|
|
|
|
|
|
Publicado el: 02-Noviembre-2009
Nada de nada de nada de nada de nada de nada. No habrá dos por ciento para los pobres. Pervive el tabú de los alimentos y las medicinas. Los que pagan impuestos, pagarán más. El dinero mal alcanzará para que los burócratas del poder sigan engrasando al México seco y rezagado. Lo aprobado no salvará a millones de la humillación que es el desempleo, ni le cambiará el rostro al país. Y menos perfila un proyecto nacional.
Fue el triunfo de una burocracia emergente (los jóvenes gobernadores y aspirantes a gobernadores del PRI) que no prefigura más inteligencia, imaginación y coraje que la de los derrotados: el presidente Calderón, ahora resignado a remar con lo posible, no con lo deseable; los inútiles perredistas, de López Obrador a los Chuchos y Encinas, embelesados en su lógica política que los aleja cada día más del centro de decisión (onanistas que sólo viven para darse placer a sí mismos); Manlio Fabio Beltrones y la que ya podemos llamar vieja e ineficaz escuela de la negociación; y los panistas-no calderonistas, buenos para prácticamente nada: perdieron con Fox, con Calderón, perdieron el jueves.
Qué tristeza haberlos acompañado tantos años desde la trinchera periodística y verlos así de fútiles. Qué tristeza repetir este párrafo, escrito aquí el 31 de agosto: “La mayoría de ellos ha hecho saber que a partir de hoy, que zarpa la 61 Legislatura, podrá tomarse una ruta de acuerdos, atención a los problemas de solución impostergable. Lo dudo. Culturalmente, son una generación que no aprendió a construir. Y genéticamente están mal dotados para los altos vuelos”.
Lo peor es que el capítulo del IVA dejó ver también que la próxima generación no pinta mejor. Nada mejor.