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Publicado el: 23-Abril-2009
¿Tiene sentido gastar 900 millones de pesos en un Distribuidor Vial? ¿Es correcto sumar esta inversión a los aproximadamente mil 1700 mdp que el Gobierno Estatal ha gastado o proyecta gastar en 34 puentes vehiculares en Saltillo? Desde hace varios días, un grupo de activos cibernautas discuten estas preguntas. Participan en la sección de Coahuila de Skyscrapper City, un foro en línea para opinar sobre proyectos de desarrollo urbano en México. Vaya que el debate está interesante.
Los intercambios en este foro me recordaron a la muchacha que nos cuestiona si su novio es un buen partido. Si el tipo en cuestión es muy guapo, tiene buenos valores y estupenda familia, encontraremos razones para recomendar el enlace. Igual si sabemos que el tipo es un patán, que no tiene ni busca empleo y que ha dejado hijos regados por todo el estado, nos sentiremos obligados a promover un rompimiento. Es probable que en ambos casos demos la opinión equivocada. Para ayudar a la muchacha no basta evaluar a su novio, sino que debemos compararlo con el resto de sus pretendientes.
Para evaluar rigurosamente una decisión —de noviazgo o de infraestructura— es preciso considerar las alternativas. Cuando alguien pregunta si es apropiado gastar alrededor de 2 mil 600 millones de pesos en infraestructura vial —900 millones de pesos en el distribuidor “más imponente del norte de México” y mil 700 millones en 34 puentes de aproximadamente 40 millones de pesos cada uno—, haríamos bien en contestar: ¿comparado con qué?
Si la alternativa es perder el dinero y no invertir en la ciudad, no hay ni qué discutir. Los principales empleadores de la región enfrentan la peor crisis de su historia y no hay dinero circulando. En esta época plagada de nubarrones la inversión pública es el único instrumento de política económica al alcance de las autoridades locales. Independientemente de consideraciones de diseño urbano, las obras de este tipo sostienen algo de actividad económica, y nos consolidan como una urbe competitiva para el futuro.
Sin embargo, los puentes y los distribuidores viales son sólo una de muchas opciones de inversión. Hay otros proyectos de infraestructura, en rubros tradicionalmente olvidados, que podrían generar resultados similares en términos de empleo y competitividad, además de mejorar sustancialmente la calidad de vida en Saltillo. Permítame dar un ejemplo: el transporte público.
La Línea Uno del Metrobús que corre sobre la Avenida Insurgentes en el D.F. inició operaciones en 2005 con 34 estaciones de plataforma, carril segregado con pavimento hidráulico, dos terminales, sistema de control centralizado, cobro electrónico y 84 autobuses articulados. El costo de este proyecto —incluyendo infraestructura y equipamiento— ascendió a 39.2 millones de pesos por kilómetro (2.8 millones de dólares, asumiendo un tipo de cambio de 14 pesos por dólar).
¿Qué le parecería si en lugar de gastar 900 millones de pesos en el Distribuidor Vial El Indio, el Gobierno utiliza los mismos recursos para construir y equipar un corredor tipo metrobús —igual al del DF— de 23 kilómetros de largo? ¿O qué tal si en lugar de 34 puentes nos conformamos con 20, dejando aproximadamente 560 millones de pesos disponibles para una segunda línea de 14.3 kilómetros de metrobús?
Las comparaciones basadas en cálculos de servilleta siempre son imperfectas. Sin embargo, el costo estimado por puente es conservador, y el costo por kilómetro de Metrobús no es atípico para proyectos de transporte masivo con características similares. De hecho, el RIT de Curitiba y el Interligado de Sao Paulo en Brasil, la Ecovía de Quito y la Metrovía de Guayaquil en Ecuador, el TransJakarta en Indonesia, el Megabús en Pereira, Colombia y hasta el Optibús de León, Guanajuato tuvieron costos menores o muy similares. Para quien esté interesado en conocer las cifras, he colocado más información en mi blog (www.ciudadposible.com).
Podríamos hacer muchas cosas con 900 mdp. De hecho, el tipo de infraestructura que construyamos determinará en gran medida el tipo de ciudad en el que viviremos. Si la alternativa es entre ahorrarnos un par de semáforos o transformar el sistema de transporte público de la ciudad, entre profundizar la dependencia en el automóvil u ofrecer una alternativa de calidad, entre un incremento marginal a la competitividad y un gran avance en materia de equidad, tengo mi respuesta.
¿Tiene sentido gastar tanto en un distribuidor vial? No.
www.ciudadposible.com, onesimo@mit.edu