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Reduciendo la mente

Publicado el: 26-Febrero-2009

Es una costumbre más o menos establecida que si alguien critica al partido A, se concluye que uno es partidario del partido B. Esta patología se padece en México. Hay un mundo más allá del de los partidos políticos y los gobernantes.

Si usted critica en algo a Calderón, se pensará que usted es partidario del PRI o del PRD. Y viceversa. Recuerdo a un lector que me envió ese razonamiento: yo había criticado la propuesta del aumento del cien por  ciento del gasto público hecha por López Obrador, lo que le permitió calificarme de aliado de Calderón.

Claro que ese lector enfrenta un problema insoluble. ¿Qué pasa si Calderón propone también elevar el gasto público? Aquí ya no funciona la disyuntiva entre López Obrador y Calderón. Lo que está operando es otra cosa, la propuesta entre elevar el gasto público o no, lo que es algo muy diferente.

Una cosa es basarse en la persona haga lo que haga y proponga lo que proponga, y otra muy distinta es ser partidario o no de lo que se propone o hace. Hay otro mundo mayor y más allá del pequeño mundo de los gobernantes y sus partidos políticos.

Si alguien apoya la noción de las libertades personales, eso causará el apoyo o rechazo de las propuestas políticas de los gobernantes con independencia de quiénes son ellos.
 Mi rechazo a Obama y a López Obrador no se debe a simpatías personales, sino a que sus ideas son opuestas a las de las libertades que quiero defender.

Prefiero un sistema social en el que las personas tomen con libertad sus decisiones, la mayoría de ellas, y sean responsables de sus consecuencias. Por eso me opuse junto con muchos otros a la propuesta panista de regular las tasas de interés. Que haya sido el PAN el proponente es irrelevante. Por lo mismo, me opuse a las tasas artificialmente bajas de la Fed en EU, durante una administración republicana.

Por esa misma defensa de las libertades humanas, muchos se inclinan por sistemas de economía liberal, como los propuestos por los austriacos y se oponen a rescates empresariales que desperdician recursos, como los 4 mil millones de euros a la industria automotriz en España. Por eso se oponen a Keynes, contra quien nada personal hay.

El tema bien vale una segunda opinión para evitar conclusiones erróneas. Que alguien defienda la libertad de las iglesias para expresar las opiniones que quieran no significa que ese alguien es un católico radical fundamentalista que viola el laicismo. Todo lo que significa es que defiende la libertad de expresión de todos y que criticará a la religión que intente limitar esa libertad.

Si una persona se declarara partidaria de un partido, por ejemplo del PRI, tendrá frente a sí una disyuntiva personal difícil: aprobar todo lo que su partido haga sin cuestionarse lo que contradiga sus ideas propias, o mantener su independencia intelectual. Lo que defiendo es esa independencia más allá de los partidos.

Esta es la razón por la que me inquieta mucho la limitación mental en México, en el terreno político. En el país, como quizá en mucho otros, las ideas y los ideales han sido reducidas a lo que los partidos políticos digan o hagan. La máxima definición política personal es declararse partidario de un partido político o un gobernante.

Es muy común escuchar esa pregunta, al menos en mi experiencia: la gente se pregunta entre sí, ¿eres del PRD, del PAN, o del PRI? Es un drama que esto suceda. Hay un mundo más allá de los partidos y es el de las ideas. Las ideas permiten independencia personal. Quien defiende a la libertad, por ejemplo, está en la maravillosa posición de apoyar o rechazar partidos y gobernantes de acuerdo con sus ideales.

Un buen ejemplo de la patología que reduce miras fue Bush en años recientes. Quienes viven en el pequeño mundo veían como malo todo lo que hizo ese presidente por una razón, lo hizo Bush. Es una posición limitada que impide analizar, estudiar. Igual que decir que todo lo que hace López Obrador es bueno, o Calderón.

Es una pena mayor el tener un horizonte político en el ciudadano que no ve más allá de Calderón, Peña Nieto, Beltrones, Madero, el PRI, el PAN y el resto de los partidos. Hay mucho más allá de ellos, mucho más. Limitarse a esos personajes y otros similares es un acto de miopía política, que desafortunadamente, es común.
eduardo@contrapeso.info

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Una Segunda Opinión

Por: Eduardo García Gaspar
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