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Publicado el: 25-Febrero-2008
Sólo hace falta analizar con un poco de mayor profundidad la situación para entender que ésta requiere de una solución más compleja.
El secretario de Educación y Cultura, Jaime Castillo Garza, realizó el fin de semana una solicitud extraña a los orientadores vocacionales de las escuelas de nivel medio superior: que dejen de promover la carrera de maestro como una opción profesional.
La razón para hacer tal, de acuerdo con el responsable del sistema educativo estatal, es que actualmente no existen suficientes vacantes para ofrecer empleo a todos los egresados de las normales, y ello podría implicar que a los nuevos mentores les tomara hasta ocho años conseguir una plaza.
En contrapartida, de acuerdo con el titular de la SEP, algunas escuelas que ofrecen opciones educativas relacionadas con las ciencias exactas tienen superávit de espacios, pues los jóvenes en edad universitaria muestran poco interés en estudiar tales carreras.
No habría que poner en duda las palabras del secretario Jaime Castillo, sino aceptarlas como un buen diagnóstico de la realidad.
En otras palabras, seguramente es cierto que de las normales egresan muchos más maestros de los que el mercado laboral puede absorber, mientras que en el área de las ingenierías existe más bien un déficit de profesionistas.
Resulta obligado, sin embargo, preguntarse si la solución a este fenómeno es desalentar a todos los estudiantes de nivel preparatoria para que piensen en opciones distintas a la docencia cuando deban seleccionar el área profesional en la cual desean desarrollarse.
Si el fenómeno se analiza sólo por la superficie, sin duda la fórmula del titular de la SEyC es suficiente, pues lo único que haría falta es reducir el número de egresados de las escuelas normales.
Pero sólo hace falta analizar con un poco de mayor profundidad la situación para entender que ésta requiere de una solución más compleja, pues además de ser un problema constituye un área de oportunidad.
En efecto, el hecho de que existan pocas plazas en el sector público para ofrecer a nuevos maestros, y muchos aspirantes a las mismas, permite establecer criterios de selección más rigurosos para otorgarlas, tales como el concurso de oposición.
También parece el momento adecuado para reducir la matrícula de las escuelas normales, planteando exámenes de admisión rigurosos que garanticen que solamente los mejores tengan la posibilidad de llegar a las aulas y hacerse cargo de la educación de nuestros hijos.
Pero hacer tales cosas, desde luego, implica diseñar soluciones teniendo en mente mejorar la calidad del sistema educativo y no, como pareciera ser el caso, haciendo tan sólo un ejercicio aritmético para que el número de egresados de las normales coincida con el de las vacantes en el sistema educativo estatal.