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- Editorial
Los niños y los libros
Publicado el: 04-Septiembre-2008
La noche de este lunes pasado se abrió al público en Monterrey un negocio singular del cual dice una nota periodística: “A cualquier adulto que entre en un espacio como éste le darán ganas de estar en proceso de aprender a leer y conocer la vida a través de los bellos dibujos y diseños de los lbros”.
Se trata de “O-14 Niños”, una librería especializada para el público infantil que, según su dueño, el conocido editor Alfonso Castillo, es la primera en México y en toda Latinoamérica.
Está ubicada en el piso superior, en uno de los extremos de la Plaza Fiesta San Agustín, e invita a los pequeños a tocar y a jugar con los más de 7 mil volúmenes existentes.
“Más que ser un espacio para libros, éste es un espacio como debería haber muchos otros, un espacio para la felicidad, para el aprendizaje, para los viajes infinitos, para la risa, esa de la cual, entre tanta violencia, nos estamos olvidando”, dijo el señor Castillo, yucateco avecindado en Monterrey desde hace varias décadas.
“Vive y vivirá aquí desde ahora una nueva ocasión para que los pequeños crezcan en las letras, y los grandes, esos que nos hemos olvidado de soñar por haber crecido de más, volvamos a recordar a ese pirata, a ese astronauta, a ese valiente aventurero o a ese cazador de monstruos que fuimos”, señaló el editor.
En la inauguración estuvieron personas importantes, encabezadas por el Gobernador de Nuevo León, José Natividad González Parás; el Secretario de Educación de ese Estado, Reyes Tamez, y otros ilustres funcionarios, junto a los amigos, los hijos y los nietos del editor.
El Gobierno aprovechó la visita para reconocer públicamente la labor de Castillo, conocido por la cadena de librerías que lleva su nombre, y por haber sido proveedor de libros de texto.
La librería ofrece títulos en cuatro idiomas: novelas, cuentos, libros de historia, algunos de ellos comestibles y resistentes al agua, y hasta recetarios de cocina, todo para niños de cero a 14 años de edad.
Se afirma que es casi imposible hacer un lector a partir de una persona que ha llegado a su mayoría de edad sin contraer el hábito de la lectura. No es difícil. Sólo se requiere leer todos los días durante 20 minutos o media hora, a cualquier hora y cualquiera que sea el material de lectura, aunque, claro, lo mejor es que se trate de libros, de buenos libros. Otro paréntesis para aclarar que un libro no es bueno por el material de que está hecho, ni por la calidad de la impresión, ni por la firma el autor. Un libro es bueno, o malo, o estupendo, o pésimo, de acuerdo con la calidad de su contenido. Punto.
En esta área, como en otras relacionadas con la cultura, Saltillo es una ciudad pobre, muy pobre. Si ha tenido algunas autoridades interesadas en ese aspecto del desarrollo personal de los saltillenses, algo ha impedido que ese interés se convierta en acciones. Esa carencia podría subsanarse con sólo que se diera en los espacios culturales de la ciudad una demanda persistente y multitudinaria por nuevas bibliotecas públicas o, por lo menos, por una renovación y ampliación de los materiales actualmente al servicio de la gente. Como otros temas relacionados con la cultura, las escuelas tendrían que formar parte de los grupos demandantes, y para eso sería necesaria una sola condición: que los maestros, principiando por los de los últimos grados de primaria y concluyendo por los universitarios, se constituyeran en abanderados de la demanda. Claro, para eso, ellos mismos tendrían que resentir la ausencia de buen material de lectura en las pobres bibliotecas existentes. Los profesores de todas las materias relacionadas con la lengua son los únicos que pueden fomentar esa necesidad en sus alumnos. Sólo ellos pueden hacer de los habitantes de sus comunidades lectores demandantes. De ellos depende cambiarles la vida a las nuevas generaciones.

WIKIO

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