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Aunque nadie te entienda

Publicado el: 27-Febrero-2009

Hubo una noticia reciente que pasó sin mayor consecuencia. Fue reportado que en México existen lenguas en peligro (Grupo Imagen, 19 febrero 2009). Allí se decía que el país tiene 144 lenguas en peligro de extinción, el quinto mayor número en el mundo.

La nota decía que “desde mediados del siglo XX no se ha extinguido ninguna lengua en México, sin embargo 21 se encuentran en situación crítica, 33 seriamente en peligro, 38 en peligro y 52 son vulnerables”. La reacción es previsible.

Existen políticas gubernamentales que buscan conservar las lenguas en peligro de extinción. En el mundo, “más de 200 se han extinguido en las últimas tres generaciones, 538 están en situación crítica, 502 seriamente en peligro, 632 en peligro y 607 en situación vulnerable”. Da la impresión de ser como animales en peligro de desaparecer y lleva a querer preservarlos.

La pregunta debe plantearse, aunque sea políticamente incorrecta. ¿De verdad deben conservarse las lenguas que cada vez son menos usadas? Supongo que sí, si es que se está hablando de conservarlas en libros, museos y similares. Pero no, si ello significa forzar a la gente a hablar esa lengua.

Presupongo que si una lengua está en peligro de desaparecer eso significa que cada vez menos personas la usen. Debe haber razones para eso. Las que sean no importan, la decisión es personal.
Quizá el caso pueda verse mejor del otro lado.

Imagine usted que alguien habla una cierta lengua, la que sea, y que es usada sólo por unas pocas personas en el mundo. Si se fuerza a esa persona, por ejemplo, a estudiar la escuela primaria en esa lengua, se le estará frenando su desarrollo. Para integrarse al resto del mundo tendrá que aprender de menos otra lengua, más común y aún así estará en desventaja con respecto a quienes hablan uno de los idiomas universales.

No tiene mucho sentido práctico conservar lenguas que son inútiles para comunicarse con otros. Viví un caso que me impresionó, cuando conocí a una persona que sólo hablaba catalán y nada más. En una reunión de negocios el pobre tipo estaba totalmente aislado. Su única excusa era el nacionalismo que en él era rampante.

Si los idiomas y lenguas quieren ser conservados, que lo sean por parte de académicos y museos. No es una mala tarea, al contrario. Pero forzar el uso de una lengua por razones culturales de conservación es frenar el desarrollo personal. Si la persona quiere hablar maya, que sea ella la que lo decida, pero que no se le fuerce a hacerlo. Y si la lengua se pierde, será una responsabilidad museográfica y nada más. La voluntad de la persona es lo que cuenta.

Si esa mentalidad que fuerza idiomas hubiera existido antes, no existirían los idiomas actuales. Estaríamos hablando otros. Los idiomas son dinámicos, nadie los domina y van creándose en el tiempo. Unos desaparecen y se crean otros.
Querer que por la fuerza la gente hable lo que les obliga el gobierno es un acto totalitario. Y frena el desarrollo.

Un niño que todo lo ha aprendido en maya o en otomí, llegará a adulto con una tremenda desventaja personal. Mucho peor será si se le fuerza a estudiar en lenguas aún menos usadas y en peligro de desaparecer. Si ya hablar un segundo idioma es visto como obligatorio y el tercer idioma como muy deseable, la persona que haya sido educada en lenguas por extinguirse tenderá a aislarse del bienestar general.

Hay razones prácticas para cuestionar el forzar a la gente a hablar lenguas por extinguirse o de utilidad extremadamente local. Pero también hay razones de dignidad personal. Forzar la educación en un idioma viola las libertades de la gente, que debe poder educar a sus hijos en el idioma que quiera.

Lo que percibo es una inquietud mal canalizada. En tiempos en los que se tienen deseos de conservación, lo que no es malo, se ha llegado a la exageración de forzarla en la vida de las personas a las que se les vuelve museos vivientes.
Como sujetos del experimento de la conservación de un idioma, o de costumbres étnicas. Es como tomar a seres humanos y meterlos en jaulas que les hagan permanecer en el pasado, todo por un pretexto cultural mal encaminado.

A los que se están poniendo en peligro de extinción son a quienes se les obligue a hablar el idioma que la autoridad le obligue.
eduardo@contrapeso.info

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Una Segunda Opinión

Por: Eduardo García Gaspar
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