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Sexualidad: ¿A qué le teme la iglesia católica?

Publicado el: 11-Enero-2008

Hay tres palabras que hacen temblar a los integrantes de la jerarquía católica: mujer, niño y homosexual.

En declaraciones recientes, dentro y fuera del país, representantes de esta iglesia, han manifestado su intolerancia o su franca condena a personas que requieren de un apoyo espiritual y no de la discriminación de quien se supone tendría que acompañarlos en sus momentos difíciles. Al menos eso es lo que pregonan.

Mujeres amenazantes

En la ciudad de México, el pasado domingo, Carlos Briseño Archl, obispo auxiliar, en ausencia de Norberto Rivera, criticó acremente a las mujeres que trabajan fuera de casa.

Las acusó de despreciar y minusvalorar su papel de amas de casa, así como de abandonar el cuidado de una familia en aras de una vida con más confort y de una realización personal al margen del esposo y los hijos. Incluso, las comparó con Herodes en su afán de, según él, destruir a la familia tradicional.

Todo lo que tenga que ver con las mujeres y el mejoramiento de su calidad de vida enoja a muchos representantes de la Iglesia católica, y aclaro, no a todos. ¡No más culpas, por favor! Si hay algo que atormenta a las mujeres trabajadoras es precisamente el separarse de sus hijos, el sentir que los abandonan, por buscar una mejor calidad de vida para ellos.

Las mujeres trabajan por muchas razones. Para algunas no es suficiente el ingreso del esposo, otras, ni compañero tienen y se ven obligadas a enfrentar su maternidad en soledad. Sin embargo, no dejan el trabajo en el hogar ¿sabrá el señor Briseño Archl de la existencia de la doble jornada?

Miles de mujeres, después de desempeñar varias horas de trabajo asalariado, la gran mayoría de las veces con ingresos menores a los de los varones, regresan a sus hogares a bañar niños, a revisar tareas, a cocinar para el día siguiente, a lavar, a planchar. ¿Eso es desintegrar el hogar?

No intento poner como víctimas a las mujeres, simplemente deseo que se reconozca una realidad que sigue pesando en las espaldas de muchas de ellas. ¿Para qué llenarlas de más culpa?, ¿para qué condenarlas?
Cualquier avance en el establecimiento de un equilibrio entre las relaciones de poder entre hombres y mujeres amenaza a algunos clérigos católicos, parecen que desean que ellas no salgan de su condición de servidoras, de esclavas en nombre de Dios.

Afortunadamente, otra voces dentro de la misma iglesia tienen puntos de vista distintos, como los del obispo de Saltillo, Raúl Vera, o las de Católicas por el Derecho a Decidir.
Niños malos

En España, las relaciones de la Iglesia Católica y Estado no marchan del todo bien, y en ese contexto destacan dos eventos. Uno, el representado por el obispo de Tenerife, Bernardo Alvarez, quien señaló en relación a los abusos sexuales de sacerdotes contra niños que “puede haber menores que sí consientan el abuso, y de hecho los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas, te provocan”.

La culpa es de los otros y nunca del sacerdote y todas las limitaciones y deseos que como ser humano vive. Los culpables de los hijos de mujeres con sacerdotes es culpa de ellas; el abuso sexual de menores es responsabilidad de los niños y adolescentes, nunca del cura. Antes la amenaza fundamental era representada por la mujer, aquella descendiente de Eva, la que fue la “culpable” de que el pobre de Adán pecara. Hoy se suma la presencia de niños y adolescentes que con su “sola presencia” te provocan.

¿Cuándo se hablará formalmente de las consecuencias de una religión represora de una de las esencias vitales del ser humano?, ¿cuándo dejarán de culpar al mundo y asumirán sus responsabilidades?
Sotanas y protestas

También en España, un grupo de cardenales y obispos vistieron sus sotanas y salieron a las calles a protestar por una serie de cambios y propuestas que ha realizado el gobierno de Rodríguez Zapatero, entre ellas, la autorización de bodas entre homosexuales, la agilización de trámites para alcanzar el divorcio y el tema del aborto.

La iglesia católica en España jugó un importante papel durante el periodo de la dictadura franquista, y tenían prohibido precisamente, el divorcio y el aborto. Y de las bodas entre homosexuales, ni hablamos.
Muchos de los privilegios de los curas en esa etapa de la vida española se han visto limitados al paso del tiempo, y con mayor razón con la llegada de Rodríguez Zapatero al poder.

Los derechos en España, declaró su presidente, los da la Constitución y tiene que garantizar los derechos de los creyentes y los no creyentes. Por otro lado, el mismo Partido Socialista Obrero Español declaró: “Es la Constitución la que ha garantizado la libertad religiosa y la que ha determinado que ninguna confesión tenga carácter estatal”. Y agregó: “En estos cuatro años nuevas leyes han creado nuevos derechos: para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, para reconocer el derecho a contraer matrimonio a todas las personas, sin discriminación alguna basada en su orientación sexual, y para poder poner fin, en ejercicio de la libertad, a una relación conyugal rota sin tener que sufrir dilaciones injustificadas”.

Para finalizar cito un fragmento de una nota publicada en el diario Reforma el pasado 3 de enero firmada por Leslie Gómez. En ella, el vocero de la Arquidiócesis de México, Hugo Valdemar Romero, se refiere a la Iglesia y la dignidad de los niños. Dijo: “Los niños mismos tienen que aprender a reconocer su gran dignidad, no solo para exigir como lo hacen, el respeto a sus conocidos derechos, sino para comportarse de una forma digna…”. La nota se basaba en comentarios sobre el Día de Reyes y su significado, pero me pregunto ¿qué quiso decir cuando se refirió a que los niños deben “comportarse en forma digna”. ¿Se referirá a los mismo que el obispo de Tenerife?

También “urgió a los padres de familia asumir su responsabilidad de educar a los niños y no dejar a los maestros el aprendizaje fundamental de los valores”. ¿Cómo educar en una familia donde la mujer no se mira con los mismo derechos del hombre?, ¿cómo transformar la violencia masculina?, ¿qué transmitimos a los hijos cuando los obligamos a vivir con una pareja que ha dejado de quererse e incluso de respetarse?, ¿a qué tipo de familia se refiere?, ¿sabrá que existen miles de modelos familiares en el mundo?

Las mujeres, los niños y los homosexuales, que por cierto se cuentan por varios cientos dentro de la Iglesia Católica, son palabras que siguen metiendo ruido en los discursos de algunos representantes con jerarquía y sin ella, que todavía no se atreven a pronunciar otras que también les suponen riesgos personales: condón, sexo, sexualidad, placer, igualdad.
Comentarios: patricia.kelly@eluniversal.com.mx
 

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