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El poder de una mayoría inconstante

Publicado el: 05-Noviembre-2009

El Partido Republicano, una entidad tenebrosa, sinónimo de doble moral y todo lo que es reaccionario (algo así como el PAN, pero sin la Virgencita de Guadalupe) acaba de adjudicarse importantes victorias electorales en Estados Unidos.

Además de las gubernaturas de Virginia y Nueva Jersey, el partido del elefante refrendó la alcaldía de la ciudad de Nueva York.

A diferencia de su contraparte mexicana, el ala conservadora y derechista de la política norteamericana tiene motivos para celebrar, quizás no de echar campanas al vuelo, pero sí de darse una sincera felicitación.

“Los analistas”, esos mismos que nadie sabe con seguridad quiénes son o qué es lo que exactamente hacen o analizan, ya advierten en todo esto una consecuencia lógica tras el declive en la popularidad del presidente Obama durante su primer año de gestión.
Y yo me pregunto: ¿A poco?... ¿Será? Hay que reconocer que cada partido tiene una base de simpatizantes que difícilmente experimenta cambios. Son los convencidos a ultranza de una ideología o de lo que una fuerza política representa.

Este activo de los partidos que ordinariamente conocemos como el “voto duro” difícilmente modifica sus convicciones, es fiel, sin embargo, por muy nutrido es insuficiente como para asegurarle a nadie una victoria.

Entendemos entonces que son los indecisos quienes determinan hacia qué lado se cargará la balanza en cada elección.
Lo que significaría que el grueso de la base de electores carece de una ideología firme, o es propensa a modificaciones.

Y si la percepción o las preferencias de la mayoría de los votantes son maleables, son por tanto terreno fértil para la germinación de ideas infiltradas.
Tonto el partido que no está en permanente proselitismo. Lo lógico es que una vez concluidos los comicios, un partido se ponga a trabajar en los que vienen.

Por supuesto que en un mundo idóneo este trabajo proselitista consistiría, entre otras cosas, en un sano ejercicio de promoción de los resultados obtenidos por los funcionarios emanados de sus filas.
En ese mismo mundo de utopía, dicha promoción sería por completo ajena del servicio público, respetuosa de las disposiciones en materia electoral y meramente informativa. En síntesis: limpia.

Para nuestra desventura ocurre precisamente lo contrario: se hace promoción desde la plataforma gubernamental, con cargo al erario; violenta muchas veces la ley, y suele estar orientada a desprestigiar al oponente.

¿Así o más triste? No obstante, lo realmente preocupante es el proselitismo disimulado, ese que pretende influir en la opinión o las decisiones de los ciudadanos disfrazado de noticia, de información importante, de estadística.

El chisme, el rumor, la calumnia y la insidia están por igual en ese correo anónimo que nadie firma, del que nadie responde o conoce su origen, que en los titulares de los noticieros de alcance nacional.
Abusando además de una común necesidad del ciudadano común de captar información que le ayude a comprender su entorno, las distintas facciones políticas se encargan de filtrar sus infundios hacia el flujo informativo.

Y aquí es donde comienza un real problema porque si no la identificamos como propaganda, si le conferimos el estatus de una noticia, se ve seriamente comprometida nuestra capacidad de discernir. Perdemos entonces posibilidad de discriminar la propaganda como tal porque viene disfrazada con un cariz informativo.
En nuestro País, todo aquel que está involucrado en política bajo cualquier divisa está pensando en la sucesión presidencial y el que no lo admita le está mintiendo.

De allí que unos y otros jueguen a conveniencia con diversas versiones sobre la actual recesión y la forma en que se ha enfrentado.

A mí me asombra cómo personas cuyo criterio yo ponderaba, son capaces de creer los embustes más elementales sin cuestionar la calidad de la información, la fuente o el giro del medio.

Pero después de un rato lo comprendo: la zozobra económica es un tema tan sensible que no sólo nos impide pensar con claridad y nos hace buscar responsables políticos para escupir su memoria. Es además capaz de generar una acción —en este caso, el motivar el sufragio—, y esa acción inducida es la finalidad última de cualquier campaña, sea ésta de índole comercial o política.

De manera que si usted no tiene puesta la camiseta de ningún partido, si no está casado con los colores de ninguna divisa, si posterga su decisión hasta el último momento porque le gusta contar con todos los elementos para elegir, entonces lo felicito porque probablemente pertenece al segmento más influyente hablando en términos electorales.

Y con ese gran poder —Peter Parker— viene una gran responsabilidad. Cuide la calidad de la información que recibe como cuida la del agua que consume: sea prudente, no crea todo sólo porque fue noticia, ponga a prueba la honorabilidad de los medios, evalúe sus presumibles intereses.
Usted pone y depone, sea prudente, dude.
petatiux@hotmail.com

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Nación Petatiux

Por: Enrique Abasolo
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