese viejecillo displicente de las entrevistas o de las ferias del libro, que dice no tener motivos de esperanza y despotrica, ante la menor provocación, contra el planeta entero. En vez de amargarle, la edad y el ser sobreviviente de una grave enfermedad que por poco lo mata parecen estar dando a Saramago una mayor serenidad de juicio y la fe en que este mundo malhecho, plagado de injusticias, puede convertirse en uno mejor.

    Si bien no es este uno de los títulos imprescindibles de Saramago, sí es un libro ameno, que se lee de una sentada y que, a su manera, desde su particular óptica, da cuenta de algunos de los principales problemas que rodean al hombre contemporáneo.

cr

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