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Persisten tabúes sexuales

Publicado el: 16-Enero-2008

Cuesta trabajo creerlo, pero todavía, en pleno Siglo XXI persisten mitos sobre la sexualidad humana. Desde el que dice que “el tamaño sí importa”.

También el que piensa “que las mujeres no pueden tener sexo sin amor”.

Tanto en Argentina como en nuestro país, se han realizado trabajos de investigación que nos sirven como pretexto para reflexionar sobre la educación y la atención a la salud sexual.

Adrián Sapetti, presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, habló de algunos resultados en una breve conversación con el periódico El Clarín aparecido el pasado día 9. En la entrevista, el especialista se refirió a cinco grandes mitos. A saber:
En el Cono Sur

1. “El rendimiento de un hombre se basa en las relaciones que pueda tener por noche”. Sobre esto, la sexóloga Diana Resnicoff agregó que “más cantidad no significa calidad”. Y es cierto, es más fácil cambiar una sola relación satisfactoria y plena, por varios intentos fallidos o hasta desagradables. Para muchos hombres su valor sexual se mide por el número de contactos sin importar cómo se siente la pareja, si alcanzó el orgasmo o si lograron intercambiar algo más que fluidos corporales.

2. “La pasión se pierde con el matrimonio”. Resnicoff asegura que sólo se pierde el factor sorpresa; pero Sapetti dice que para evitarlo “se puede recurrir a cambiar de ropa, escenario, posiciones u objetos”. Pero no hay que olvidar que la vida sexual de una pareja se cultiva todos los días. Suena fácil decirlo, pero cuando nos enfrentamos a la cotidianidad, al estrés laboral, a los problemas económicos, una parte que con frecuencia se ve afectada es la convivencia sexual.
 “Estoy muy cansado (a)”, “me duele la cabeza”, “ahorita no porque todavía están despiertos los niños”. Ni modo, tenemos otro trabajo, alimentar cuidadosamente nuestra relación de pareja, nuestra relación erótica. Un amigo comentaba que el gran coito nocturno, empieza con la conquista desde la mañana.

3. “La mujer no puede tener sexo sin amor”. La terapeuta Diana Resnicoff dijo que esta modalidad puede incluso “desinhibir más a la mujer y pensar más en ella”. Esto es producto de un gran condicionamiento, la tan llevada y traída “prueba de amor”. Dentro de los valores con los que fueron educadas muchas generaciones femeninas está el hecho de mantenerse vírgenes, de no ofrecer su cuerpo más que a un solo hombre.

Ellos al contrario, con “la experiencia múltiple” sabrían mejor de las artes amatorias. El caso es que muchas mujeres todavía no pueden distinguir claramente entre deseo, hormona y amor. Por eso, para no complicarse la vida terminan diciendo, no que les atraía el varón, o que les despertaba el deseo sexual, sino que: “yo lo hice por amor”, o “es que creía que él también estaba enamorado”.

4. “El tamaño importa”. Esta afirmación no deja la menor duda, nos referimos al pene. Respecto de la investigación, el Dr. Sapetti dijo que “la realidad es que la vagina sólo tiene sensibilidad en los primeros cinco centímetros y las mujeres requieren más del estímulo del clítoris que de la penetración”. Y además pueden estimularnos en las piernas, en la espalda, en el cuello, en el cabello, en las axilas, en la entrepierna, por supuesto en las nalgas, los brazos, la nuca, los dedos de los pies, en las manos, en la cintura, en las corvas y un larguísimo etcétera.

5. “El hombre siempre debe estar dispuesto”. El presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana fue categórico al afirmar: “El varón no es una máquina de tener erecciones y puede negarse si una mujer no le interesa”. Y las mujeres también, ambos tenemos derecho a decir NO y no ser acosados ni presionados para nada. Ellos no son una máquina, cierto, pero ellas tampoco son objetos para usarse cuándo y cómo “se le ordena”. Recuperar más nuestra calidez, nuestra calidad de seres humanos, nos llevaría seguramente a una mejor vida sexual.
México y sus tabúes

En los primeros días de enero, el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la Universidad Nacional Autónoma de México, aplicó una investigación a más de 15 mil jóvenes de entre 13 y 19 años residentes en Chiapas, Guanajuato, Guerrero, Puebla y San Luis Potosí.

Entre los resultados más destacados están los que consideran que el condón “es usado por quienes acostumbran relaciones ocasionales, que no tienen confianza en la pareja, o practicantes del libertinaje sexual”. Este gran mito sin lugar a dudas fue reforzado por las corrientes de pensamiento más conservador de nuestro país. Aquellos que desinforman o malinforman a los y las jóvenes y restan su valor a un artículo que ha demostrado científicamente su eficacia.

Otro de los resultados fue la demostración de que 80% de los y las jóvenes de estos estado siguen creyendo que es una “obligación casarse por la iglesia, que las muchachas deben llegar vírgenes al matrimonio ya que serán reconocidas, protegidas y respetadas”. El gran tabú fue en torno a otro valor de la mujer, la maternidad y su vida como esposas. Pareciera que en los sectores más pobres de estas entidades los valores antes mencionados están más arraigados. La mujer virgen-madre, esposa-madre, como si no tuviéramos otras capacidades.

Esta investigación del CRIM de la UNAM duró dos años y aporta otros datos como aquellos que nos informan que 21% de los hombres de 13 a 19 años reportó haber tenido ya relaciones sexuales, mientras que en ese mismo rango las mujeres representaban sólo 5.5%.

En cambio, los resultados en la población de 13 y 14 años es diferente. En ella nos reportan que 9.8% de los varones ya iniciaron su vida sexual, mientras que sólo 2.9% de mujeres de la misma edad lo habían hecho. Pero entre los varones de 17 a 19 años las mujeres representaban 15%, frente a 46% 4 de los varones.

La educación sexual objetiva, científica, laica y responsable es una necesidad. Nuestros jóvenes, niños (as), adultos (as) ancianos (as) tienen que estar informados de las diferentes etapas que tienen durante su vida sexual y valorarse como seres humanos integrales. La educación sexual es un derecho que no podemos evitar.

Comentarios: patricia.kelly@eluniversal.com.mx

 

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