Al final de cuentas, Francisco Gil Díaz le dijo al presidente Felipe Calderón sobre el ofrecimiento
para dirigir Pemex que no. Pero, ¿por qué no pensar en Juan José Suárez Coopel? Protegido de Gil Díaz, Suárez Coppel le resuelve al Presidente la comunicación política con una parte del PRI que tiene relaciones estrechas con él y una deuda de las que no se olvidan. Además le permite, con el respaldo implícito de quien lo propuso, preparar la segunda reforma de Pemex en el sexenio. La persona para relevar a Jesús Reyes Heroles en el cargo, desde un punto de vista táctico, parece una solución. Sin embargo, las mismas razones por las que parece un buen nombramiento para Los Pinos, encierran un problema político. Como sucedió con el ofrecimiento a Gil Díaz, la mera posibilidad de que Suárez Coppel llegue a Pemex generó reacción en sectores políticos y financieros. Suárez Coppel ya pasó por esa empresa durante el gobierno de Vicente Fox como director de Finanzas, y su paso fue muy controvertido, al involucrársele en los escándalos de tráfico de influencia con los hijos de Marta Sahagún-, y del Pemexgate. No salió con buenos recuerdos de la paraestatal, donde fue muy criticado por su manejo financiero.
Suárez Coppel creció al amparo de Gil Díaz. Fue tesorero corporativo de Televisa, una empresa donde el ex secretario de Hacienda ayudó a resolver problemas financieros en el sexenio pasado, y al saltar a Pemex, poco tardó para disparar escándalos. Uno sobre el cual nunca se aclararon las cosas tiene que ver con su relación con Antonio Juan Marcos Issa, presidente de Blue Marine Techonologies, de la cual depende Arrendadora Ocean Mexicana, investigada política y periodísticamente en el sexenio de Fox por ser una empresa que literalmente de la noche a la mañana y con mera ingeniería financiera, se convirtió en una de los proveedores más beneficiados para la altamente lucrativa renta de buques a Pemex. Arrendadora Ocean Mexicana fue públicamente vinculada a Manuel Bribiesca, hijo de la ex primera dama Marta Sahagún, hipótesis a partir de la cual se tejió todo un enjambre de tráfico de influencias. Las investigaciones no llegaron a ningún lado, pese a existir pruebas documentales en la Secretaría de la Función Pública que señalaban directamente a Suárez Coppel en actividades, cuando menos, oscuras. Entre las más comprometedoras se encuentran dos correos electrónicos entre Marcos Issa y Suárez Coppel, cuando todavía era director de Finanzas de Pemex, y en aparente relación a una adjudicación. En uno de ellos, fechado el 16 de noviembre de 2005, Marcos Issa le escribió a Suárez Coppel: “Ya con los 800 quedamos a mano”. En otro, del 6 de febrero de 2006, le reclama el ejecutivo: “Mira, cabrón, si vas a estar con tus mamadas, no hacemos nada y ahí le paramos”.
No hubo investigación alguna sobre Suárez Coppel, a quien ya se le habían denunciado por adjudicar en forma directa más de 30 contratos con dinero de las exportaciones petroleras. Unos tenían que ver con la contratación de consultores mexicanos por un total de 140 millones de pesos, y otros con la contratación de consultores extranjeros, por 30 millones de dólares. Dentro del PRI hubo una enorme indignación por su forma de hacer cosas, pero tampoco presionaron políticamente o se sumaron a las denuncias e investigaciones que realizó la Auditoría Superior de la Federación y el PRD sobre las operaciones sospechosas en Pemex. Había una razón para ello: Suárez Coppel fue quien enterró el Pemexgate. Los recovecos legales que encontró el entonces director de Finanzas de Pemex para evitar responsabilidades penales a quienes se acusaba de haber cometido ilícitos para desviar recursos del erario a la campaña presidencial del priísta Francisco Labastida, permitieron que el líder del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, y el tesorero, Ricardo Aldana, nunca pisaran la cárcel. El Pemexgate se dio durante la gestión de Rogelio Montemayor, quien tenía como coordinador de asesores a su ex secretario de Finanzas cuando fue gobernador en Coahuila, Antonio Juan Marcos Issa, el mismo proveedor de contratos multimillonarios en Pemex durante la gestión de Suárez Coppel.
Tras salir de Pemex, Suárez Coppel llegó a la vicepresidencia del Grupo Modelo, de la cual salió hace poco tiempo. Poco duró en el desempleo, pues su protector Gil Díaz volvió a tenderle la mano para acomodarlo, como propuesta cuando menos, al frente de Pemex. Si no era él, le dijo al Presidente, que fuera su brazo financiero, que forma parte de un grupo muy cercano al ex secretario de Hacienda que también tiene ramificaciones en el PRI. Suárez Coppel es sobrino de Óscar Levín Coppel, ex funcionario en el gobierno de Calderón y de Fox, amigo del actual secretario de Hacienda, Agustín Carstens —el pupilo más avanzado que ha tenido Gil Díaz— y quien ahora forma parte del equipo íntimo de la líder nacional del PRI, Beatriz Paredes, en la formulación de las iniciativas económicas. Suárez Coppel le resolvería a Calderón, como director de Pemex, tener vasos comunicantes fluidos con uno de los grupos de poder dentro del PRI —indispensables para su reforma de segunda generación— y, al mismo tiempo, una persona controlada financieramente por Gil Díaz, su primer candidato a ese cargo. Es decir, política y financieramente se sentiría protegido. Qué piense el resto del mundo, que sea problema del mundo, no de él. Salvo lo que puedan decir los otros grupos de poder en el PRI y sus viejos enemigos en el PRD.