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Publicado el: 04-Julio-2009
¿Quién ganará mañana? En mi opinión esa no es la pregunta correcta, ya que si gana un partido a los demás o un candidato derrota a los otros candidatos las elecciones producirían una mayoría de perdedores con las nefastas consecuencias tan bien conocidas por los ciudadanos (asalto a la Cámara de Diputados, chantaje y parálisis de las reformas que necesita el país, compensaciones y privilegios económicos en un contexto de mayorías empobrecidas por la educación, la cultura y el desempleo).
Entonces ¿no debe haber ganadores en las elecciones de legisladores o gobernantes? Mi respuesta es NO. Ellos, los que obtengan más votos, no deben ser los ganadores al estilo político tradicional mexicano: los caciques prepotentes que sirven a sus intereses personales y partidistas o personeros que prefieren cuidar de los intereses particulares e inmediatos que los nacionales a largo plazo.
Democracia quiere decir el poder de la sociedad para la sociedad, o sea el poder de imponer la voluntad de la sociedad, no la de los partidos políticos, ni la de los sindicatos, ni mucho menos la de las televisoras y comercializadoras del voto. Por ello si el triunfo es para los partidos, ese voto construye la “partidocracia” que ha sustituido y secuestrado a la democracia.
He recibido una publicación que quiero compartir con usted. Es una demanda conjunta de varias organizaciones (ni políticas ni gubernamentales), cuyo primer paso es desenmascarar y luchar contra este fraude de lobo con piel de oveja —partidocracia revestida de ritos democráticos estériles. Esta demanda exige:
1) La disminución del número de diputados federales de 500 a 300 —imagine usted todos esos salarios, bonos, compensaciones y gastos invertidos en escuelas y hospitales.
2) La disminución de 128 senadores a 32 —los demás se quedan en su carácter de chapulines.
3) La reducción en un 50% del presupuesto de los partidos políticos —los pobres con sus impuestos no tienen por qué mantener a tantos “impuestos ricos de repente”.
4) La desaparición de los “plurinominales” —sean o no sean parientes.
5) El derecho a elegir candidatos independientes que no estén determinados por los partidos políticos sino por la ciudadanía.
6) La creación institucional del “plebiscito” y del “referendum”, dos armas legales en manos de los ciudadanos que les dan poder real para hacer valer su voluntad.
7) Eliminar el “fuero” de gobernantes y legisladores para poder juzgar su desempeño”.
No basta votar para participar en la democracia, es necesario imponer la voluntad de la sociedad. Ella debe ganar no sólo las elecciones, sino las leyes y el presupuesto para el bien de todo México.
Ya basta de legisladores que se asignan sus propios sueldos, debe haber una nueva forma de servir a los intereses ciudadanos.