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Sorprende Presidente de facto de Honduras por rechazo a Zelaya

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  • Agencias
  • 09-Octubre-2009
  • Qué bronca. No habían pasado más que unas cuantas horas desde que la multitudinaria misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) había aterrizado en Honduras para impulsar el diálogo.


    El tiempo justo para llegar al hotel Clarion de Tegucigalpa —tomado por dentro y por fuera por la policía antidisturbios y el Ejército—, saludar a los negociadores designados por el presidente depuesto Manuel Zelaya, y por el que ocupó su lugar tras el golpe Roberto Micheletti, y tomar un ligero tentempié.

    Los representantes de la OEA, que habían llegado al país centroamericano a bordo de cuatro aviones, tenían prisa. La agenda contemplaba visitar en la Casa Presidencial a Micheletti y luego seguir hacia la embajada de Brasil para entrevistarse con Manuel Zelaya. Pero en la primera parada se encontraron con algo que no esperaban. Una bronca. Menuda bronca.

    Micheletti los recibió amablemente, con toda la pompa y el boato que le fue posible, flanqueado por sus ministros más cercanos y alrededor de una mesa de madera oscura y noble. El Presidente surgido del golpe dejó hablar a sus invitados, liderados por el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, y entre los que se encontraban cinco ministros de exteriores de la región —Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México y Guatemala—, además de altos funcionarios de Canadá, Jamaica, Brasil...
    También estaba presente el secretario español de Estado para Iberoamérica, Juan Pablo de Laiglesia.

    Micheletti dejó hablar a Insulza, con quien se había reunido unos días antes de forma secreta en una base militar hondureña. Y fue entonces cuando tomó la palabra Micheletti.

    Más que tomar la palabra, la agarró, la blandió delante de todos y la arrojó con saña. Lo primero que dijo fue: “Ni ustedes saben toda la verdad, ni quieren escuchar toda la verdad”. Así. Como para ir abriendo boca. Luego —subiendo el tono— dijo: “Ustedes tienen que investigar qué pasó en este país antes del 28 de junio (el día que un comandó militar secuestró a Zelaya y lo sacó del país). Porque ustedes nos condenaron sin escucharnos. Hemos hecho esfuerzos incontables por mantener la paz en Honduras.

    “Pero el regreso de Zelaya provocó la comisión de muchos delitos. Y a través de las emisoras que estaban a su favor (y que ahora están clausuradas por una orden de su gobierno) se llamó a la sedición, se señalaron objetivos para que la gente los atacara. Fíjense lo que les digo: en este país no tememos a Estados Unidos, ni a Brasil... A lo único que tememos aquí es a Mel Zelaya. Tenemos pánico de Mel Zelaya. Ese señor que pagaba a los cuidadores y de sus caballos, y hasta sus alimentos, con fondos públicos. Ese señor que retiró de una joyería privada una cantidad de joyas no sabemos para quién..., pero sí sabemos con qué dinero, con el dinero del Estado. Les digo una cosa: aquí se van a celebrar elecciones el próximo 29 de noviembre. Y sólo hay una posibilidad de que no se celebren elecciones ese día: que nos invadan, que nos manden soldados y nos invadan... Así que no sean malos y no nos dejen sin elecciones. Háganme un favor: reflexionen sobre el daño que ustedes le están haciendo a Honduras”.

    Los periodistas nacionales y extranjeros presentes en la Casa Presidencial, y que sólo pudieron seguir el desarrollo de la reunión a través del canal nacional de televisión, se miraban sin dar crédito. Hasta ese momento, todas las conversaciones habían girado sobre los puntos de un acuerdo que se consideraba por primera vez posible.

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