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Publicado el: 05-Noviembre-2009
Aparentemente, la lucha que emprendió la comunidad cinematográfica en defensa del incentivo fiscal del artículo 226 de la Ley del ISR, que permite a las empresas privadas invertir en cine parte de su pago de impuestos, ha rendido frutos.
Hace unos días, las fracciones parlamentarias del PRI, PAN y PRD del Senado se comprometieron a mantener vivo dicho apoyo, y a defender ante la Secretaría de Hacienda la necesidad de no afectarlo.
Después de escuchar los argumentos que plantearon en pro del cine mexicano los actores Diego Luna y Daniel Jiménez Cacho, senadores de los tres partidos políticos más importantes en el Congreso anunciaron que corregirán en el paquete fiscal del 2010 la redacción de las reglas de operación del 226.
“Quiero anunciarles que el trabajo que han hecho ha rendido frutos. Hemos decidido, las tres fracciones parlamentarias, proceder al dictamen de las correcciones, para eliminar cualquier intervención del SAT o de la Secretaría de Hacienda con respecto al Artículo 226”, señaló el senador panista Gustavo Madero ante los realizadores.
El Artículo 226 de la Ley del ISR permite a empresas privadas, desde 2007, otorgar recursos a las producciones nacionales como una deducción de impuestos, un incentivo que contribuyó a elevar el número de películas hasta 70 por año.
Sin embargo, este año las autoridades hacendarias establecieron un criterio según el cual se gravó a las empresas participantes con un impuesto adelantado por apoyar esas producciones, alegando que en algún momento se daría su recuperación en la taquilla.
A través de su historia —todo el mundo lo sabe—, la situación del cine mexicano ha sido siempre precaria. Después de todo, no debe de ser nada fácil competir con la abundante y atractiva producción de California, sin contar la menos abundante producción europea, de garantizada buena calidad.
Este hecho no sólo ha terminado por asegurar una posición cada vez más importante al cine europeo en el mercado mexicano: simultáneamente ha mejorado el gusto de los cinéfilos mexicanos, lo que también influye en la exigencia de buena calidad para la producción de casa.
Y debemos insistir en el papel del cine entre los factores de la educación de los mexicanos. Basta comparar el habla popular de hoy día con la que se escuchaba hace veinte, hasta diez años, en los lugares públicos. La multitud de disparates que se intercalaban en la conversación ha ido desapareciendo, lentamente si usted quiere, pero con seguridad. Y el habla popular actual, limitada y plagada de errores todavía, es sin duda mucho más amplia y más correcta que aquélla. El tiempo ha sido, sin duda alguna, un factor de mejoría en un ámbito tan importante.