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Creo que fue Aristóteles quien afirmó que el ser humano es lo que repetidamente hace, que por tanto, la excelencia no es un acto, sino un hábito. Ciertamente este pensamiento invita a reflexionar sobre lo que cotidianamente hacemos: ¿realmente cumplimos con nuestras tareas?, ¿en verdad hacemos lo que tenemos que hacer?, ¿con qué calidad hacemos nuestro trabajo?, ¿hacemos que las circunstancias se sucedan a nuestro favor?, ¿estamos cumpliendo con nuestra misión responsablemente, con total entrega y dedicación?, ¿tenemos la actitud y agallas para cambiar aquello con lo que no estamos de acuerdo?
Realidades por descubrir
Es común que en el diario vivir nos acostumbremos a ver la realidad como algo dado, como una situación de destino, olvidando que nuestro entorno se encuentra condicionado por nosotros mismos, por paradigmas propios, y por tanto, depende de nuestra voluntad cambiar la forma de ser y de ver al mundo.
Durante el proceso educativo aprendimos que las cosas y las situaciones de la vida son como las vemos y las vivimos, nos enseñaron que no hay muchas maneras de cambiarlas; sin embargo y para nuestro propio bien, siempre ha habido personas inconformes con su realidad, que han generado toda una gama de distintos productos, servicios y procesos que, en términos generales, han venido a hacer mas fácil, en muchos aspectos, la vida del ser humano contemporáneo. Sana inconformidad
Esta sana inconformidad es la que conduce a los seres humanos a buscar un mejoramiento continuo en su quehacer, en su vivir; esta búsqueda, combinada con la voluntad de “hacer que las cosas sucedan”, es la que permite al hombre salir de su mundo rutinario, de su mediocridad. Esta forma de ser enseña que no existen los imposibles cuando se tiene el entusiasmo de trascender y de alcanzar las más excelsas metas. A esta actitud se le denomina proactividad: hacer que las cosas sucedan.
¿Qué es ser proactivo? Steven Covey considera que la esencia de la persona proactiva es la capacidad de liderar su propia vida. Al margen de lo que pase a su alrededor, la persona proactiva decide cómo quiere reaccionar ante esos estímulos y centra sus esfuerzos en su círculo de influencia, es decir, se dedica a aquellas cosas con respecto a las cuales puede hacer algo.
Entonces la proactividad es más que un pensamiento positivo; significa materializar, en la realidad, los sueños que ya han sido creados en nuestra mente: representa la segunda creación del hombre, es la antítesis de las buenas intenciones y de los pecados de omisión.
Como seres humanos hemos sido condicionados a acostumbrarnos a nuestro mundo, y pensamos que aquellos que han cambiando nuestra realidad material, por medio de sus contribuciones personales, pertenecen a otro tipo de seres; tendemos a pensar que son personas privilegiadas por la naturaleza, que son súper hombres.
En síntesis una persona proactiva no es solamente la que toma la iniciativa, sino la que se encuentra dispuesta a asumir la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan; decidir en cada momento qué queremos hacer y cómo lo vamos a hacer
Personas comunes
Aquellos que con sus ideas y trabajo han generado nuevas opciones para sus congéneres son personas comunes y corrientes con un alto grado de responsabilidad y tenacidad; es decir, seres normales que han hecho de la vida y de su testimonio un hábito profundamente dinámico: son los prototipos de la proactividad.
Cuando existe un sueño por cumplir, cuando hay el deseo de alcanzar metas nos encontramos en un estado grandioso de creatividad y de intención, pero estamos débilmente ligados a nuestra realidad cotidiana, por lo tanto, es necesario generar grandes dosis de voluntad y estímulo a fin de que ese sueño, poco a poco, tome vida y exista. Dos dimensiones
La persona proactiva crea en dos dimensiones todo cuanto hace, por un lado, las obras se generan en el ámbito inmaterial, en el de la imaginación, para después pasar a la dimensión real, a la creación material, en el mundo de la realidad tangible y sensible a nuestros sentidos.
Al referirnos a las personas que son proactivas quizá podríamos estar hablando de nosotros mismos, pues esto lo podemos lograr cuando salimos -nos escapamos- de nuestra cotidiana rutina y del “acostumbramiento” que nos tiene secuestrado; todos podemos empezar nuevos proyectos, todos debemos tener claro que el diario mejoramiento lo podemos lograr sólo si deseamos que cambien nuestras realidades, si iniciamos a brindarle a nuestras vidas altas porciones de confianza, si aprendemos a decir basta, si estamos decididos a “hacer que las cosas sucedan”. Dos comportamientos distintos
María Pallarés, experta en el tema de la proactividad en el contexto laboral comenta que “dos personas que trabajan en un mismo entorno laboral, con responsabilidades idénticas y bajo las mismas circunstancias pueden realizar su trabajo de maneras muy distintas. Una cuestiona la manera habitual de trabajar si no obtiene los resultados deseados, emprende constantemente nuevas acciones y genera cambios constructivos en su entorno.
La otra se conforma con su situación actual y no hace nada para cambiar lo que no funciona. La primera persona se comporta de forma proactiva, la segunda, lo hace de forma reactiva”. La importancia de actuar de esta manera en el ámbito laboral indudablemente paga grandes dividendos, porque la proactividad finalmente se orienta a la obtención de resultados Grandes oportunidades
Sin duda deseamos estar mejor, queremos todos poseer mayores niveles de bienestar, pero pocos son los que de una manera continua, sistemática y consciente se atreven a intentarlo. Quizá la vida sea corta, pero si lo vemos con realismo y profundidad esta vida es suficiente si cotidianamente nos dedicamos a vivir buscando bienes superiores, si diariamente tenemos el carácter de entusiasmarnos ante el maravilloso hecho de saber que estamos vivos y que tenemos la libertad de elegir la magnífica oportunidad de alcanzar la estrella que ha sido encendida para cada uno de nosotros.