|
|
|
|
|
|
Publicado el: 30-Agosto-2009
A pocas semanas de las elecciones municipales, los parrenses estamos obligados a ser cautos, como si estuviéramos parados al borde de un abismo, donde la precaución de todo movimiento debe ser total, para no equivocarnos con la designación de otro alcalde mediocre y abusivo, de lo cual depende que vivamos otros cuatro años de saqueo y atraso general o un cuatrienio de seguridad, progreso y bienestar.
Porque es necesario repetirlo, gran parte de la crisis que se vive en Parras de la Fuente es el resultado de una década de pésimos gobiernos municipales, los cuales han degradado el contrato social que nos rige y cuyos alcaldes, a partir de Gerardo Gutiérrez Arriaga, no supieron estar a la altura del encargo para el que fueron electos, igual que la mayoría de los regidores que desde entonces no han sido otra cosa que un estorbo, un pesado lastre para el municipio.
Son los mismos ediles que hoy exigen respeto institucional, cuando ellos mismos, debido a su voracidad, cinismo e irresponsabilidad, han traicionado la confianza de los parrenses al solapar corruptelas tan aberrantes como ésa, la de permitir que el DIF municipal otorgara permisos de venta de bebidas embriagantes, como instancia promotora del vicio y la degradación social, en franca contraposición de lo que debería de ser, una institución de integración familiar.
Asimismo, a sabiendas que causaban un gran daño a Parras, fueron omisos al permitir que algunos elementos de la Policía Municipal, al mando de Juan García Heredia, se hicieran cómplices de la delincuencia organizada para asaltar, extorsionar y secuestrar, a ciencia y paciencia del alcalde Francisco Martínez Padilla, lo cual trajo un clima de inseguridad, como nunca se había padecido en la Cuna de la Democracia.
¿Hicieron algo los ediles por las muertes sospechosas de detenidos en las celdas municipales? ¿Acaso los ediles de Parras no han sido beneficiarios de concesiones y prebendas indignas de un representante popular? ¿De verdad los regidores merecen el respeto de los parrenses?
Porque a veces parece que actúan contra el bien de Parras. Hoy los ediles le han llamado “sardo” al militar retirado del Ejército que llegó a poner orden en la ciudad, el mismo que ha conseguido algo de paz para la comunidad, por lo que es necesario preguntarnos: ¿quién manipula esta campaña en contra del comandante Bibiano Villa Castillo? ¿No serán los mismos que le abrieron la puerta a la delincuencia? ¿Acaso no estaba fracturada la institucionalidad en Parras desde antes de la llegada del militar?
Y es que para nuestra desgracia, hoy el Cabildo de Parras no tiene rumbo y por ende tampoco el Municipio, mismo que está en manos de individuos que no se identifican con el interés general, tanto así, que el propio Francisco Martínez Padilla, es un presidente de prosopopeya, de utilería, que se escuda en el silencio convenenciero de la indiferencia para no dar la cara, para evadirse, porque de antemano, se sabe un alcalde nulo, inútil y manipulado.
Ripio
Los excesos administrativos del inmenso soviet en que se ha convertido el Gobierno Federal (casi la totalidad de los miembros del Consejo Nacional del PAN son empleados del Gobierno), tienen efectos más nocivos en las acciones burocráticas de los delegados federales.
Lo acaba de demostrar Guillermo Barrios Gutiérrez, delegado de Conagua, al suspender las obras de construcción en un distribuidor vial muy importante para Saltillo. Su actitud nos recuerda el hostigamiento político que José Luis Luege Tamargo, director nacional de Conagua, emprendió contra el Gobierno de la Ciudad de México, con falsas alarmas de una inundación que nunca ocurrió y que luego, por irresponsabilidad de Conagua, sí ocurrió en Tabasco, donde fue una catástrofe. Aquí también han dejado negras historias.