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Publicado el: 27-Septiembre-2009
Si usted, amable lector, se da una vuelta por la esquina de Juárez y Matamoros, sobre esta última calle podrá apreciar un famoso puesto de tortas, las más tradicionales y conocidas en Saltillo. El puesto luce la figura de un famoso personaje de caricaturas de los años 70, el ilustre marino devorador de espinacas, Popeye, acompañado de su eterna novia, Olivia, y del pequeño Cocoliso.
Ahí encontrará el comensal la siempre amable sonrisa y el trato cordial de don Chuy y doña Coco, los dueños del puesto, de su hijo Víctor, “el chef”, y su nieto José.
Tortas Popeye es el nombre del negocio de don Jesús Guerrero Ortiz, a quien el Gobierno de Coahuila acaba de rendir un homenaje con la publicación de su vida y su obra en uno de los libros de la colección Nuestra Gente. Comerciante ambulante, don Chuy inició su oficio al lado de su padre, en San Pedro de las Colonias, desde los ocho años de edad, y con él aprendió el arte de la mercadería y se convirtió en un magnífico tortero, oficio que venía desde su abuelo paterno.
De niño aprendió también a dominar a la perfección el arte de la dulcería. El entusiasmo con el que don Chuy describe su confección, pone inusitados brillos en sus ojos al recordar cómo de las manos mágicas de su padre salían exquisitos dulces tradicionales mexicanos, de calabaza, de camote, de coco, de leche, charamuscas, garapiñados…, todos elaborados en forma artesanal y rudimentaria. Las recetas, transmitidas de padre al hijo en una tradición familiar ancestral, revelan que las técnicas dulceras como las de su padre, hacen honor al popular refrán que dice “de la vista nace el amor”, al mismo tiempo que el hijo se descubre heredero de ese gusto tan mexicano por elaborar productos coloridos, vistosos y apetecibles.
Con 37 años ya en el negocio de las tortas y casi 50 de vivir en Saltillo, el negocio de don Jesús Guerrero Ortiz no le envidia nada a las famosas Tortas del Espíritu Santo, de la Ciudad de México, que describe con gran entusiasmo el escritor saltillense don Artemio de Valle-Arizpe, y que saciaban el hambre infinita, de estudiante pobre, del fino gourmet de la comida mexicana que ya despuntaba en don Artemio: “Era un placer grande el comer estas tortas magníficas, pero el gusto comenzaba desde ver a Armando prepararlas”. La misma velocidad y precisión increíbles que imprimía aquel Armando Martínez, ahora considerado el precursor de las torterías en México, a la preparación de sus tortas, pueden apreciarse en las saltillenses Tortas Popeye que elaboran don Chuy y su hijo Víctor.
Pero don Chuy, como cariñosamente le conocen los que le quieren, no es sólo un tortero que cuenta ya casi 70 años en el ejercicio del comercio honrado y laborioso.
Es un ciudadano íntegro, un ejemplo de incansable tesón, un líder sindical que en sus tiempos de lucha por encontrar mejores condiciones para los ambulantes y en defensa del oficio, fundó la Unión de Comerciantes Ambulantes “Nazario Ortiz Garza”; un deportista nato que en su época de luchador llevó el nombre de “El Escorpión Negro”, y ahora es gran promotor de la lucha libre como deporte. Es, en fin, y antes que todo, un patriarca devoto, que con su esposa, doña Coco, inició una familia de 17 hijos, que ya les han dado 50 nietos y 25 bisnietos.
Fundador de la Churrería Saltillo y de Tortas Popeye, la historia personal de don Jesús Guerrero Ortiz, alias “Campeón”, alias “El Escorpión Negro”, alias “Popeye”…, nos dice que el apelativo de “Don Chuy” es más que un sobrenombre un nombre propio, un “Don” ganado con el esfuerzo de una vida plena de respeto y amor al prójimo.
edsota@yahoo.com.mx