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- Editorial
La Diosa Intocable
Publicado el: 08-Mayo-2008
Levanté la mano y pregunté, ¿Qué porcentaje de la gasolina que vende PEMEX es importada? La respuesta me dejó helado: “43% al último reporte, y es inevitable que lleguemos al 50% en este sexenio”.
Mi interlocutor no era cualquiera. Se trataba de Jesús Reyes Heroles, director de la paraestatal, quien aprovechó una visita a Boston para reunirse con estudiantes mexicanos.
Desde 1979 no hemos construido ninguna refinería en México. Tenemos seis -viejas y con graves rezagos en mantenimiento- para cubrir todo el territorio nacional.
Quizás estas bastaban para satisfacer las necesidades de un país con pocos automóviles y una industria incipiente, pero no para cubrir las demandas del México moderno.
Tan sólo en Saltillo, de 1996 a 2007, el número de gasolineras se triplicó y las ventas de gasolina crecieron casi en 1000%.
¿Y por qué PEMEX no construye más refinerías? Después de todo, suena poco razonable ser exportadores de crudo e importadores de gasolina. La respuesta es sencilla: No hemos podido siquiera modernizar las instalaciones que tenemos operando.
Uno de los motivos es la falta de recursos disponibles. 40% de los ingresos de PEMEX van directo a Hacienda vía impuestos y regalías, y lo que queda para invertir es distribuido en otras no tan insignificantes prioridades –como sacar el petróleo de las profundidades del Golfo de México-.
Asumiendo que los niveles de consumo se mantengan estáticos, las reservas probadas de petróleo solo garantizan abasto para nueve años.
La productividad del campo petrolero de Cantarell va en declive, y se requieren inversiones mayúsculas para descubrir y perforar yacimientos que lo suplan.
Actualmente, PEMEX tiene capacidad técnica y financiera para desarrollar dos o tres pozos en aguas profundas al año, pero para evitar convertirnos en importadores de crudo requerimos perforar veinte. Vaya déficit.
En otros lugares del mundo estos problemas se resuelven conjuntando esfuerzos. Petrobrás y Pedevesa, las compañías petroleras de Brasil y Venezuela, recién anunciaron una alianza para construir una refinería en Pernambuco y explorar yacimientos en el Orinoco.
Nadie piensa que asociarse sea perder soberanía. Hasta Hugo Chávez entiende que hacerlo es una oportunidad para adquirir tecnología y liberar recursos para otras prioridades.
Mientras tanto PEMEX juega solo, encadenado por su marco regulatorio. Explora, extrae, transporta, refina, distribuye y vende.
En ninguna de estas actividades está a la vanguardia mundial, convirtiéndose en ejemplo de como el que mucho abarca poco aprieta.
Hace algunas semanas Lula, el presidente brasileño, dijo que los mexicanos tratamos a PEMEX como “una diosa intocable”. No se equivocó. Hemos sido educados para celebrar a PEMEX como un monumento a nuestra autonomía.
El valor de esta empresa en el imaginario colectivo radica en su simple existencia y no en su desempeño. Ineficiente, pero nuestra. Reportando pérdidas, pero nuestra. En declive, pero nuestra.
Dudo que este nacionalismo mal entendido haya sido el objetivo del proyecto de Lázaro Cárdenas. Expropiar la industria en 1938 fue un medio para promover el bienestar nacional, no un fin en si mismo.
Hoy los dogmatismos nacionalistas obstaculizan el crecimiento nacional tanto como entonces lo hicieron intereses extranjeros.
Encuentro pocos argumentos detrás de la retórica de quienes clausuraron el Congreso. Busco en el texto de la iniciativa de reforma indicadores de “privatización” y no los veo por ningún lado.
Sé que hay que ser suspicaces, pero en la iniciativa no hay cambio constitucional, no hay venta de activos y no hay pérdida de control de la política energética. No se privatiza PEMEX, y mucho menos “el petróleo”.
Lo que si hay en el proyecto del Presidente son ideas concretas para enfrentar de manera inteligente los retos de la empresa.
Me parece mucho mas grave importar gasolina que contratar a una compañía privada para que refine nuestro crudo en nuestro territorio bajo nuestras reglas, precios y condiciones. Eso no es privatizar, sino usar el sentido común.
El precio del petróleo ha subido hasta los 100 dólares por barril. Los árabes usan estos recursos para construir nuevas ciudades y reinventar su economía.
Los venezolanos para financiar programas asistenciales y expandir su influencia en la región. ¿Y México? Importando gasolina, rindiendo culto a una diosa cansada de hacer milagros.
Puedes visitar www.ciudadposible.com para acceder a un reporte detallado sobre el sector petrolero en México.
oneflores@gmail.com

WIKIO

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