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Diccionarios 2

Publicado el: 07-Noviembre-2009

En Zacatecas y en los bellos restaurantes citadinos de ese patrimonio cultural de la humanidad que es su Centro Histórico, circula fotocopiada una hoja doble a máquina (haga usted de cuenta el exclusivo “Gráfico de la Tarde” del maese José González-Pico, mejor conocido en el mundo real como “El Picos”), que se titula “De boca en boca y de mano en mano”.

Esta publicación trae su aviso legal de que va en su tercer año, es su tercera época y es el número 192. En este especial ejemplar artesanal que tengo a la mano, viene una especie de diccionario de términos, de frases; expresiones y palabras que el redactor luego define con humor, sarcasmo y socarronería que es de alta escuela.

Transcribo dos espléndidos ejemplos de este grato hallazgo. “Manifestación: multitud de inconformes que pasan por la calle principal, embarrando su sombra en el piso y llenando las paredes de gritos con insultos para la autoridad”. Y la siguiente definición que es invulnerable: “Peregrinación del silencio: multitud de beatones e hipócritas, que salen a pisar las calles, todos encubiertos; van ataviados con sandalias, capuchón y túnica. De los espectadores que asisten a ver esta singular marcha del fingimiento, nadie sabe quién porta los negros mantos”.

La buena prosa, el humor corrosivo y el talento se encuentran en todos lados y están esperando sólo que nosotros los descubramos. De aquí entonces que tengo años coleccionado lo mismo frases, aforismos y palabras aparentemente triviales, que libros de escaso tiro o presencia, los cuales son fuente valiosa y un verdadero tesoro para los amantes del lenguaje, como lo son doña Lucía Teissier y Alfredo García.

¿Alguien ha notado que no he nombrado en este díptico de columnas sobre las expresiones norteñas y su linaje, a los “historiadores” locales de rancia y sobada fama provinciana como Arturo Berrueto, Alfonso Vázquez o Lucas Martínez? No lo he hecho por un solo motivo: no obstante que éstos gozan de una generosa beca perpetua del Gobierno del Estado, sus aportaciones a la historiografía local son mínimas, si no es que nulas. Servidos, entonces.

En Coahuila y en Saltillo todo está por hacerse, todo está por escribirse y como en aquel viejo libro que el catrín de Armando Sánchez Quintanilla se sabe casi de memoria, “Cien años de soledad”, todo está por nombrarse. La vocación adánica de ir nombrando lo que se está viendo, aquí es verdad y aún es letra viva.

Esquina-bajan

Habría que empezar a redactar en Coahuila los proyectos siempre pospuestos: recopilar y ordenar un “Diccionario de voces y letras de Coahuila”. Una “Guía de ciudades y lugares imaginarios de la narrativa mexicana”. Darle forma a un “Diccionario de lugares comunes”. Editar un “Diccionario toponímico de Coahuila”. El erudito Jaime Torres Mendoza ya debería editar su libro de zoología imaginaria, con las bellas láminas pintadas por él, ex profeso para la edición…

¿Por qué Coahuila siempre va a la zaga de lo que ocurre en materia cultural e histórica? Porque los presupuestos y becas quedan sólo en manos de los “historiadores” que sirven abyectamente al poder político, así de sencillo. De aquí deriva que editores privados como Roberto Adrián Morales, Jaime Torres Mendoza o César Castillo lancen su botella al mar.
La historia y la cultura en Coahuila son letra muerta. Por eso se erigen museos, lápidas y tumbas para el sarape, para la pintura, para los toros, para los pájaros… todo está muerto, nada está vivo. Aún se considera en Coahuila que ir a un Museo a admirar los calzones de don Venustiano es un “acto cultural”. ¡Por Dios! Qué ignorancia.

Letras minúsculas

Prometo retomar mi monumental work in progress: “Diccionario de voces, frases y términos usados en el norte de México: un asedio hermenéutico y de campo”.

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Contraesquina

Por: Jesús R. Cedillo
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