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Publicado el: 30-Septiembre-2008
El estudio anual “Doing business 2009” del Banco Mundial dado a conocer recientemente muestra un retroceso de nuestro país en cuanto al ambiente para hacer negocios. Pasamos del lugar 44 al 56 en el ranking general, destacando que en materia fiscal, donde se mide la facilidad para cumplir con las obligaciones fiscales, quedamos en el lugar 49 dentro de un conjunto de 181 economías, estimándose que las empresas dedican más de 500 horas al año para llenar los formularios relacionados con el pago de impuestos, cuando en otros países se destina menos tiempo; en Estados Unidos 187 horas. El segundo informe presidencial estimó en 552 horas el tiempo requerido para cumplir obligaciones fiscales y compara este dato con Singapur, 49 horas; Corea, 290 horas; Hong Kong, 80 horas y Canadá 119 horas.
En “Doing business 2009” también se observa que en facilidad para abrir empresas pasamos del lugar 79 al 115, en cuanto a licencias y permisos de construcción pasamos del lugar 29 al 33, en registro de propiedades pasamos del lugar 75 al 88 y para obtener crédito del lugar 51 al 59. Los informes del Instituto Mexicano para la Competitividad coinciden con las tendencias que señala el Banco Mundial, mostrando que el deterioro del ambiente para hacer negocios en México cada año es mayor al de años anteriores y la principal causa para este deterioro es el crecimiento de la tramitología, muy particularmente la relacionada con la actividad tributaria.
El que las empresas puedan ser más competitivas está íntimamente relacionado con un ambiente de negocios que facilite sus operaciones permitiéndoles reducir sus costos y sus tiempos de realización. La excesiva tramitología daña la competitividad más allá de lo que alcanzamos a percibir, pero también refleja una ineficacia en la función de gobernar. De cualquier gobierno esperamos, primero seguridad, y luego prosperidad.
La tramitología excesiva dificulta la inserción de nuestra economía en el mundo global restando oportunidades, dificulta la inversión y la creación de empleos.
Debido a la lentitud y la complejidad para hacer negocios que provoca la tramitología nuestra economía avanza con el freno puesto, lo que nos lleva a las mínimas tasas de crecimiento que hemos tenido en los últimos años y que esperamos obtener en el momento actual. En 2008 esperamos un crecimiento del 2 al 2.5 por ciento del PIB, en tanto el resto de Latinoamérica espera andar alrededor de 4 por ciento. A pesar de los tropiezos de la economía norteamericana podríamos crecer a tasas muy superiores al 5 por ciento anual. Pero la tramitología nos mantiene atados, prácticamente inmovilizados.
El Gobierno Federal presentó un Programa Especial de Mejora de la Gestión 2008-2012, pretendiendo que los 4 mil 200 trámites que tienen registrados se reduzcan a menos de 3 mil. Se estable un premio para el ciudadano que denuncie el “peor” trámite y se pretende que el Gobierno se convierta en un aliado de los negocios, dejando de ser un estorbo. Como intención parece que está bien, pero como respuesta al reto de eliminar la tramitología podría no pasar de ser una mera ocurrencia de limitados alcances.
Desde Salinas de Gortari, pasando por Ernesto Zedillo y Vicente Fox, se ha planteado la necesidad de reducir la tramitología que asfixia a las empresas, particularmente a las pequeñas y medianas, que son la mayoría y las más vulnerables. Sin embargo, desde Ernesto Zedillo hemos visto cómo el número de trámites aumenta año con año alcanzando niveles increíbles de complejidad. En los últimos 15 años sólo ha habido retrocesos en cuanto a tramitología. Sucede que la burocracia que establece los trámites siempre cree tener una buena justificación, por lo que en forma natural defiende todos y cada uno de ellos. Por esta razón los trámites son cada vez más numerosos y resulta difícil eliminarlos.
La razón última de un sistema tan complejo es la desconfianza de la autoridad en el ciudadano, por lo que la abundante tramitología no puede desaparecer si no se va a la raíz del problema. El mejor ejemplo lo tenemos en la regulación fiscal, cada vez más compleja y sujeta a constantes cambios. El IETU, que viene siendo la última innovación tributaria, ha venido a complicar más las cosas sin mejorar los esquemas tributarios.
La última desregulación importante, quizás la única que hemos tenido, es la ocurrida cuando el gobierno de Salinas de Gortari desreguló en forma radical lo relativo al registro y autorización de inversiones extranjeras. Junto con las modificaciones a la Ley de Patentes y Marcas se abrió la puerta a la inversión extranjera y a las franquicias que proliferaron a partir de esa época. Estos cambios fueron el preámbulo del Tratado de Libre Comercio haciendo posible un dinamismo cuyos efectos aún podemos apreciar.
La tramitología constituye un obstáculo muy fuerte para la actividad económica, difícilmente se podrá reducir con ocurrencias como la del “peor” trámite, por lo que es imprescindible revisar el papel del ciudadano en la sociedad y en el Gobierno.
aluti@prodigy.net.mx