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Un lector, muy enojado,
leyendo eso comentó:
“Descansaron, cómo no,
pero ¿cuándo han trabajado?”.
Un crítico muy formal
dijo: “La Revolución
fue una gran conflagración.
Luego siguió todo igual”.
Eso ya lo había escuchado,
y no habrá quién no lo entienda:
el secretario de Hacienda
está muy globalizado.
“... Sin buenas escuelas, México no podrá
superar sus problemas...”.
A la altura del zapato
seguirá nuestra Nación
si sigue la educación
en manos de un sindicato.
“... Terminó la recesión, dice el Presidente...”.
Yo no la veo acabar, y otros piensan como yo.
Díganos dónde acabó, para irnos a ese lugar.
Tras sufrir tanto atorón
muchos dijeron: “¡Jesús!
¡Antes cortaban la luz,
y ahora la circulación!”.
Muchos son unos gamberros
que hacen cosas prohibidas.
Hoy las únicas mordidas
van a ser las de los perros.
Me pregunto, consternado,
quizá con términos necios,
si, a propósito de precios,
alguna vez han bajado.
No me explico en ningún modo
ese extraño monumento.
A menos —así lo siento—
que la estatua sea de lodo.
Aplicarán la medida,
y funcionará con creces:
ahora serán más corteses
al exigir la mordida.