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Publicado el: 03-Octubre-2009
Hay personas buenas que confían en que los demás también son buenos, hasta que demuestren lo contrario. Otros somos más desconfiados y hacemos que paguen justos por pecadores. Decir que el mal existe puede sonar como una verdad evidente. Sin embargo, esto de la maldad tiene sus sutilezas.
Para algunos no existen verdades absolutas y nada es bueno ni malo, todo depende de la situación y se intentan justificar acciones indebidas diciendo que son para fines dizque justos.
Cuando son los demás los que actúan mal los condenamos y cuando uno es el infractor nos autojustificamos con una serie de pretextos para anestesiar nuestra conciencia.
Cuando algo malo pasa pensamos que sólo a los demás les puede ocurrir. Nos damos cuenta de la realidad al pasarnos algo malo a nosotros o a nuestras familias. Y en esos momentos a veces pensamos: “¿Dios, por qué a mí? Se murió mi jefecita y ahora me voy a alejar de Ti”. Como si Dios estuviera ocupado pensando ¿mmm... ahora qué daño le mandaré a esta persona? Ese es trabajo del chamuco y sus seguidores en todo el planeta.
Dios más bien permite que cada quien haga lo que quiera y pues que asuma las consecuencias aquí o en la otra vida. Es parte de la libertad que Dios nos regaló. Me gusta el concepto de libertad que la define como escoger entre dos bienes, lo que es mejor para nosotros. Nadie, en su sano juicio, actúa para hacerse daño a sí mismo.
Si equivocamos la elección y escogemos lo peor, entonces ya no es libertad, nos dañamos y esclavizamos. Es libertinaje, se excedió el límite de la libertad y tenemos que asumir las consecuencias y hacernos responsables.
Para poner límites a la libertad contamos con la ética, que ha estado de moda en organizaciones, escuelas y empresas, aunque no siempre se aplique adecuadamente. Una ética real debe conducir a actuar bien. Para que un médico haga un buen diagnóstico, para que un juez dicte una buena sentencia y un árbitro pueda decidir, se requiere que conozcan la verdad.
Entonces para poder actuar con ética, es decir bien, se necesita saber la verdad. Tener la seguridad de que se entiende la realidad, lo que es bueno y lo que es malo.
No una duda, suposición, percepción o sentimiento, ni siquiera una creencia. Si no nos interesamos en buscar la verdad no llegaremos a tener criterio.
Dicen los filósofos que el mal es la ausencia del bien y que el mal no existe por sí solo, somos las personas las que actuamos mal o bien. Y un ejemplo de lo real que es actuar mal, es la persona que asesinó a una mujer en la calle de Victoria.
El asesino admitió verse cegado por la ira y con el fin de robar dinero para su familia. Declaró ser presa del remordimiento y estar arrepentido. Se equivocó e hizo un daño tremendo, traicionó a quien le dio empleo.
El hecho es que matar y robar es malo en donde sea, aunque a veces se quieran distorsionar esas verdades universales, con pretextos como “robé para darle a mi familia,” o “es válido abortar en circunstancias especiales”. Busquemos las verdades para actuar bien y ser libres realmente.
jesus50@hotmail.com