• » Conectate
  • » Registro
  • Edición Impresa
  • Móvil
  • Newsletter
  • Vanguardia para llevar
    Llévate todas las noticias del momento con V para llevar, la edición que te ofrece Vanguardia para que imprimias
  • » CLIMA
  • Hoy es 22 de noviembre del 2009
TAMAÑO DE LA LETRA:
Publicado en la edición impresa

Claude Lévi-Strauss y Francisco Ayala: Adiós a los grandes

  • vota:
     |  Existen  
     votos
  • Antonio Jiménez/Javier Rodríguez
  • 04-Noviembre-2009
  • Dos figuras centenarias de la cultura murieron, dejando tras sí un extraordinario legado

    • Francisco Ayala. Foto: Especial

    PARIS/MADRID.- El famoso antropólogo Claude Lévi-Strauss falleció la madrugada del domingo en París cuando le faltaban unos pocos días para cumplir 101 años, según confirmó ayer la Escuela de Altos Estudios Sociales. Había nacido en Bruselas, en 1908, de padres judíos franceses y dedicó toda su vida a explicar y explicarse el mundo desde la antropología. No sólo fue la principal figura en el mundo de la etnología a lo largo de la segunda mitad del siglo 20, sino también un extraordinario escritor y un filósofo de primera magnitud.

    El profesor de antropología, Manuel Delgado, recordaba precisamente en un artículo publicado en El País, los logros que había transmitido en este campo. “Lo que Lévi-Strauss nos ha transmitido es un conocimiento que no es sólo resultado de una honda reflexión sobre el vivir juntos humano, sino de los testimonios que una determinada ciencia social ha podido establecer acerca de hombres y mujeres concretas, cuya vida concreta —en tiempos y lugares no menos concretos— otros hombres y mujeres fueron a conocer de cerca”.

    Desde 1935 a 1939 pasó largas temporadas con los indios del Amazonas, en Brasil, en una zona remota de la selva.

    Esta experiencia le marcaría, vital y profesionalmente, durante toda su vida.

    Transformó la etnología contemporánea al elaborar un método original que aunaba el estructuralismo, el psicoanálisis a la hora de interpretar los mitos. Este fue el método usado para estudiar la organización social de las tribus de Brasil y la de los indios del norte y sur de América. Sus primeras obras fueron “La Vida Familiar y Social de los Indios Nambikwara” y “Las Estructuras Elementales de Parentesco”.

    “El viaje del etnógrafo tiene muy poco que ver con la aventura romántica que pude imaginarme antes de marchar hacia Brasil”, diría tiempos después en un libro de Catherine Clément sobre aquella experiencia . También recordaba como se había metido en el apasionante mundo de la antropología.

     

    Nació de un telefonazo.

    Marcel Mauss y su equipo reclutaban entre los licenciados en filosofía gente que quisiera trabajar en el recién creado departamento de etnografía, una ciencia que acababa de adquirir rango universitario y que hasta entonces había dependido de misioneros y administradores coloniales. Yo hacía sólo dos años que ejercía como profesor de filosofía, en Mont-de- Marsan y en Laon, en 1932 y 1933. El primer año es apasionante, tienes que construirte todo un programa, pero los cursos siguientes te limitas a retocarlo.

    Estaba claro que no era eso lo que iba a dar sentido a mi vida. Tenía ganas de descubrir el mundo. Y de ahí que aceptase un puesto en la universidad de São Paulo y comenzase mis viajes de etnólogo”.

    En 1973 ingresó en la Academia Francesa. Fue el primer antropólogo que lo hizo.

    El año pasado, el mundo cultural francés le rindió un homenaje al cumplir 100 años: fueron múltiples los suplementos, los documentales y las exposiciones consagradas a su persona y a su obra.

     

    Testigo literario

    “Soy un cómico que lleva años esperando a que se baje el telón, pero no termina de bajarse”.

    Con estas palabras, pronunciadas en 2007, Francisco Ayala se refería a su longevidad, que se había convertido, por derecho propio, en todo un capítulo de la historia de la literatura española del siglo 20.

    Ese metafórico telón del que hablaba el escritor granadino, bajó la mañana de ayer en Madrid.

    El escritor, cuyos restos mortales fueron trasladados al tanatorio de San Isidro, sufrió esta primavera una bronquitis de la que ya no se recuperó.

    “De cabeza seguía lúcido, como siempre, pero el cuerpo ya no resistió”, declaró Luis García, organizador de los actos del centenario de Ayala, un acontecimiento al que el propio autor, sobreponiéndose a su “innata timidez” asistió con humor y resignación: “Estoy cansado de mi nombre”, llegó a decir recordando a Juan Ramón Jiménez. Ayala había cumplido 103 años el pasado 16 de marzo.

    Era el último superviviente de la generación del 27 y, además de ser miembro de la Real Academia Española desde 1984, tenía los premios más importantes de las letras españolas.

    Todos los honores le llegaron cuando volvió a España definitivamente en 1980. Entonces la miel del reconocimiento sustituyó a la hiel de un largo exilio que, con la Guerra Civil, le obligó a abandonar su cátedra de Sociología en la Universidad Complutense para dar con sus huesos en Argentina, Puerto Rico y Estados Unidos.

    Ayala habló del telón que no terminaba de bajarse el día que se presentaba el primer tomo de sus obras completas.

    “He escrito demasiado porque he vivido demasiado y además lo he hecho intensamente”, dijo también aquel día. Seis tomos de más de mil 500 páginas cada uno reunirán, cuando terminen de publicarse, una obra en la que tienen una especial relevancia la narrativa y el ensayo.

    Obras como “La Cabeza del Cordero o “Muertes de Perro” ocupan ya un lugar de honor en la historia de la literatura.

     

    Claude Lévi-Strauss

    Era doctor “honoris causa”, entre otras, de las universidades de Oxford (Inglaterra), Chicago (Estados Unidos), de la UNAM (México), así como de Yale, Harvard, Johns Hopkins y Columbia, en Estados Unidos.

    En 1966 recibió la medalla de oro y el premio de la Fundación Viking, otorgado por el voto internacional de la profesión etnológica; y en 1967 logró la medalla de oro de Centro Nacional de Investigación Científica de Francia.

    El 28 de noviembre de 2008, con motivo de su cumpleaños número cien, recibió un homenaje y la ministra francesa de Cultura, Christine Albanel, descubrió una placa en su honor en el museo Quai Branly de París.

    Su centenario impulsó la reedición en castellano de la visión de Octavio Paz sobre su obra.

    (El País, todos los derechos reservados).

sc

TAMAÑO DE LA LETRA:
Publicado en la edición impresa
  • Comenta aquí›


  • Publicidad›


  • Nuestra Comunidad›


VANGUARDIA on Facebook