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Amando mi cuerpo

Publicado el: 11-Febrero-2008

Cuesta un poco de trabajo creerlo, pero la masturbación es una forma de amor a nosotros mismos. Pero todavía puede costarle trabajo a algunas madres de familia reconocer que sus hijos (as) sienten placer sexual y que tienen una vida en donde ellas han quedado de lado. Un pregunta de nuestras lectoras, nos permite hablar de este tema que sigue siendo un tabú.

¡Sorprendí a mi adolescente!

“Estoy angustiada, hace unos días encontré a mi hijo de 14 años masturbándose frente a la computadora donde tenía imágenes pornográficas. No supe cómo reaccionar, no sé qué decirle”. Estela, 43 años.

Durante siglos nos hicieron creer que el ejercicio de la sexualidad era algo muy primitivo, que si no servía únicamente para la reproducción, su función dejaba de ser destacada. Desde los tiempos de Platón circulaban las ideas de que la sexualidad era inferior a la vida espiritual, se rechazaba el placer sexual.

En alguna época, incluso, se llegó a creer que el espermatozoide contenía toda la información para procrear a un ser humano, y por lo tanto, si no se depositaba en el lugar correcto, es decir, el útero femenino, era algo así como “matar” a pequeños seres humanos. Desde entonces, una de las prácticas sexuales que han sido señaladas con una carga muy negativa es la masturbación. Bueno, hasta el solo nombre puede inquietar a algunas personas.

El autoerotismo como también se le dice, es ante todo una forma placentera de estar con uno mismo.

La masturbación en los adolescentes es una forma de conocer su cuerpo, de acompañarse. Las primeras exploraciones empezaron a muy corta edad, sin embargo, la conciencia del placer es mucho más clara en este período. Sorprender a nuestro hijo estimulándose no nos debe llevar a otra cosa que a respetarlo.

Es frecuente que madres y padres abran sin previo aviso las recámaras de los jóvenes, como si su jerarquía dentro de la familia no nos obligara al clásico “¿puedo pasar?”. Sus recámaras y sus espacios de trabajo no son respetados como se merecen. Es necesario saber que ellos necesitan sus tiempos de intimidad, de privacidad. Cuando las casas son muy pequeñas y limitadas, el baño se convierte en el lugar más propicio para estar con uno (a), pero hasta allá llegan las invasiones maternales “Apúrate, qué estás haciendo”.

La práctica de la masturbación acompaña diferentes periodos de nuestras vidas, y no es exclusiva de los y las adolescentes. Puede ser una práctica erótica dentro de una pareja que puede masturbarse mutuamente, o disfrutar del placer de ver a la otra persona hacerlo. En etapas de abstinencia involuntaria, como una enfermedad o el posparto de la compañera, la masturbación puede ser una alternativa.

Hace una semana, hablábamos de que puede ser una forma de vivir la sexualidad en las personas que no tienen pareja, viudas (os), divorciadas (os), solteras (os). La masturbación no es un acto para “almas olvidadas”, al contrario, es una saludable manera de darnos placer.

Para “inspirarse”, las personas buscan diferentes estímulos que pueden ir desde las revistas eróticas y/o pornográficas, una pequeña ceremonia llena de motivaciones placenteras (velas, música, un baño caliente, etcétera), o hay quienes echan a volar su imaginación con toda la creatividad de que son capaces.

Aquí no hay ni cosas buenas ni malas, un estímulo puede ser efectivo para ti, y no tanto para mí, el asunto es brindarnos la posibilidad de estar con nosotros (as) que somos nuestra mejor compañía.

Nuestro cuerpo es la materia prima de nuestra sexualidad y si no lo conocemos, si no sabemos recorrerlo y encontrar los rinconcitos más placenteros, nuestra vida sexual será muy limitada. Hay que atreverse a sentir en todo nuestro cuerpo y no sólo en las áreas genitales.

Bibliografía complementaria.

El tema de las masturbación ha inquietado a varios especialistas que publicado algunos texto para informar correctamente a la población.

1) “Los médicos, fabricantes de angustias”, de Alex Comfort. Hay un capítulo especialmente dedicado a la masturbación y las atrocidades que se cometieron para “curarla”.

2) “Los placeres del autoerotismo”. Editorial Alamah, del doctor Edward L. Rowan. Comentarios: patricia.kelly@eluniversal.com.mx

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