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Publicado el: 06-Septiembre-2009
Para quienes, como un servidor, no tienen con frecuencia oportunidad de cocinar ni nadie que les cocine, buscar algún sucedáneo de comida casera de tanto en tanto se vuelve una necesidad.
Así llegamos la Violeta, el buen Lázaro y su servidor a Los Molcajetes, atraídos precisamente por la mexicana promesa que lleva en el nombre.
De vivo colorido mexicano, el lugar exhibe un hogareño comedor principal, uno más grande con aires de botanero y finalmente, otro más, dispuesto en el patio, al aire libre, bajo las sombrillas de jardín.
Como es típico en este tipo de restaurantes, el servicio inicial consiste en totopos de maíz y salsa. Ésta última, por cierto, es la carta que define en nuestro país la mitad de la evaluación de la experiencia del comensal y en este caso no hubo ni aplausos ni rechiflas para la salsa molcajeteada que nos sirvieron un tanto fría.
En el menú, sencillísimo y cotidiano, tampoco hay sorpresas. Se ofrecen como desayunos los clásicos hot cakes, platos de frutas de temporada con yogurt, granola y miel, cereal, jugo de naranja y licuados.
Entre los almuerzos hay huevos al gusto (rancheros, divorciados, con jamón o tocino), omelet con jamón y queso o bien con espinacas o con camarones, chilaquiles, verdes y rojos con queso y/o pollo, el modesto panela en salsa y el regionalmente típico machado con huevo.
Las opciones de cortes abren con una arrachera de 250 gramos que incluye postre y refresco por el no muy modesto precio de 125 pesos, o un sirloin de 300 gramos o el T-Bone, que se sirve con una quesadilla, guacamole y frijoles charros. La milanesa de res o de pollo, empanizada o a la plancha, y el bistec al gusto. Finamente, la opción de la parrillada para cuatro personas, en la que sirven arrachera, sirloin, pollo, salchichas asadas, con pimientos y cebolla, a un precio de 600 pesos.
Una más robusta sección de antojitos oferta las típicas gorditas de deshebrada, chicharrón, picadillo, espinacas, nopalitos o frijoles con queso; tacos piratas (de bistec y queso), las clásicas palomas de tortilla de harina con huevo y chorizo o jamón y aguacate, quesadillas, sincronizadas estilo molcajete (con jamón, queso chihuahua, frijoles y aguacate), enchilas rojas y suizas.
Ordenamos un céntrico guacamole mientras repasábamos el menú. Un poco descolorido, debido a un exceso de crema o leche y como anunciaba su pinta, también un poco desaborido.
Las opciones estilo cafetería aún incluían una breve sección de ensaladas (de atún, de pollo, y una muy sui géneris ensalada del chef, con lechugas, pepino, apio, pimiento, aguacate, aceitunas verdes, tocino, queso, jamón pollo y aderezo) y otra de hamburguesas y sadwiches de pollo o jamón.
Lo más destacable para efectos de optimizar y economizar en la comida (ventaja que generalmente busca el comensal en la llamada “comida casera”), eran las opciones de comida corrida por 85 pesos, conformada por un caldo de res o pollo con arroz, el platillo con guarniciones, refresco y postre. El platillo del día es también una selección casera mexicana de platos como chiles rellenos, cortadillo, milanesas empanizadas, etc.
La sección de bebidas es en realidad limitada, con algunas opciones de cerveza, el hogareño café de olla, y agua fresca del día.
Violeta quiso hacer una comida completa como Dios manda y abrió con un caldo de res. De destacarse la ausencia de artificios. Carne y verduras, como debe ser, cocidos hasta extrema suavidad. Aunque la Violeta levantó protesta por el exceso de grasa, resultado de no cocer la carne aparte. Pero ya usted sabe que en nuestro país, con la grasa, como con los condimentos, la aprobación es cuestión de gustos.
Lo que sí no perdonó y yo no alcancé a entender, fue el inverosímil sabor a salchicha asada que tenía su milanesa de res empanizada. Sobra decir que el extraño caso de contaminación de sabor le echó a perder el gusto de la comida.
Lázaro por su parte había elegido el mismo platillo pero a base de pollo. La milanesa de pollo era más fielmente lo que decía ser, tenía mucho mejor textura y auténtico sabor a pollo. Sin embargo, el empanizado, en ambos casos, aunque muy casero, no era de mucha calidad y terminaba siendo una capa aceitosa por el exceso de aceite que había logrado atrapar.
Por mi parte me contenté con unas típicas enchiladas rojas de gusto ordinario, acompañadas de un arroz medio apagado, y frijoles refritos que tampoco se daban a destacar.
El servicio, hay que decir, oportuno, atento y amable. Los tiempos de la cocina, además, son bastante respetables y ya que es visible, la higiene parece estar en su correspondiente lugar de privilegio. Por lo demás, en los Molcajetes tenemos una opción casera y típica, segura y sin sorpresas.
Los molcajetes
Dirección: Mariano Matamoros #1569 Saltillo. Zona Centro
Tel. 416 68 44
Horarios: Lunes a viernes de 9 a.m. a 9 p.m. Sábados de 9 a.m. a 7 p.m.
Costo promedio por persona: 80 pesos
Evaluación
Servicio *****
Precios ***
Sabor **
Lugar ****