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Publicado el: 20-Septiembre-2009
Óscar Mohamar Dainitín, mejor conocido como “El Muñeco”, es de los personajes que en el apodo llevan la definición de su personalidad. De corte altivo y al parecer narcisista, es un hecho que en sus haberes no existan los conflictos éticos o conceptuales, ya que así lo ha demostrado en su carrera política, como delegado de la Profeco, luego diputado federal y ahora candidato del PAN a la alcaldía de Saltillo, campaña donde el manejo de algunos conceptos, lo ha hecho confundir frecuentemente la decoración con el decoro.
Y es que tal confusión, en términos políticos, significa aprovechar las ambigüedades en el sentido de las leyes o en la naturaleza de las cosas para sacar provecho de las mismas, a sabiendas de que el beneficio ganado carece de respaldo ético y moral.
Porque los saltillenses no olvidan lo del calendario de Mohamar en la Profeco, asunto cuya banalidad sería intrascendente, si no fuera porque ese desperdicio de recursos, provenientes de la bonanza petrolera, es el ejemplo fehaciente de cómo, en el sexenio de Vicente Fox, se derrocharon los recursos públicos en gasto demasiado corriente, superfluo y estéril.
Y no se trata de señalar los chismes o realidades que sobre el candidato del PAN existen, sino hacer una reflexión sobre un aspecto que denigra su propuesta política; nos referimos al tema de las mujeres, específicamente a las que Mohamar, en su labor de convencimiento electoral, define como las “reinas del hogar”, lo cual de entrada suena falso, chocante, como a cliché desgastado, figura decorativa de ocasión.
Porque es un hecho que Óscar Mohamar, no se está refiriendo como “reinas” a doña Jacinta Francisco Marcial, la mujer a la que el PAN, convertido en gobierno, encarceló injustamente por más de tres años, junto a otras dos indígenas, las que siguen en la cárcel por el hecho subyacente de ser pobres e ignorantes.
Asimismo, para el candidato Mohamar, tampoco fueron “reinas” las muertas de Juárez, las mismas “que violaron y mataron por prostitutas”, como dijera el entonces procurador panista de Chihuahua, Arturo Chávez Chávez, el prospecto que ha presentado Calderón para dirigir la PGR.
De igual forma para Óscar, nunca fueron “reinas” las locutoras de “La Voz que rompe el silencio”, Teresa Bautista y Felícitas Martínez, asesinadas el año pasado en Oaxaca, mismas que por su trabajo en Radio Copala, recibieron, post mortem, el Premio Nacional de Periodismo, pese a que el legendario panista lagunero, Juan de Dios Castro, subprocurador de la PGR, había reclamado que las indígenas triquis “no eran periodistas”.
Y así podemos mencionar otros muchos casos de discriminación y abuso contra mujeres de carne y hueso –no las “reinas”- de parte de autoridades emanadas del PAN, el partido de Mohamar, de quien no hemos escuchado que alguna vez se haya indignado al respecto.
Tampoco creemos que lo haga contra el enemigo que le ha diseñado algunos spots de su campaña. Y de veras que Óscar Mohamar va a cometer un verdadero delito político si no saca del aire ese promocional machista y estrambótico, mismo que ha sido titulado como “La confesión”, un bodrio infamante y disolvente, sacado de los meandros más tortuosos de la mente humana; ¿o de la mente de Óscar?
“Comadre, ¿te confieso un secreto?... Tengo otro hombre”, le dice en el citado spot una mujer a otra, misma que pregunta azorada: “¿Y el compadre?” y la casada infiel responde: “Pues mi otro hombre hasta lo va a ayudar con un seguro por desempleo”. “No me digas”... “Se llama Óscar, pero no vayas a decir” y concluye la vecina de manera tajante “Ay, comadre, si no eres la única, ese Óscar a mí me ayuda con becas para los niños”.
Ahora nos damos cuenta del motivo por el cual Felipe Calderón nos falló con el empleo; claro, fue una trampa maligna para que las “reinas del hogar” cayeran en los brazos del “Muñeco”.