|
|
|
|
|
|
Publicado el: 01-Octubre-2009
Soy un lector desordenado, incluso, mal lector. Desde mis mocedades me ha interesado todo y de ese todo, por lo general me especializo en nada. Cada vez que doy con un buen libro, trato de leer todo lo que aquel autor pudo haber leído para crear a la vez ésa, su obra que me gusta y la cual me está llegando a mi materia gris en dicho momento.
Lo anterior, sobra decirlo, es un cuento de nunca acabar. Decía que soy un lector anárquico, zigzagueante, incluso e insisto, mal lector. Confieso entonces una infidencia de mi existencia como lector: una obra fundamental de la literatura universal, hasta hoy, justo hasta hoy, la estoy terminando de leer completa: “El ingenioso hidalgo, don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes Saavedra. Aunque la había leído en fragmentos, capítulos sueltos y a salto de mata, nunca la había leído de “corridito”, como ahora lo estoy haciendo. Ignorancia que ahora trato de subsanar.
Dicha lectura siempre la había tenido pospuesta. Por diversos motivos y debido al periodismo que impone ritmos mortales a la escritura de los que nos dedicamos a esto, la lectura de Don Quijote se dilataba una y otra vez. El libro, acusador, me retaba siempre desde un librero atestado de lecturas pendientes que tengo enfrente de mi escritorio. Y cosa curiosa y vuelvo al inicio de la tesis de esta apretada columna: debido a que leí casi completa la obra del italiano Leonardo Sciascia, éste tiene como leit motiv de buena parte de su obra de creación en teatro y narrativa, la obra de Cervantes y Luigi Pirandello.
De aquí entonces que las citas de Cervantes por parte de Sciascia, me hicieron tomar los dos voluminosos libros que tengo del Quijote y ahora sí y sin pretexto ni dilación, leer la aventura completa: un deslumbramiento.
Y claro, aquella famosa frase de que todo está en Cervantes y el Quijote sabiéndolo leer, se cumple con creces al pie de la letra. A reserva de escribir un apunte con varias aristas próximamente (y claro, a reserva de repetir de este libro lo ya descubierto hasta el hartazgo), hoy sólo voy a citar un pequeño fragmento (el empleado por Sciascia), sólo algunas líneas, pero con un poder devastador en materia de poder, gobierno y política.
Sciascia cita un deslumbrante fragmento de Cervantes en su obra de teatro, teatro que a la vez es portentoso. La obra se llama “El Honorable”, escrita en 1964, justo un año antes del nacimiento de este columnista. La obra consta de tres tiempos y es una profecía sobre la corrupción política y la degradación moral que sufre un ser humano al caer en las fauces del gobierno.
Esquina-bajan
Luego de penas, luchas y avatares, don Quijote regala una isla a su fiel escudero, don Sancho Panza. El mozo de armas, al abandonar dicha isla, renuncia asimismo al poder que tenía sobre ella y sus súbditos y le espeta al caballero universal: “Si salgo desnudo de la isla, es obvio que he gobernado como un ángel”. ¡Uf! Qué lección de transparencia y buen gobierno.
Sciascia retoma el delicado fragmento y lo convierte en una obra de teatro de proporciones telúricas, donde se ve la degradación de un profesor al cual se le ofrece un cargo de “Honorable” (en Italia, Honorable designa a los diputados) y se ve su paulatino cambio que termina en corrupción y la disgregación de la familia feliz que era, antes de su entrada a la política.
La lógica es implacable: para saber que el político, el Honorable no se sirvió con la cuchara grande del dinero o de los negocios al amparo del poder, es necesario salir de dicho puesto o de una isla, “desnudo como un ángel”, según cita de Cervantes. ¿Al término de sus gestiones, políticos como Carlos Orta, Francisco Tobías, Jericó Masso o Ariel Moreira, saldrán desnudos como el ángel caído de Cervantes?
Letras minúsculas
¿Es posible gobernar en estos tiempos plagados de dinero y negocios fáciles, como un ángel? Los “Honorables” tienen la palabra.