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Publicado el: 27-Octubre-2009
Hoy en punto en el Senado de la República se dan cita los creadores cinematográficos del país para definir el futuro de la industria fílmica nacional.
Para la ocasión, lo de menos es dedicar estas líneas a uno de los principales soportes actorales de la misma industria durante la llamada “Época de Oro”, quien el sábado pasado cumplió 30 años de haber dejado de existir en el plano físico, pero que nos legó una prolífica filmografía como lo fue el histrión de origen orgullosamente saltillense Fernando Soler.
Y es que según lo escribe el prestigiado crítico del cine nacional Emilio García Riera en su libro “Los Hermanos Soler” (Universidad de Guadalajara, IMCINE, 1990) acreditado como un actor de fama y mérito desde su debut formal en el cine mexicano, Fernando Soler pudo elegir a sus personajes: “Me he negado a interpretar al afeminado o al villano porque no los siento; en cambio acepto los de padre bondadoso y los de padre cruel. También me han gustado los de calavera, quizá porque lo he sido mucho en la vida” (Cuadernos de la Cineteca Nacional, n.1).
Así fue como luego de iniciarse en la dirección de cine en 1940 con una visionaria ópera prima que bajo el título de “Con su amable permiso”, se dirigía a sí mismo como un hombre de moral intachable que es “lanzado al ruedo taurino” cuando por ser héroe de un asalto bancario es convocado a convertirse en el alcalde de la ciudad en la que vive, y de en 1941 al hacer mancuerna con Sara García en el clásico “Cuando los Hijos se Van”, inició una de sus más prolíficas décadas en el cine nacional que cerró “con broche de oro” en 1949 como el conservador y estricto patriarca de “Una Familia de Tantas”, contrastándolo precisamente con la comedia “El Gran Calavera”, bajo las órdenes de Luis Buñuel y siendo una fusión de aquellos dos en el par de clásicos campiranos como padre de Pedro Infante en “La oveja negra” y su secuela “No Desearás la Mujer de tu Hijo”.
El inicio de la década siguiente no fue menos relevante para la filmografía de Don Fernando al realizar otras dos películas con Buñuel y aunque la crisis que provocó la llegada de la televisión tuvo entre otras consecuencias que Don Fernando Soler estuviera desempleado por el cine durante cuatro años; no dejó de trabajar hasta sus últimos días ya que a pesar de quejarse de que “los actores de la vieja guardia no trabajamos” y de que el nuevo cine producido por el estado hacía películas “muy desagradables”, “de mal gusto” (citó dos de Felipe Cazals, “El Apando” y “Las Poquianchis” como asuntos “que no hay qué llevar a la pantalla”) fue el cine estatal el que le dio cuatro de sus últimas seis oportunidades, entre 1972 y 1978, siendo el mejor de sus últimos papeles seguramente el que le dio Arturo Ripstein en “El Lugar sin Límites”, de 1977. Soler debía de actuar de nuevo para Ripstein en “La Tía Alejandra”, en 1978 pero lo impidieron su hospitalización y su muerte el 24 de octubre de 1979. Gracias por ese legado Don Fernando.
Comentarios a: tesse_25@hotmail.com