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¿Pronósticos o propósitos?

Publicado el: 28-Octubre-2008

En un artículo reciente aparecido en Vanguardia, Alberto Barranco nos da a conocer los pronósticos que hace la firma Consultores Internacionales sobre la evolución probable de la economía mexicana en el actual contexto recesivo. Habitualmente se califica estos pronósticos como optimista, medio y pesimista u otros calificativos similares, pero en esta ocasión Barranco los señala como malo (optimista), peor (medio) y catastrófico (pesimista) porque el panorama que muestran estos pronósticos no es bueno desde ningún ángulo.

En el mejor de los casos en 2009 tendremos un crecimiento del PIB de entre 1.4 y 1.7 por ciento y en el que llama catastrófico el crecimiento estaría entre 0.3 y 0.6 por ciento. En la alternativa más optimista, que de por sí es mala, se crearán entre 263 y 320 mil nuevos empleos, en tanto en la alternativa catastrófica se crearán entre 56 y 112 mil nuevos empleos. Se estima que cada año la economía mexicana requiere generar alrededor de un millón 500 mil empleos, lo que nos conduce a pensar que con el pronóstico más optimista, que es malo, se crearían unos 320 mil empleos; es decir, la quinta parte de lo que la economía mexicana requiere.

Durante la administración de Fox debieron haberse creado unos 6 millones de empleos, pero sólo se generaron 1.4 millones de plazas.  Las válvulas de escape de la presión generada por este pobre comportamiento de la economía fueron, primero, la informalidad y segundo, la emigración masiva de mexicanos hacia los Estados Unidos. Cada año salieron entre 400 y 700 mil mexicanos que no pudieron encontrar trabajo en su patria, o como ahora se señala con más precisión, en su matria. La matria es la querencia del lugar donde se nace, en tanto que la patria es el amor al lugar donde se vive y desarrolla.

Tenemos ya ocho años de raquitísismos crecimientos en el empleo y en el PIB, precedidos por otras 10 de un crecimiento a todas luces insuficiente y cada vez más débil. Se llevó al cabo la apertura de la economía con grandes ventajas para los consumidores mexicanos y con una cómoda forma de controlar la inflación y el tipo de cambio, políticas que en ambos casos han venido funcionando, pero que a la vez han sido lo más cercano a un suicidio económico, pues han traído como consecuencia el desmantelamiento del aparato productivo nacional, incluyendo todas las ramas de la industria, excepto la maquiladora, y las actividades agropecuarias.

En ningún momento hemos tenido verdaderas estrategias de desarrollo para el aparato productivo nacional. Al no haber políticas o estrategias de fomento a la actividad productiva, estamos señalando que no se han definido y fijado objetivos o metas a alcanzar y que mucho menos se ha definido cómo lograrlas y quiénes y cómo deberán de participar. Resulta una aberración decir que México es un país de libre mercado, pues el mercado o los mercados mexicanos están llenos de malformaciones y obstáculos por la presencia de todo tipo de monopolios, privados y públicos, y áreas de sindicalismo corporativo plagado de privilegios, sin contar con la asfixiante burocracia.

Las grandes empresas mexicanas, controladas por Carlos Slim y unas cuantas familias, necesariamente generan pocos empleos con la inversión que controlan, a diferencia de las muchas pequeñas y medianas empresas que encuentran todo tipo de obstáculos para su sano desarrollo. Es mucho el empleo que podría generarse con estas empresas siempre asediadas por un sistema político y económico que les resulta sumamente hostil. Muchos de los problemas provienen de un sistema fiscal anacrónico, altamente recaudatorio, de gran complejidad administrativa, altamente ineficiente en sus resultados y muy oneroso en su operación. Jurídicamente un engendro que agrede al ciudadano y a las empresas que tratan de abrirse paso en un ambiente abiertamente agresivo.

¿Qué decir del crédito? Ha sido y es no sólo caro sino inaccesible, lo cual dificulta al máximo la inversión productiva que podrían realizar millones de mexicanos creando empleos y fortaleciendo mercados hoy prácticamente inexistentes. Un ejemplo de mercado caótico y mal financiado es el inmobiliario, donde da pavor el desarrollo urbano resultante y el inabatible déficit de vivienda.

Al no haber políticas o estrategias de desarrollo nos limitamos a tratar de medir la magnitud de los problemas que se nos vienen encima, como sujetos pasivos, sin pretender hacernos dueños de nuestro destino. Por eso vemos muy natural la elaboración de pronósticos, tratando de ver qué es lo que puede ocurrir, pero carecemos de rumbo, del propósito claro de alcanzar algo, lo que sea. Al carecer de propósitos, de objetivos, es imposible elaborar políticas o estrategias de desarrollo y es imposible que podamos prosperar como país.

Cuando los vívales de la política nos hablan de “blindajes” y de que tenemos “rumbo” nos tratan de dar atole con el dedo. Son puras vaciladas.

aluti@prodigy.net.mx

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Por: Luis Dorbecker Aguirre
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