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Publicado el: 02-Noviembre-2009
Con un regalo, mi padre me enseñó lo importante que es no juzgar un libro por su cubierta…
QUERIDA ANA:
Le voy a contar una hermosa historia. Se relaciona con los regalos. En este caso los regalos de un papá para su hija. La que recibe los regalos es una amiga mía y dice que ya está harta de que su padre le regale cosas inútiles. Dice que le ha regalado un chal de invierno como para viejita. También le dio un televisor en blanco y negro y que no tiene control remoto. Dice que tiene buena imagen y sonido, pero que no le sirve porque es realmente viejo. En fin, dice que los regalos que le da son tal vez de cosas que se encuentra en las tiendas de cosas usadas o en algún basurero.
Yo la dejé hablar para no interrumpirla y para que se desahogara, pero luego le conté mi historia personal que es la siguiente: Cuando cumplí 18 años, mi papá me dio un regalo muy extraño. Era un viejo libro de química que estaba muy usado y bastante viejo y estaba envuelto en una bolsa de papel café. Cuando me le quedé mirando, él me dijo que ahora que me había inscrito en la facultad de química, iba a serme útil. (Mi papá es químico). Agregó que lo había encontrado en el trabajo (él trabaja en una empresa que se dedica a hacer productos químicos para la agricultura). Mi primer pensamiento fue que mi papá había estado bebiendo, pero me acerqué para besarlo y no olía a alcohol. Luego comencé a cuestionar la salud de su juicio, mientras me decía lo bien que el libro explicaba los temas.
Como quiero mucho a mi papá y me precio de ser buena hija, abrí el libro en la primera página y miré el contenido, mientras mi mamá se reía por lo bajo cuando yo aparenté que me gustaba el libro y me entusiasmaba su contenido. Pasé otra página y mi papá me dijo que checara unas gráficas, así que comencé a hojear el viejo libro. Y ¡cuál sería mi sorpresa! Encontré un billete de $100.00 (cien pesos) en cada página del libro. Ese era su regalo de cumpleaños para mí Mi padre, con su regalo, me había enseñado que no juzgara a un libro por su cubierta.
Le dije a mi amiga que juzgara más profundamente a ver si hay sabiduría en los regalos que le ha dado su padre. Ese chal para “viejita”, puede serle útil cuando tenga más años y entonces sentirá que el calor del cariño de su padre la abraza. Y el viejo televisor, quizás un día (tal vez ya) sea una antigüedad que valga bastante dinero. Ella puede darse cuenta de que no siempre lo viejo significa inútil y habrá aprendido una valiosa lección.
REGALOS VALIOSOS
QUERIDA REGALOS VALIOSOS:
Tiene usted mucha razón. Y me pregunto cuántos hijos habrían tirado el libro que su padre le regaló sin ni siquiera haberlo abierto para ver su contenido. Quienes lo hubieran hecho así, habrían merecido perder.
Además de regalos valiosos, son lecciones valiosas. La felicito por tener un padre “tan padre”.
ANA
QUERIDA ANA:
Leí hace algunas semanas una carta que le dirigía una mujer que se casó con un viudo y mencionaba su inquietud acerca de la inscripción en la lápida el día que se muera. A mí me pasa lo mismo. Tengo 57 años y hace cinco que me casé con un hombre viudo, con el que soy muy feliz, ya que es una persona maravillosa, que duró 28 años casado con su primera esposa y con ella tuvo un hijo varón, ya casado. Hace bastantes años compró un terreno en el panteón, y cuando falleció su esposa le pusieron una lápida que dice el nombre de ella y la de su cumpleaños (no la fecha de fallecimiento). También tiene el nombre de él y de su cumpleaños, y luego dice “Juntos para siempre”.
Como él es un hombre muy previsor, pensó ya en mi propia lápida. Compró otro terreno al lado del de ellos pero no tiene lápida. Me dijo que yo le inscribiera lo que yo quisiera, pero que sí quería que reposáramos juntos. He estado pensando en qué ponerle a la lápida y se me ocurrió algo un poco chistoso: “Aquí reposa la otra parte de la historia”. Eso me hace sentirme incluida en su vida. Se me han ocurrido otras cosas, pero esa me parece la mejor.
¿Tendrá usted una mejor idea? Quiero estar cerca de él para siempre, y respeto que su difunta esposa quisiera lo mismo. No deseo lastimar a nadie.
CUENTA REGRESIVA
QUERIDA CUENTA REGRESIVA:
Solamente deseo decirle una cosa: Antes de invertir en una costosa lápida, haría bien en considerar qué pensaría el hijo de su esposo, quien será el que seguramente verá su lápida. Asegúrese de que no se sienta lastimado. Usted no desea eso y me parece muy bien. Piense bien antes de actuar. ANA
Todos tenemos problemas. ¿Cuál es el suyo? Para una respuesta escriba a: ANA APARTADO 500 o BOULEVARD V. CARRANZA y CHIAPAS, SALTILLO, COAH. También puede hacerlo vía internet: ana@vanguardia.com.mx