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El México que imagina el PRI

Publicado el: 03-Julio-2009

De cara a la elección del 5 de julio, El Universal me ha pedido una opinión sobre la plataforma electoral del PRI. El editor ha sido claro: quiere un artículo sobre las ideas del partido y no sobre el partido, una discusión sobre las promesas de sus candidatos, y no sobre los candidatos.

Como tal, intento dar una opinión utilizando como insumo único las 132 páginas del documento registrado ante el IFE. Lo anterior no es fácil, pues como todo documento de campaña, la plataforma está diseñada para satisfacer a las mayorías. Enlista prioridades, pero no las ordena según su importancia. Sugiere políticas deseables, pero no pesa una contra la otra ni discute su costo. Supongo que esto tendrán en común las plataformas de todos los partidos. Son como cartas a Santaclós, que aunque no predicen con exactitud los regalos que habrán de aparecer bajo el pino en Navidad, sí dicen mucho sobre quien las escribe.

Hecha la advertencia, regreso a la encomienda de EL UNIVERSAL. Tras hojear la plataforma electoral del PRI puedo decir que estoy gratamente sorprendido. Leo y me entusiasmo ante lo que este partido puede llegar a ser. El PRI de 2009 parece dispuesto a retomar su tradición como partido de centro-izquierda, tirando por la borda su reciente aventura neoliberal. Los Serra Puche del mundo sentirán serpientes en la panza al leer acerca de la “nueva vía mexicana al desarrollo” que hoy abandera el PRI. Regresan todas las palabras exiliadas: política industrial, Estado fuerte, banca de desarrollo, sistema de planeación, participación ciudadana.

El documento parece producto de un buen ejercicio de autocrítica. Para muestra el botón de la página 60: “La adopción del modelo de economía abierta y de un mercado sin regulaciones soslayó el cumplimiento del mandato constitucional de ordenar y conducir el desarrollo con base en un proceso de planeación y consulta en donde todos los actores económicos y sociales tengan una activa y creciente participación”. Ahí lo tienen, el PRI deslindándose no sólo de Fox y de Calderón, sino también de las últimas administraciones priístas.

Si esta es “la nueva actitud”, parece acertada. No es tiempo para repartir culpas y disputar la autoría de las decisiones del pasado. La realidad es que, hoy por hoy, México es un país que necesita un cambio de rumbo. La estrategia de crecimiento a partir de exportaciones ha comenzado a mostrar sus limitaciones. Exportamos talento e importamos empleos de bajo valor agregado. Mientras empresas coreanas fabrican coches en Estados Unidos, en México rezamos porque GM no desaparezca. Mientras Brasil captura el liderazgo en el desarrollo de nuevas y más sustentables fuentes de energía, en México fincamos nuestra esperanza de autosuficiencia energética en encontrar islas que no existen. Empatar con Guatemala en futbol es la menor de nuestras preocupaciones. En el último reporte de competitividad global, México cayó ocho posiciones. Guatemala subió tres.

El mensaje que el PRI quiere transmitir es que votar por ese partido es votar por fortalecer al Estado. En desarrollo urbano, se manifiesta por un marco regulatorio que promueva un crecimiento más sustentable de las ciudades. En política exterior, por recuperar la credibilidad y liderazgo en la región. El PRI promete expandir la cobertura del IMSS y del ISSSTE e impulsar la creación de un sistema con cobertura universal. Tanto en desarrollo tecnológico como en educación y en infraestructura, propone incrementar los niveles de inversión pública y fortalecer a los organismos públicos responsables de su implementación.

El Estado fuerte pero no dominante, regulador pero no intervencionista, eficiente pero no invisible, está presente en todo el documento. Según su plataforma, los diputados electos por el PRI trabajarán para fortalecer un Estado que “evite los excesos del mercado e impida las concentraciones oligopólicas”. Seguramente los Slim y los Azcárraga habrán tomado nota. Quizá hasta se lo habrán tomado en serio.

Si la plataforma electoral fuese el único elemento de juicio, estoy seguro de que la ventaja que hoy otorgan las encuestas al PRI sería mucho mayor. Sin embargo, haríamos bien en leer este tipo de textos con una pizca de escepticismo.

En México los partidos siguen siendo más instrumentales que transformacionales, más vehículos de acceso al poder que plataformas para discutir y conformar un proyecto de nación. Cuando las ideas ceden su lugar a los intereses de las personalidades, la implementación de las “cartas a Santoclós” se vuelve fragmentada y selectiva. Por lo mismo, no es en los documentos registrados ante el IFE sino en el análisis de los intereses que impulsan a los candidatos donde se asoma la verdadera agenda partidista. Y sobre esto hablaré en una próxima entrega.

Ciudad Posible

Por: Onésimo Flores Dewey
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