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El lugar celebra 10 años de albergar a escritores perseguidos
Casa Refugio Citlaltépetl ha cumplido una década de ser un espacio que garantiza la vida y la protección de la palabra literaria. En 10 años de labor ha recibido a nueves escritores perseguidos y trabaja en profundidad el tema del exilio, el destierro y la migración que se ha acentuado en los últimos años en todo el mundo.
Ese espacio que forma parte de la Red Internacional de Ciudades Refugio (ICORN por sus siglas en inglés), una asociación que tiene 24 casas-refugio en 15 países —10 están en Noruega—, celebra 10 años de trabajo con la consolidación de un proyecto central: la instalación en 2008 de la Cátedra Gilberto Bosques, que contiene una serie de acciones entorno al estudio de los exilios en el mundo.
Más que una residencia
Desde que abrió sus puertas en septiembre de 1999, a iniciativa del gobierno del Distrito Federal encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, la Casa Refugio revolucionó el modelo que imperaba a nivel mundial y que la hacía una residencia de escritores, es decir, un departamento donde los asilados pudieran vivir lejos de los gobiernos autoritarios de su país; la que se propuso en la Ciudad de México era una casa completa en la que se alentaba la cultura, los encuentros literarios y el contacto del escritor refugiado con la ciudadanía.
Philippe Ollé-Laprune, director de la Casa Refugio Citlaltépetl, asegura que en 10 años el proyecto despegó y se consolidó. “Somos fieles a la idea del principio: poder organizar un espacio que le permite vida y protección a la palabra literaria. Los logros son muchos: hemos albergado a nueve escritores perseguidos de tres continentes, publicado 27 números de la revista Líneas de Fuga y editado varios libros”.
Ese recinto enclavado en la colonia Condesa, que nació por el convenio “México, Distrito Federal: Ciudad Refugio”, firmado el 19 de marzo de 1998, es un espacio singular. Es mucho más que una casa de cultura, aunque ofrece un amplio programa de actividades culturales; va más allá de ser una casa sólo dedicada a la literatura, aunque comparte mucho con la Casa del Poeta. Para Ollé-Laprune “es un centro de reflexión sobre México y los exilios”.
Escribiendo la historia
La historia de la casa-refugio mexicana la comenzó a escribir el narrador colombiano Álvaro Mutis y con gran energía la poeta y narradora Carmen Boullosa, quien asegura que cumplir 10 años no es poco. “Hay que felicitar a la ciudad por esto y a Philippe Ollé-Laprune”.
La escritora que está en Francia participando en el Festival Les Belles Latinas, afirma que “para México, tener un espacio donde llegan escritores de otras partes, es una fuente de riqueza. Es también renovar la memoria de una tradición que ha tenido nuestro país. Las inmigraciones son sin lugar a dudas fértiles y si está el agravante del exilio terminan por ser recíprocas: el país que recibe, a cambio alberga gente de primera línea”.
La Casa Refugio Citláltepetl es única en su género en todo el mundo; aunque se trata de un lugar de residencia, siempre busca insertar a los escritores refugiados a la vida cultural y académica del país. Los nueve escritores que han sido huéspedes —incluyendo la poeta y periodista rusa que actualmente habita la casa—, deben aprender español porque es indispensable para interactuar e integrarse a la sociedad local.
A todos se les propone incorporarse a las actividades culturales y a la vida académica en instituciones como El Colegio de México, la UNAM, la UAM o la Universidad Autónoma de Ciudad de México, pero no todos aceptan, no están obligados. “Hay quien lo hace y hay quien se niega a participar y sólo quiere dedicarse a su obra”, señala el francés Philippe Ollé-Laprune.
Es un lugar único.
El escritor Pedro Ángel Palou reconoce que la Casa Refugio Citlaltépetl es un modelo porque “mejoró y amplió el esquema que tenían las casas-refugio del antiguo Parlamento Internacional de Escritores, por ejemplo en París se llama casa refugio, pero sólo es un departamento y una beca para que el escritor pueda vivir y escribir, pero México mejoró mucho el modelo, se pensó que la Casa brindara a su vez un servicio a la comunidad”, cuenta el autor poblano.
El escritor, que durante su gestión como secretario de cultura de Puebla abrió una Casa Refugio en esa ciudad —aunque a su salida el proyecto terminó—, dijo que ha habido escritores plenamente integrados en la vida cotidiana e incluso se han quedado a vivir en el país como es el caso del autor de Chad, Kously Lamko, o del cubano José Prats que fue residente de la Casa de Puebla.
“Hoy incluso publican en editoriales mexicanas, están muy insertados porque desde el principio comenzaron a participar en conferencias, dieron talleres, le devolvieron mucho a la casa, en un acto de intercambio social en reciprocidad por esa libertad y protección que les daba poder escribir y respirar. En ese sentido, el papel de la Casa Refugio ha sido central para México”.
Libertad para los escritores
Pero no todos los residentes responden igual, ha habido varios casos de escritores que se cierran a la participación y hasta son de carácter muy áspero como el argelino Mohamed Moulessehoul, quien fue ex comandante del Ejército de su país y durante su estancia en México, llegaba al extremo de encerrar a su mujer en sus habitaciones.
Con los años, el recinto ha sido testigo de la represión y la censura de gobiernos autoritarios contra los escritores a quienes ha acogido y otorgado una beca de apoyo para sus gastos. Además de un lugar para continuar con su labor literaria, es símbolo de libertad y solidaridad, pues a veces les toca incluso hacer labor diplomática para sacar de su país de origen al escritor que es perseguido.
Poco han cambiado las cosas en el mundo, todavía cientos de escritores debe exiliarse de su país y encontrar refugio en las ciudades que cuentan con residencias para escritores perseguidos. “Hay países en todo el mundo que siguen haciendo lo mismo, como China, África, Asia y todo el mundo musulmán, que no permiten la libertad de pensamiento”, señala Ollé-Laprune.
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