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Publicado el: 05-Julio-2009
El exquisito arte y la terrena variedad que encierra la comida china, son siempre bienvenidos en nuestra cultura. Prueba de ello es su evidente popularidad en todo el país, donde compite lo mismo con los tacos de esquina mexicanos que con los gourmet italianos.
No nos invade. Más bien se diría que ya es merecida parte de nuestra cultura gastronómica gracias a sus numerosas bondades. Así que un nuevo restaurante de comida china jamás está de más. Y Saltillo estrena uno que vale la pena en el Tao China Bistro.
Es un espacio amplio y espacioso, moderno y de buen gusto, con el juego de elementos que hacen armónica la arquitectura oriental. El mobiliario, en el mismo tono, sobrio y cómodo, de tonos claros y terra amplía la sensación de estar a sus anchas.
Fuera, cuentan con una terraza de sillones y sombrillas que es buen albergue para los fumadores.
El montaje de la mesa se va formando con el transcurso de la comida. No es uniforme, de entrada. Y el sello particular de la salsa ponzo de la casa no aparece hasta los platos fuertes o la petición del comensal. Lo mismo la de anguila y la de la adaptada salsa de chile de árbol que ya caracteriza a los restaurantes de comida china en México –y que por cierto, no me quedó claro si en esa ocasión no tenían o simplemente no la ofrecen-.
En cuanto a la salsa de soya de la casa, carecía de una buena preparación. Para mi gusto, sin limón, sin naranja y sin personalidad. Esto porque la primera vez encontramos rollos japoneses en su menú, luego no. Así que quizá sólo tenía la intención de ser tradicional salsa de soya en el respeto debido a una de las más antiguas salsas de mundo, ya de por sí intensa de sabor fermentado de granos tostados.
El menú no comete osadías. Es un menú chino tradicional más o menos completo. Como entremeses se ofrecen alitas de pollo agridulces, los clásicos rollos (rollitos TAO), carnes rojas, las empanaditas de verduras y costillas de cerdo en salsa haisin, por ejemplo.
La sopas abarcan los típicos fideos chinos, con chayote, zanahoria, brócoli, camarón y cerdo; la sopa de pollo, y la sopa Wan ton (consomé con ravioles rellenos de cerdo y camarón). Al particular fideo de arroz se le puede hacer casi cualquier cosa, así que pese al consomé que resultó un poco excesivo, fue una rica opción para abrir como la mesa oriental manda, con caldo.
En las ensaladas destaca una Mushroom de camarón, con mezcla de lechugas romana y orejona, zanahoria rallada, col morada y estelares champiñones y la Tao Especial, con salmón, aceite de oliva, alcaparras, aceitunas, lechuga orejona, vinagreta y chile cascabel.
Pasamos a un arroz frito que estaba en su punto.
Ofrecen como el más completo al Tao Especial, frito también, con camarón cerdo y cebollón.
Y enseguida saltamos al camarón agridulce, un camarón con un capeado limpio, crujiente y de excelente sabor. No así los camarones, que pasaban sin pena ni gloria por una mielosa y rica salsa agridulce y cuyo sabor se perdía bajo el capeado. Platillo felizmente complementado con cebolla blanca, piña, pimientos y chile de árbol.
Hay platos también básicos como el Chop Suey de pollo, cerdo, res, camarón, cebolla, zanahoria. Apio, brócoli y frijolillo. El Cahw Mein con pollo, cerdo, res, camarón, cebolla, zanahoria, apio y fideos fritos; y una combinación de hongos con pollo, cerdo, camarón, chayote, zanahoria, cebolla, apio, brócoli, hongos y elotitos tiernos.
El pollo se ofrece al ostión, es decir frito, en salsa de ostión con cebolla y cebollín. En salsa agridulce, chayote, zanahoria, apio, brócoli y cebolla. Con salsa de ostión y verduras. En salsa de frijol chino, con chile morrón y cebolla.
También con almendras, zanahoria, jícama y cebolla. O al curry. O el pollo Mongol, capeado, con calabaza, cacahuate y chile de árbol. A la naranja, es decir, capeado, en salsa de naranja con ajonjolí tostado. O al clásico estilo Kung Pao, con champiñones, cacahuate, cebollín y chile de árbol.
Cuentan además con la curiosidad del pato, que cocinan a lo pekinés (horneado, tradicional) y a lo cantonés (horneado, con salsa de ostión y chile de árbol).
Camarones, cerdo y res tienen casi las mismas opciones de preparaciones, además de los camarones a la cantonesa y en Aguachile, crudo, con cebolla, pepino y chile de árbol.
El servicio está lejos de ser precisamente versado en cocina oriental y la cocina no es muy flexible a las peticiones. Los precios parecen excesivos en ciertos apartados como el arroz y el pato y no muy amigables en el resto del menú. Se aplaude el cuidado de los ingredientes frescos y la limpieza del lugar, que seguramente irá puliéndose y consolidándose como una buena opción oriental en la ciudad.
cmisperos@vanguardia.com.mx