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El arte mira a la muerte

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  • Chris Hawley
  • 02-Noviembre-2009
  • El Museo Nacional de la Muerte muestra la fascinación que sienten los mexicanos por la Catrina

    • Foto: Especial

  • AGUASCALIENTES.- Los muertos tal vez no cuenten historias, pero en México la muerte misma puede llenar un museo completo.

    El Museo Nacional de la Muerte, fundado hace dos años, explora el macabro interés que tiene el país en la muerte y los muertos, desde los sacrificios masivos humanos realizados por los aztecas hasta las modernas celebraciones del Día de Muertos, que comenzaron el domingo pasado.

    En sus galerías, los cráneos humanos con incrustaciones de turquesas hacen muecas a los visitantes. Pequeños esqueletos se reúnen alrededor de mesas miniaturas para brindar a la salud de su propio fallecimiento. La nefasta guadaña de la muerte brilla al otro lado del cuarto en un aparador repleto de crucifijos sangrientos.

    “Los mexicanos tienen la muerte impresa en todo su arte y cultura”, sostiene José Antonio Padilla, director del museo. “¿Entonces por qué no tener un museo sobre la muerte?”, agrega.

    El museo nació porque un coleccionista de arte mexicano tenía numerosos esqueletos guardados en su clóset: docenas de pequeñas calaveritas, dioramas de esqueletos, además de cientos de trabajos artísticos relacionados con la muerte que fue acumulando durante 50 años.

    El dueño, Octavio Bajonero Gil, estaba buscando un museo que quisiera recibir su colección, mientras que la Universidad Autónoma de Aguascalientes quería fundar un museo de arte y deseaba algo diferente, recuerda Padilla.

    Y esta fusión de necesidades dio vida a este original espacio enclavado en la capital de Aguascalientes.

    El museo, con la donación del núcleo central de la colección de Bajonero, abrió en 2007 ocupando dos edificios que le pertenecen a la universidad, ubicados en el centro de la ciudad de Aguascalientes.

    La admisión general es de 20 pesos.

    Las reacciones que han tenido los mexicanos ante este museo son diversas, dice Padilla, en parte porque el país está tratando de resolver el problema de la ola de muertes que han seguido a la declaración de guerra que el presidente Felipe Calderón y el ejército hicieron en contra de los cárteles de narcotraficantes.

    “La gente (de las ciudades fronterizas) del norte dice ‘¿por qué celebramos algo que estamos tratando de evitar todos los días?’”, expresa Padilla. “Pero este no es un museo sobre la violencia del narcotráfico, es un museo que muestra ciertas tradiciones artísticas”.

    Cerca de la tercera parte de los 70 mil visitantes anuales que recibe el museo son de otros países, la mayoría de Estados Unidos.

    “Es definitivamente algo bizarro”, expresa Spencer Garcia-Stinson, de 24 años, procedente de Gilford, New Hampshire. “En los Estados Unidos no nos gusta hablar sobre la muerte, pero aquí lidian con eso tan abiertamente… Es increíble”.

     

     

    Temporada de celebración

    Esta es la temporada fuerte para el museo porque el primero y el 2 de noviembre se celebra el Día de Muertos, una fecha en la que los mexicanos rinden homenaje a sus ancestros y a sus familiares que han fallecido recientemente.

    La fascinación por la muerte tiene sus raíces en las religiones prehispánicas, explica Padilla. Los mayas, aztecas y otras culturas consideraban a la muerte como un importante paso entre la vida y la reencarnación.

    Las almas de sus ancestros eran constantes e invisibles compañías.

    En una galería las esculturas precolombinas muestran a la gente retozando con esqueletos que representan las almas de los muertos. Otras exhiben los sacrificios humanos ofrecidos al dios Xolotl, el guía de las almas hacia el inframundo azteca.

    También se muestran las esculturas de los perros mexicanos carentes de pelo, conocidos como xoloitzcuintles.

    Las civilizaciones de la costa del Pacífico mexicano enterraban estos perros para que guiaran a las almas en su camino a la otra vida.

    En otra vitrina, las coloridas luces iluminan una calavera de dos pulgadas de alto hecha de cuarzo y cristal. Sólo se han encontrado tres de su tipo en México, apunta José Antonio Padilla.

    Otras galerías incluyen imágenes católicas relacionadas con la muerte, como crucifijos y una rara estatua de la Virgen de la Buena Muerte, que es reverenciada en algunas iglesias españolas, pero que es poco conocida en México. La colección también incluye figuras de la Santa Muerte, cuyo culto se ha ido extendiendo en santuarios y capillas ubicados generalmente en las colonias pobres del país.

    Algunos de los visitantes han tratado de dejar ofrendas a la Santa Muerte, expresa Juan Manuel Vizcaíno, asistente de la dirección de exhibiciones. “Hemos tenido gente poco común por aquí”, dice Vizcaíno.

    “Algunas veces tenemos que recordarle a estas personas que esto es un museo, no un lugar de adoración”.

    Muchos de los aparadores contienen pequeños esqueletos de arcilla que son utilizados, junto con las calaveras de azúcar y las flores de cempazúchitl, en los altares que los mexicanos elaboran en honor a sus ancestros en el marco de los eventos que se realizan el Día de Muertos.

    En la noche que inicia el primero de noviembre y culmina al día siguiente, familias completas se convierten en vigilantes nocturnos de las tumbas de sus parientes. Algunos pueblos tienen ceremonias completas que incluyen baile, música y un colorido despliegue de flores.

     

    La muerte vista desde el exterior

    El museo también incluye la descripción de la muerte en otros países, desde las decoraciones del norteamericano Halloween hasta pequeñas réplicas de los soldados de terracota hallados en China.

    El arte del siglo 20 es alojado en un moderno anexo con ventanas de un color rojo sangre. La exposición incluye carteles de películas de terror, cartones de la Catrina y caricaturas de la muerte que se han publicado en los periódicos el 2 de noviembre, así como las calaveras, estos tradiciones poemas satíricos cargados de ingenio.

    En una ilustración fechada en 1964, los esqueletos representan a los candidatos a la presidencia de EU, Lyndon Johnson y Barry Goldwarte, quienes son mostrados lanzando bombas sobre el Congo, Cuba y Vietnam.

    El museo también recibe exposiciones especiales, así como seminarios, artesanías y obras de teatro con títulos como “El Fandango de la Muerte” y “Maldigo tu Muerte Sobre mí”.

    Antes de que los visitantes abandonen el lugar, pueden visitar la cafetería del museo —El Café de la Muerte— y la tienda de recuerdos en la que se ofrecen playeras y calaveritas de dulce. Las puertas de la muerte abren a las 10:00 horas y cierran a las 18:00 horas.

    (USA Today)

sc

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