• » Conectate
  • » Registro
  • Newsletter
  • Vanguardia para llevar
    Llévate todas las noticias del momento con V para llevar, la edición que te ofrece Vanguardia para que imprimias
  • » CLIMA
  • Hoy es 9 de febrero del 2010

Carta a mis mandantes

  • vota:
     |  Existen  
     votos
  • 27-Junio-2009
  • Hace unos días VANGUARDIA publicaba que la costumbre de escribir cartas está prácticamente en desuso, y es cierto. Hoy día hay otras maneras de comunicarse más rápidas y expeditas, sin embargo, desde la óptica de esta escribana, lo que uno expresa en una misiva cuando se toma el tiempo y el espacio para verterlo, va más allá del mensaje electrónico —al que no desairo y reconozco y pondero— o la llamada telefónica.

    Decir lo que uno piensa por escrito permite degustar el contenido de cada concepto que estampas, cuidar las palabras para usar precisamente las idóneas, es decir, aquellas que fielmente traduzcan lo que sientes y lo que aspiras que tu destinatario reciba, te lo da esto, una carta. Por ello, decidí escribir una, una que le diga a las personas en las que reconozco a mis únicos mandantes, hoy que tengo el privilegio de ser diputada en el Congreso de Coahuila, lo relevante de la participación en los asuntos que nos son comunes, y que se conjugan en una denominación bipartita: México/Coahuila.

    Soy diputada plurinominal, sí, de esos legisladores precisamente que se estima que no representan a nadie, porque no fueron electos directamente por el votante, como sucede con los de mayoría relativa que van por un distrito en lo particular, por ello debo de hacer la siguiente precisión, toda vez que no es exactamente así. Me explico: Mi arribo al seno del Poder Legislativo local lo debo al 18% de votos del casi 40% de electores en el listado nominal, que acudió a votar en octubre del año pasado y que lo hizo por Acción Nacional.

    Mis deberes son exactamente los mismos que los de aquellos que llegaron por el principio de mayoría relativa y, de las responsabilidades, ni hablar, son las mismas también, de ahí que hoy me esté dirigiendo a todos y cada uno de los coahuilenses para invitarlos respetuosamente a que asuman las suyas; entre otras, que se hagan cargo de su propiedad, porque no hay más dueños de México y de Coahuila que sus habitantes. No los gobernantes, ni los partidos políticos, como la costumbre errada ha establecido desde hace muchas, muchas décadas y así lo han aceptado ustedes.
    Según los especialistas en asuntos electorales, la gente no va a votar por un sinfín de razones, entre otras, porque les tiene sin cuidado quien llegue o quien no llegue al cargo de elección popular, al cabo que tan malo es el pinto como el colorado; otros porque les da pereza; otros, porque votar es un derecho de naturaleza discrecional y por eso lo ejercen cuando quieren, la obligación simplemente la ignoran, lo que no implica ningún problema, toda vez que la propia ley lo solapa.

    Al margen de los cincuenta mil motivos que puedan esgrimirse para explicar la debacle de la indiferencia institucionalizada, el fondo de la misma abreva en la paupérrima educación cívica que impera en este país y que a casi nadie, por no decir que a nadie, le preocupa, menos le ocupa, que así permanezca hasta la consumación de los siglos.

    No hay ninguna disposición legal que le dé seguimiento a si efectivamente los partidos políticos cumplen con su obligación de promover la participación ciudadana, como dispone el 41 Constitucional a nivel federal o el 27 en lo local y la evidencia reina de que no lo hacen es el grado de abstencionismo que queda de manifiesto en cada elección. Tampoco al IEPEC o al IFE los llama nadie a cuentas por su pésimo trabajo en este ámbito, porque es importante que ustedes sepan que el cumplimiento de la obligación no es exclusiva de los partidos políticos, también incluye a los organismos electorales. Y el cuantioso financiamiento corre por cuenta de los contribuyentes, es decir, de ustedes.

    De hecho, entre otros motivos, haberles dotado de vida permanente y no sólo en procesos electorales, se debe a eso, a que promovieran siempre la participación cívica de la población para que, llegados los comicios, ésta tuviera acendrado en el ánimo y la voluntad el compromiso de ir a decidir a quiénes les otorga su confianza para que la gobiernen y hagan leyes y fiscalicen el gasto público y luego les dieran puntual seguimiento.

    Apreciados coahuilenses, la desesperanza, el coraje, la rabia, el desencanto y toda esa gama de sentimientos que ustedes experimentan en contra de la clase política y que los lleva a detestarla o simplemente a ignorarlos, no sólo es producto de la desvergüenza y el abuso de aquélla, también acusa el descuido y el desinterés de parte suya. Dejaron en manos de la servidumbre el manejo y administración de su casa, jamás supervisaron. ¿Qué esperaban encontrar?

    Siempre es tiempo de recapitular ¿Cuánto tiempo más va a llevarles decidirse? Anular el voto no es la solución. Me reitero a sus órdenes.

    esther_quintan@yahoo.com.mx

  • Comenta aquí›


Dómina

Por: Esther Quintana Salinas
ARCHIVO
  • Publicidad›


  • Nuestra Comunidad›


VANGUARDIA on Facebook