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Publicado el: 10-Octubre-2009
La sangre escurría por el pretil de una azotea en pleno centro histórico de la ciudad. Afanoso, un policía trataba de atender a la víctima. En la calle de Xicoténcatl y a unos pasos de la emblemática calle Victoria, una multitud de curiosos, cabeza al cielo, contemplan la escena; lo poco que se veía de dicha y dramática escena.
Quien esto escribe pasaba por dicho lugar a las 11:59 del día 30 de septiembre y sólo acerté a llamar a mi editor, el periodista Ricardo Mendoza, para que, con la premura del incidente, mandara a algún compañero de VANGUARDIA para documentar el caso que en ese momento, este columnista no sabía de los hechos que ahora tienen a Saltillo conmovido y con la rabia y coraje contenidos.
Al día siguiente las fotografías del maestro Miguel Sierra y el espléndido texto de Joel Barrera, dieron cuenta del horror: un migrante hondureño llamado Reyes Gustavo Ardón Alfaro, armado con dos filosos cuchillos, apuñaló a la joven saltillense Perla Judith Quintero en más de 20 ocasiones e hirió casi de muerte a la empleada doméstica Leslie Flores, mujer a la cual estaba atendiendo el policía que este columnista vio en la azotea el día de los infaustos hechos.
No bien se había documentado en estos días una presunta violación a los derechos humanos sobre un migrante a manos de la Policía Municipal; ahora, otro migrante —de corazón ya podrido, torvo y bestial; aunque se alegue que estaba trastornado de sus facultades mentales en ese momento—, el cual había recibido atención, alimento, abrigo y trabajo por parte de la joven saltillense, es protagonista de hechos sangrientos que no deben quedar sin castigo por el dramatismo de los mismos y por los negros antecedentes que esto trae consigo.
Varias aristas del caso: según información publicada por VANGUARDIA, el hondureño asesino ya había estado en las celdas de la Policía Municipal por daños causados en una propiedad ajena. Su situación, naturalmente, era la de cualquier migrante en México: es ilegal en el país, sin pasaporte o cédula que lo autorice a estar en tierras nacionales. ¿Por qué si había estado detenido, el Instituto Nacional de Migración no intervino en este caso para deportarlo a su país de origen? Una vez más vemos que las instancias federales nomás no sirven para nada. Grave, muy grave cuando en el INM nadie está trabajando y haciendo su parte.
Esquina-bajan
El crimen fue brutal, con un sadismo pocas veces visto por estas tierras. En un estudio, el criminólogo Rafael Ruiz Harrell ha descubierto que los asesinatos y violencia más extrema —hasta antes de que hicieran su aparición los miembros de los cárteles del crimen organizado— se da en estados como Oaxaca, Guerrero y Chiapas. Estos crímenes donde se triplica la media nacional, se dan en zonas rurales o semirrurales donde se hacen presentes el atraso social, el alcohol, fanatismo religioso, venganzas familiares, etcétera.
Un punto más: el criminólogo ha descubierto también que en estos estados y municipios donde ocurren estos crímenes violentos y sádicos, las casas no tienen piso, hay sólo tierra suelta y la pobreza y abandono social son el pan cotidiano. Y con todo respeto a la nación centroamericana que hoy pasa por días de tormenta, Honduras está más cercana a la vida silvestre y violenta en Oaxaca y Guerrero, que a la existencia “civilizada” que se puede lograr en Brasil o Monterrey.
El hondureño cegó la vida de una joven saltillense que vino de USA a encontrar su muerte. El tipo la coció a puñaladas, con un salvajismo caníbal del cual no se tenía registro en la entidad en años recientes. Estos son también los costos y riesgos de la modernidad que a todos llega y de la cual ya no podemos escapar.
Letras minúsculas
Con otras costumbres y con otros odios y miedos, el hondureño le arrebató la vida a Perla Judith Quintero. Descanse en paz y ya sin dolor, la joven.