Carranza sigue vigente
Luis Felipe Barrón sostuvo que se debe regresar al pueblo la facultad exclusiva de determinar su forma de gobierno
Por: Sylvia Georgina Estrada11-Mayo-2008

La mayor obra de Venustiano Carranza, la Constitución de 1917, es hoy motivo de reflexión y análisis.
Así lo considera Luis Felipe Barrón, uno de los investigadores que más hondo ha escarbado en la vida del coahuilense y en el papel decisivo que jugó en la construcción del estado moderno mexicano.
Con motivo del 88 aniversario luctuoso del revolucionario, Barrón impartió el pasado miércoles la conferencia “Carranza: Legalidad y Reformas”, en el Centro Cultural Vito Alessio Robles.
El evento fue organizado por el Comité de Festejos del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, que es presidido por Javier Villarreal Lozano, director del Cecuvar. Para Barrón este tema no podría ser más pertinente en los tiempos actuales, cuando se vive una crisis política que exige a historiadores y académicos asumir una responsabiidad social.
El doctor en Historia señaló que en el presente la clase política mexicana llega a pocos acuerdos —aunque destacó la creación del IFE y de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos—, situación que debe cambiar para que la transición democrática del país sea exitosa. Dijo que para Venustiano Carranza la legalidad determinó cada una de sus decisiones.
El historiador expuso que las reformas emprendidas durante la presidencia carrancista rigen hoy el moderno Estado Mexicano. Agregó que los mexicanos le deben al cieneguense la Constitución de 1917, que se creó como respuesta a la falta de justicia social del país. También señaló el camino que siguió Carranza para convocar a un Congreso Constituyente, una fórmula que no estaba muy clara en la Constitución de 1857, situación que lo hizo rectificar el Plan de Guadalupe.
“Finalmente decidió que el mejor camino sería convocar a un Congreso Constituyente, pues si dejaba que fuera un Congreso Constitucional el que ratificara la reforma se corría el riesgo de que el camino fuera muy largo, lo que pondría en riesgo la paz, o de que simplemente el órgano reformador de la Constitución establecido en el artículo 127 la presentara.
“En otras palabras, en el fondo Carranza estaba convencido de que había que hacer reformas sustanciales a la forma de gobierno para satisfacer las demandas populares, como fortalecer al Poder Ejecutivo por ejemplo, y temía que los políticos no las aceptaran o las aplazaran indefinidamente, lo que evitaría que el país regresara a la paz y se pusiera nuevamente en riesgo el orden constitucional”.
Planteó una incognita que hoy tratan de despejar académicos e historiadores: si Carranza utilizó un recurso legal —el artículo 139 de la Constitución de 1857— para convocar un Congreso Constituyente, por qué no estableció en forma clara, en la nueva Constitución, un artículo que permitiera que fuera el pueblo y no sus representantes quienes participaran activamente en las reformas constitucionales.
Esta interrogante es para Barrón un punto central del debate sobre las reformas constitucionales que hoy en día plantean los diputados y senadores nacionales. Y es que, sostuvo el investigador, los mexicanos no podemos confiar en que nuestros representantes obedezcan los intereses ciudadanos en lugar de los intereses de partido.
Agregó que las elecciones son una manera muy imperfecta de consultar lo que los mexicanos quieren. “Es indispensable limitar los poderes del Constituyente permanente para convertirlo en un verdadero órgano reformador, que se apegue al mando del artículo 39 constitucional.
“Desde mi punto de vista, para que la transición (democrática) avance hay que regresarle al pueblo la facultad exclusiva de determinar y desafiar su forma de gobierno”.
¿Cómo hacer eso? Es la otra interrogante que planteó el conferencista al público, y que, en su opinión, es la cuestión más importante del problema político que vive México en la actualidad. Entre las alternativas posibles señaló la consulta indirecta, es decir que el Congreso establezca reformas y luego las exponga al veredicto ciudadano; la consulta directa, como referéndums o plebiscitos, e incluso la intervención de la Suprema Corte de Justicia en la creación de reformas que competan a su esfera.
“Pero la verdadera reforma es cómo le vamos a amarrar las manos a los políticos y que ellos hagan lo que verdaderamente queremos que hagan”, finalizó.

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