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Publicado el: 19-Septiembre-2009
En algún viejo episodio de la historia de México, hubo un presidente, Ernesto Zedillo Ponce de León, el cual ante una situación de pagar algún avituallamiento y en presencia de los reporteros de la fuente, espetó al momento: “Lo siento, no traigo cash”.
Es decir, el entonces Presidente de México no traía pesos, “lana”, efectivo, “marmaja”, pasta, “sencillo” —así se le dice en Chiapas al dinero “suelto” que aquí en el norte le decimos “feria” o “cambio”— o como usted guste decirle al dinero contante y sonante, estimado lector.
Y esto del dinero en efectivo viene a cuento porque a este columnista le ha saltado a los ojos un dato que se reproduce no sólo en la capital de la república —a la cual por motivos de trabajo estoy visitando frecuentemente—, sino en el bajío (San Luis Potosí, Guanajuato, Querétaro) o bien, ya es práctica común en Monterrey, Nuevo León: si usted paga en efectivo algún producto o servicio, hay un precio menor de entre un 15 ó 25 por ciento sobre un precio marcado o “precio completo”. Si acaso usted va a pagar con tarjeta de crédito o débito o bien solicita una factura, le dan el precio marcado o “precio completo” e incluso, le llegan a cobrar una comisión, un sobreprecio más.
El ahorro de pagar en efectivo, o con “cash”, para decirlo en la jerga del ex Presidente, es sustancial y está obligando a regresar a una práctica cultural centenaria que los bancos trataron de desterrar de México: la práctica de mercado, el arte de regatear un precio, el arte de comprar o vender un producto. Y claro, esto de tan sencillo tiene un trasfondo nada sencillo que sí vale la pena dejar por escrito en esta apretada columna, lector.
¿Quién gana con el llamado dinero plástico, es decir, las tarjetas de crédito? Los bancos, el sistema bancario mexicano; nadie más. Los gigantes del dinero plástico en México se enriquecen, mientras que los abnegados tarjetahabientes nacionales se empobrecen. MasterCard reportó utilidades trimestrales por el orden de los 349 millones de dólares.
Según un reporte reciente publicado por VANGUARDIA (el reporte
más reciente del miércoles 19 de agosto), el sector bancario alcanzó un resultado neto acumulado de enero a junio de 2009 por 32 mil 388 millones de pesos, cifra 7.38 por ciento mayor que la reportada en el mismo periodo de 2008. Los magnates y los bancos se enriquecen; los abnegados usuarios del dinero plástico que se han tragado los anuncios televisivos de tener tarjetas de crédito, se empobrecen.
Esquina-bajan
Según la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros, que lucha por controlar lo anterior, es cada vez mayor el número de deudores que solicitan asesoría para negociar la reestructura de sus deudas en dinero plástico.
El índice de morosidad en tarjetas de crédito a escala nacional, a abril de este 2009, había escalado hasta el 11.75 por ciento, equivalente a 31 mil 662 mdp.
Según datos de la CNBV, hay 42 instituciones de banca múltiple en activo en México. Y claro, todas ellas se pelean por otorgarle a usted “dinero plástico” con múltiples promociones y descuentos en anuncios televisivos que lo hacen a usted pensar que el “mundo” funciona así, con sólo deslizar una y otra vez una tarjeta que jamás se gasta.
Resulta obvio escribir aquí que no se puede cargar con un grueso fajo de billetes bajo el brazo para adquirir un refrigerador o remodelar la casa, pero sí se puede luchar contra la inercia de utilizar dinero plástico en todos lados que se asiste. Es increíble, pero los descuentos ya son más que significativos.
Sólo como ejercicio haga la siguiente pregunta: “¿Si pago en efectivo, hay algún descuento?”. Las puertas del paraíso y del ahorro se abren.
Letras minúsculas
Repito, las utilidades netas de la banca en los primeros siete meses de 2009: 32 mil 388 mdp. Aquí y no en otro lado está su dinero, estimado lector.