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Publicado el: 08-Noviembre-2009
Allá a lo lejos de aquella sierra se ve el pueblito donde nació nuestro aguilucho y coahuilense que como héroe se distinguió. En esa guerra que ha terminado con tanta sangre y tanto horror, se ha cubierto el Doscientos Uno con la bandera de mi nación. ¡Qué gloria tienes Doscientos Uno! En la contienda que terminó te has coronado de laureles de la victoria y del honor. Debido a la agresión directa sufrida por sus buques mercantes en el Golfo y a su cercanía y relaciones con los Estados Unidos, México debió involucrarse finalmente en la Segunda Guerra Mundial en 1945. El Presidente de la República, Manuel Ávila Camacho, no había definido si México enviaría fuerzas a los frentes de batalla, sin embargo, estaba plenamente convencido de que la Fuerza Aérea era el arma ideal, ya que con contingentes pequeños puede causar grandes daños al enemigo. Por tal motivo dispuso, a mediados de 1944, la formación del Grupo de Perfeccionamiento Aeronáutico, conocido como GPA, para el que se seleccionó a los mejores pilotos de la Fuerza Aérea Mexicana. Poco después, se envió a Estados Unidos un grupo de 299 personas, que incluía civiles del Departamento de Materiales de Guerra y al mando del cual iba el coahuilense Antonio Cárdenas Rodríguez. Cárdenas comandó la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana que con el Escuadrón 201 operó en el frente de guerra del Pacífico, combatiendo con los países aliados contra los japoneses. Cárdenas era un piloto distinguido, instructor en el Colegio Militar y de gran experiencia en su carrera. Pocos años antes había realizado vuelos de buena voluntad por Latinoamérica en el avión Presidente Carranza, para patentizar a algunos pueblos la admiración de México por los pilotos caídos. Su misión era entregar a los mandatarios de varios países mensajes del presidente Lázaro Cárdenas como símbolo de la solidaridad continental. También había actuado como observador mexicano en el frente de guerra italiano, y en 1943, había participado como observador en misiones de combate sobre Noráfrica, a bordo de aviones del Grupo de Bombardeo 97 del Ejército norteamericano. Su trayectoria, la experiencia adquirida en los frentes de batalla y los vuelos de buena voluntad, aumentaron el ya de por sí elevado prestigio del coronel Cárdenas, al que se sumó el hecho de que en ese tiempo, la población en general admiraba a los pilotos, y los idealizaba como símbolos nacionales de valentía y modernidad. Por eso, la Aérea fue la única fuerza que participó en la Segunda Guerra Mundial. Al triunfo de las fuerzas aliadas, Cárdenas fue testigo del acto de rendición de Japón, invitado por el general Mac Arthur. A su regreso a México, los miembros del Escuadrón 201 fueron recibidos como héroes, y el coronel Antonio Cárdenas presidió en la capital mexicana junto al Presidente de la República, el gran desfile en su honor. Antonio Cárdenas, el comandante del Escuadrón 201, que partió hacia tierras lejanas para defender la libertad como el tesoro más preciado de los mexicanos, era nacido en General Cepeda, Coahuila, y el autor del corrido que encabeza esta columna, dedicado a dicho Escuadrón, el músico Jonás Yeverino Cárdenas, también fue pateño. Un héroe y un músico, que en apego a la verdad, merecen el reconocimiento de los coahuilenses. edsota@yahoo.com.mx