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- Editorial
Competir
Publicado el: 22-Agosto-2008
“En las olimpiadas, los atletas compiten por el mejor tiempo o el mejor marcador que les signifique más medallas al cuello. En la vida diaria, la competencia es por mucho más que eso”.
La escuela, el trabajo, la apariencia, el salario, son situaciones que se han convertido en preseas por las que luchan todos los días los atletas, pero ¿hasta dónde es positivo competir y buscar siempre el triunfo?
“El hombre se ha hecho hombre a través de la competencia, gana cosas a través de ella, o se compara con otros; pero dentro de esa situación está la actitud, y no todas las competencias o formas de competir son iguales”, explica el sicólogo y director del Centro de Desarrollo Educativo de una universidad vecina.
“No vamos a poder evitar competir, pero sí podemos tener una actitud saludable ante la competencia: conocer las limitaciones y disfrutarla”.
Competir es una forma de adaptarse, dice una maestra asociada del Departamento de Psicología de la UDEM.
Existen dos tipos de competencia: la positiva, para adaptarse a un contexto social, educativo, religioso o familiar, tener un lugar, recibir retroalimentación, y reafirmar los recursos con los que cada uno cuenta. Y el tipo negativo, donde no importan los recursos, sino el fin, que es obtener las cosas sin considerar los medios”, explica.
Una investigación de la Universidad de Nueva York reveló que la tercera parte de los jóvenes actuaría fuera de la ética para hacer más dinero u obtener una ventaja, si nadie pudiera enterarse, sólo por la competencia con sus iguales o la necesidad de aprobación.
En el mundo deportivo, se ha sabido de atletas que no pueden con la presión de ganar, y abren la puerta al dopaje.
“Hay quienes se juegan toda su integridad, la definición de quiénes son, su vida o su estatus. Pero si es así, tarde o temprano terminarás por tener estrés, baja autoestima, rencor e insatisfacción”, afirma.
La constante contienda a la que se sujetan los atletas voluntariamente podría dirigirlos a una exhaustiva autoexigencia e incluso a desarrollar dolores de cabeza y presentar síntomas de estrés.
“Hay gente que se impone metas muy altas al competir, y a veces enferman de colitis, gastritis, laberintitis, o se les cae el pelo o les salen manchas en diversas partes del cuerpo”, señala un experto.
Los antiguos peleadores buscaban contender contra alguien mejor que ellos, porque así, aun si perdían, aprendían nuevas técnicas. “Hay gente que dice: ‘Yo no puedo permitirme educar a la gente si no es con una mentalidad de ganador’, pero no puede ser todo con esa mentalidad, no puedes reducirte sólo a ganar, porque terminas por perjudicarte”, añade.
El mejor aliciente para alguien que no ganó es saber que puede triunfar en otras áreas de la vida, y que ganar es sólo una opción, pues también se gana en la búsqueda.
“El que se burla y dice: ‘Eso es consuelo de perdedores’, no sabe que aceptar que pierdes es valorar la competencia, y si hay algo importante en la contienda, es que nunca se pierde el respeto por el otro.
“Lo mejor que puede pasar es tener siempre una actitud de lucha, así es como los guerreros eran valorados: ganes o pierdas, continúas en la lucha”.

WIKIO

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