33 Festival Iberoamericano de Huelva...
Y Sarli fue a la cárcel
Huelva España.- El mito erótico de Argentina, Isabel Sarli, paralizó el Centro Penitenciario de Huelva en donde más de 200 reclusos la esperaban después de ver su película ‘Fuego’
Por: Humberto Vázquez Galindo / Enviado Especial21-Noviembre-2007

La cárcel mixta de Huelva, que acoge a mil 200 reclusos, recibió a Isabel Sarli, la mujer más censurada
en la historia del cine argentino.
En esta pequeña ciudad cerca del Mediterráneo, los presos también van al cine y no sólo eso, después de cada función reciben la visita de prestigiados y noveles actores, directores, productores, guionistas y todos los que llegan con sus películas bajo el brazo a un festival que no discrimina a quienes se encuentran privados de la libertad.
Pero la tarde del martes fue especial. Un torrencial aguacero y fuertes vientos que azotaron por unas horas a la ciudad de Huelva, no fueron impedimento para que la mujer más censurada en la historia del cine argentino llegara a las puertas de la prisión.
Adentro, la esperaban con expectación los internos que acababan de presenciar su película “Fuego”, en la que una joven y provocativa Sarli da vida a una ninfómana que pronto se convierte en un oscuro objeto del deseo, no sólo de los personajes que la acosaban en el filme, sino también de quienes veían por primera vez en la pantalla grande a una mujer que es considerada el más grande mito erótico de Argentina.
Sarli llegó ataviada con un vestido negro con flores rojas, tacones altos y unos enormes lentes oscuros que confirmaban que se trata de una diva real de la cinematografía, esa que regresaba un poco cansada de Francia en donde acababa de recibir otro homenaje, pero que estaba dispuesta a convivir con los presos de esta ciudad andaluza.
Adentro, los reclusos no paran de mirar hacia la entrada del cine club de la penitenciaría, a los lejos se escucha el taconeo de Sarli y el disparo de las cámaras fotográficas que no paran de lanzarle destellos. La prensa internacional sigue sus pasos y se prepara para ser testigo del encuentro de la actriz con un público que la espera con ansia.
Hilda Isabel Gorrindo Sarli es el nombre completo de quien es conocida como “La Coca” Sarli, actriz argentina pionera en protagonizar filmes eróticos durante los años 50, 60, 70 y principios de los 80.
Sarli, quien se inició como modelo y se convirtió en Miss Argentina en 1955, cobró una gran notoriedad y acaparó los reflectores al protagonizar el primer desnudo de la historia del cine argentino. Ya convertida en símbolo sexual, el régimen dictatorial de su país censuró numerosas escenas de la mayor parte de sus películas. Armando Bo, director y productor de la mayoría de sus obras cinematográficas llegó a comentar: “El gran problema de la moral argentina no son los pechos de Isabel, sino el hecho de que son hermosos”.
Sin embargo, el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, se deja seducir y cae en la tentación de rescatar su obra creativa al exhibir sus cintas sin ningún corte, y no sólo eso, también le rinde un homenaje por su trayectoria que incluye 32 filmes, entre ellos “Furia Infernal”, “Carne”, “Sabaleros”, “Insaciable” y “Fuego”, la cinta que tiene congregados a los reclusos que por fin la ven entrar.
A pesar de que los años le han pasado factura, los presos, a su paso, no dejan de gritarle “guapa”—siempre con respeto y orden— y de paso, ya entrados en confianza, aprovechan para pedirle la mano de su hija, de quien le aseguran es su vivo retrato, “de tal palo, tal astilla”.
La actriz de 72 años, que momentos antes dijo no sentirse nerviosa, se deja querer, los saluda con afecto, firma autógrafos en revistas y sube al templete para mantener una charla sobre el motivo que la tiene en este país: el cine.
En el lugar también se encuentran los jurados del festival, Paz Sufrategui, quien fuera la encargada del departamento de prensa de la compañía productora de Pedro Almodóvar, y también el director mexicano Arturo Ripstein, quien antes de presentar a Sarli les dijo: “No es la primera vez que he estado en una cárcel, y no creo que sea el mejor lugar para estar, por eso les deseo una rápida salida; sólo me queda decirles que estoy muy feliz porque el festival realice este tipo de actividades”.
La cárcel mixta que acoge a mil 200 reclusos, la mayoría por delitos relacionados con el tráfico de drogas, tiene a la sala de cine llena y con manos levantadas para iniciar con la charla. Uno de los reclusos, quienes por cierto no portan uniforme, le dice nervioso: “he visto su película y estaba usted muy hermosa, aún lo sigue estando, ¿cuántos años tenía en aquel entonces?”. Sarli escurridiza contesta con una sonrisa: “La película fue en el año de 1968 y se filmó en Argentina,
esta película fue censurada en aquel tiempo y se estrenó hasta después de 10 años porque se trataba de la historia de una ninfómana. Todas mis películas fueron prohibidas por la dictadura, y todo era por escenas o fotografías simples en las marquesinas; incluso nos querían matar, pero todo eso terminó, ahora ya se puede trabajar”.
“Usted era muy hermosa en ese tiempo”, insiste una de las reclusas, “pero por qué no se defendía de esos hombres que la acosaban”, le pregunta intrigada aún por la trama y el desenlace de la película. “Porque yo era una provocadora y me gustaba”, responde convencida la actriz.
“Hola, me llamo José. Su película es fuerte y muy erótica, ¿qué tan difícil fue hacerla?”, pregunta otro de los presentes que trae una revista con ella en la portada. “Me gustó mucho hacer de ninfómana, también de prostituta, de trabajadora de la tierra, hice un poco de todo, incluso trabajé también en otros países, en México estuve filmando en Chichén Itzá que es un lugar hermoso. He hecho 32 películas, pero la que me dio fama fue ‘El Trueno Entre las Hojas’, que se trata de la explotación del hombre por el hombre, en esta película me bañaba desnuda y fue todo un escándalo”.
La charla terminó, el mito erótico se despide ondeando el abanico que le regalaron las internas y que fabricaron con sus propias manos: “Dios nos da a todos una segunda oportunidad en la vida. Yo estuve en coma y él me ayudó y mírenme ahora, estoy aquí con ustedes, en un país que me encanta y que me ha tratado muy bien. Ustedes también tendrán una segunda oportunidad, no la desaprovechen”, dice mientras los internos se ponen de pie para verla partir, para escuchar de nuevo el sonido de sus tacones, los que llevan a esa mujer que llegó con la tormenta y que paralizó con su fuego al centro penitenciario.

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