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Publicado el: 02-Agosto-2009
La esencia de la vida puede caber en una semilla. Y ninguna semilla lo ha demostrado tanto como la maravilla del amaranto. El minúsculo alimento que ya era –antes de nuestra civilización- nutriente básico, delicioso gusto y ofrenda espiritual, mantiene su supremacía en el reino vegetal para burlarse por siempre de aquella ignorante apreciación de sus virtudes en la que se originó la frase “me importa un bledo”.
Reflejaba el desprecio y pretendido ninguneo de los conquistadores españoles por esta planta (que entonces llamaban bledo) considerada maleza, con la que los aztecas en fechas específicas de su calendario, mezclaban con miel de abeja para hacer figuras de sus dioses que luego comían durante las ceremonias como símbolo de comunión con sus deidades –entre infinidad de usos más-, por lo que la expresión servía también para desdeñar la cultura religiosa.
Fue ése aspecto del amaranto, el religioso, por el que los españoles prohibieron su posesión y cultivo, además de emprender una cruzada para eliminar al elemento ‘pagano’ prendiéndole fuego a cuanto sembradío de amaranto encontraron. Pero rebeldes con el enemigo y agrade cidos con la Tierra y el Cielo -por cuya gracia el amaranto vino a nacer a suelo azteca-, a nuestros ancestros les importó… una orden colonialista la prohibición.
Y al amaranto también, pues no sólo lo siguieron cultivando en las áreas rurales más aisladas, sino que siguió creciendo, como siempre y sin pedir premiso, en las tierras más estériles, fortaleciendo su raíz silvestre. De hecho, además de su resistencia a las sequías y heladas, actualmente se estudia en ese sentido a la que sería la primera planta que ha desarrollado inmunidad por selección natural a los herbicida no selectivo.
Una comercializadora de amaranto chiapaneca, Leticia López, dice estar enamorada del amaranto que para eso está hecho, porque en el nombre lleva la palabra amar. Lo que en realidad dice su nombre, que originalmente es “huautli” y significa ‘vida eterna’, es que el amaranto es para siempre.
A la planta de amaranto también se le conoce como la “planta inmarcesible”, es decir, que no se marchita. Incluso cuando carece de agua. En algunos países aún se le llama “bledo” y también se le conoce como “la semilla de la alegría” o simplemente “alegría”.
El amaranto es una planta de cultivo anual, de tupidas y anchas hojas rojas brillantes, espigas y flores amarillas, naranjas, violetas y doradas, que puede alcanzar 3 metros de altura. Hace 7 mil años que esta semilla se cultiva y utiliza en lo que hoy es nuestro país, constituía junto al maíz y frijol y la chía la principal fuente de proteína de los pueblos prehispánicos. Los mayas, aztecas e incas lo consumían como verdura y grano reventado.
Históricamente, el origen de la planta de amaranto se ha ubicado en lo que hoy es nuestro país y el vecino Guatemala. Las zonas de producción y cultivo de amaranto hoy son las mismas de la época precolombina. Puebla es el mayor productor de amaranto en México con el 51 por ciento de la producción total nacional. Le sigue Morelos, Tlaxcala, el Distrito Federal, el estado de México y Guanajuato.
Súper alimento
El amaranto es el producto de origen vegetal más completo. Sus pequeñas semillas contienen casi el doble de proteínas que el trigo o el maíz, y el doble de las proteínas que contiene el arroz; sus hojas superan en hierro a las espinacas de acero y su contenido en fibra dietaria es casi inverosímil.
Al divino amaranto no le sobra nada: las hojas se consumen como verdura en algunos lugares y en otros se utiliza como forraje para los animales; la semilla se revienta o se hace harina para producir una gran variedad de alimentos y con las flores se hacen ornatos.
Sus hojas y semillas contienen una gran variedad de nutrientes. Son una de las fuentes más importante vitaminas A, B, C, B1, B2, B3, ácido fólico, niacina, calcio, hierro y fósforo. Además, es uno de los alimentos con más alta presencia de aminoácidos como la lisina.
Contiene entre un 5 y 8% de grasas saludables. Destaca la presencia de Escualeno, un tipo de grasa que hasta ahora se obtenía especialmente de tiburones y ballenas.
Un cúmulo de propiedades por las que hace más de tres décadas es considerado por la Academia Nacional de Ciencias de EEUU “El mejor alimento de origen vegetal para el consumo humano”, opinión replicada por la Organización para la Alimentación y la Agricultura.
Se consume principalmente como cereal reventado, forma de la cual se obtienen las alegrías, esos dulces nuestros como palanquetas generalmente con semillas de calabaza y cacahuate, enriquecidas con miel, nuez, pasas y coco; el cereal de amaranto, granolas, tamales, atoles, pinole, mazapán, etc. también se producen cereales enriquecidos, tortillas, galletas, panqués, horchata, bebidas, hojuelas, almidones, aceites, colorantes, etc.
Y aunque no se ha extendido mucho en esa presentación, como harina, es excepcional, pues a diferencia de la de trigo, la harina de amaranto no tiene gluten, lo que la hace accesible a para celíacos y el porcentaje de proteínas, calcio y fibra dietaria es considerablemente mayor. La harina se emplea como base de pasta para pastel o galletas —elaboradas con harina integral, amaranto, piloncillo, azúcar mascabado, leche, aceite de maíz, vainilla y canela-.
La semilla inflada natural se puede añadir a las sopas o ensaladas, así como a la mezcla de papas prensadas para preparar tortitas solas o con queso. La semilla inflada endulzada constituye un delicioso complemento de la fruta o yogurt.
Alegría… Y medicina
Al amaranto se le atribuyen numerosos efectos medicinales desde tiempos prehispánicos, cuando sus hojas se utilizaban como infusión contra la diarrea, acierto que más tarde la investigación científica confirmó.
No en vano es Alegría. Una investigación reciente de estudiantes de la licenciatura en Promoción de la Salud de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, registró que el valor nutricional de ‘huautli’, permite mejorar la calidad de vida de los adultos mayores y logra la longevidad, debido a su alto contenido de triptófano, un aminoácido esencial para el organismo que ayuda a regular los niveles de serotonina en el cerebro.
La serotonina es un neurotransmisor que se encuentra en varias regiones del sistema nervioso central, y su función está relacionada con el estado de ánimo en las personas. Padecimientos como ansiedad, insomnio, y estrés, se reducen gracias al triptófano.
Concluyeron así que el amaranto puede considerarse un alimento ideal para las personas de la tercera edad por sus propiedades antidepresivas, evitando en éstas el estrés y mejorando su calidad de vida.
Asimismo, regula los niveles de colesterol en la sangre y normaliza los niveles de ácido úrico (desecho del metabolismo en el cuerpo humano que puede dar lugar a cálculos renales).
Estudios recientes demostraron también que podría prevenir el cáncer de colon. Se le atribuye la prevención y el control de la osteoporosis, diabetes mellitus, obesidad, hipertensión arterial, estreñimiento y diverticulosis, así como de la insuficiencia renal crónica, insuficiencia hepática, encefalopatía hepática, enfermedad celiaca.
Se recomienda en la dieta para personas autistas, con problemas bucodentomaxilares, geriátricos, de desnutrición y oncológicos, además de las dietas altas en proteínas o las de personas con requerimientos calóricos elevados.
Finalmente, en las últimas décadas se ha desatacado que constituye un excelente “alimento neuronal”, pues se ha comprobado científicamente que aporta directamente importantes nutrientes para el buen funcionamiento de las neuronas. Y regula la serotonina, neurotransmisor relacionado con el estado de ánimo de las personas.
Y más
La planta de amaranto es un producto además de aprovecharse como grano, como verdura, como esquilmo (para forrajes de los animales, abonos de los cultivos y camas para los cultivos de vivero) y como planta de ornato, se usa también en la industria cosmética que recurre cada vez más a activos de origen natural.
Recién se descubrieron las ventajas de sus aceites con alto contenido de ácidos grasos esenciales (linolénico y linoleico), como ingrediente activo para elaborar productos auxiliares para mantener suave la piel.
La directora de Laboratorios Jabotiere, Ing. química María Teresa Álvarez, afirma que la semilla de amaranto, “Posee ingredientes emolientes equilibran la cantidad de grasa) que disminuyen la pérdida de agua a través de la epidermis; es decir, que ayuda al cutis a conservar su hidratación natural, aun en climas secos. Su contenido de escualeno (componente natural cutáneo, ausente en textura seca) ayuda a mejorar la flexibilidad y suavidad pilosa (vello facial). Es similar a los importados de Inglaterra y Chile para fabricar cosméticos que suavizan la piel, disminuyen líneas de expresión y retardan efectos del envejecimiento, por lo que tenerlo en nuestro país es todo un orgullo”.
Orgullo, privilegio, don. Maravilla imperecedera e inmarchitable que en el nombre lleva la “vida eterna” que regala al crecer por su mera gracia.