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La teoría del Cisne negro

Eduardo García Gaspar
 
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  • 20 mayo 2008
  • La vida está llena de cisnes negros, eventos imposibles de prever; hay cisnes negros buenos, como descubrimientos de medicinas y nuevas tecnologías.

    Poco duda existe al respecto: los mercados libres producen mejores resultados para todos que los mercados intervenidos por los gobiernos. El argumento teórico para probarlo ha estado basado en la libertad y los incentivos de beneficio que esos mercados crean. La prueba real ha sido la comparación de bienestar entre países liberales y socialistas.

    Un libro reciente, titulado El Cisne Negro, sin embargo, arroja dudas al respecto. Su autor, N. N. Taleb sostiene que tanto los seguidores de Marx como los de A. Smith están equivocados. Los partidarios de Marx erraron de principio a fin: los mercados libres si dan mejores resultados que los reglamentados por los gobiernos. Y los seguidores de Smith erraron por otra razón.

    Ellos creyeron que eran los incentivos personales los que producían esos grandes resultados, pero según Taleb, los producen por otra razón: dentro de los mercados libres se dan más intentos que dentro de los mercados intervenidos, es decir, las personas se vuelven más creativas y aventuradas. Y, con más ensayos y errores, se tienen más adelantos que producen progreso… incluyendo invenciones imposibles de prever, mucho menos de planear centralmente.

    Creo que Taleb exagera el punto y olvida que si las personas se vuelven más creativas en un sistema liberal y por ello desarrollan más invenciones, todo eso es posible porque tienen los incentivos para realizar iniciativas. Pero incluso con ese olvido, el autor tiene un punto a su favor en varios sentidos. El principal de ellos es el de la imposibilidad de predecir el futuro de personas libres.

    El libro, que no creo que hay sido aún traducido al castellano (Taleb, Nassim [2007]. The black Swan: The impact of the highly improbable. New York. Random House. 9781400063512), coloca en la mesa un tema fantástico, a pesar de dedicar demasiado espacio a asuntos irrelevantes: nuestro mundo tiene una buena dosis de sucesos aleatorios, imposibles de prever al menos con las herramientas actuales.

    Esos sucesos aleatorios son los que llama cisnes negros. Siempre se pensó que los cisnes eran blancos. Eso era lo que indicaba la experiencia de todos. Nunca nadie esperó encontrar cisnes negros hasta que ellos fueron descubiertos en otros lugares y sin que se intentará probar nada al respecto. Todo fue una casualidad alcanzada cuando se trabajaba en otras cosas.

    Así se descubrió el aire acondicionado, también la penicilina y el Viagra. Quizá el ejemplo más obvio del descubrimiento accidental fue el viaje de Colón. Mucho de nuestro mundo, por tanto, es imposible de predecir y esto es lo que hace imposible la planeación económica que tantos gobiernos implantan. Más aún, a más intervención gubernamental, menos adelantos porque hay menos intentos de las personas.


    La vida está llena de cisnes negros, eventos imposibles de prever. Hay cisnes negros buenos, como descubrimientos de medicinas y nuevas tecnologías. Pero también hay cisnes negros malos, como los atentados terroristas y las guerras.

    Estos eventos se salen de las mediciones tradicionales que son las enseñadas en universidades y las aplicadas en negocios. Aunque existen herramientas para estudiarlos, ellas suelen ser puestas de lado y eso es lamentable.

    El tema bien vale una segunda opinión. Primero, es un argumento en favor de la libertad humana y, por tanto, en contra de los sistemas intervencionistas. Pero, segundo, nos hace ver que mucho de nuestra realidad es vista de la manera equivocada: en un casino se conocen las probabilidades de ganar y perder, pero el mundo no es un casino con probabilidades conocidas.

    Pensar que algo no va a suceder porque es poco probable es una de las mayores fallas que podemos cometer. Esa es la mentalidad que predijo que en el mundo sólo habría unas diez muy grandes computadoras porque no se necesitaban más. Si pudiera predecirse cuándo llegará el ladrón, o cuando se tendrá un incendio, o cuándo sucederá una guerra, nuestro mundo sería muy diferente. Los resultados de la libertad no pueden planearse desde una oficina central en la capital de un país por parte de burócratas que piensan en modelos económicos.

    garcia@contrapeso.info

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Por: Eduardo García Gaspar
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