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Publicado el: 17-Septiembre-2008
Desde la tarde, el Gobierno Federal tenía pocas dudas sobre el responsable de las explosiones en Morelia. Todo apuntaba al grupo de narcos conocido como La Familia. Tendrá que terminar de documentarlo. Y entonces comenzar a llamar a las cosas por su nombre.
Lo de Morelia fue un atentado terrorista. A partir de la noche del 15 de septiembre de 2008, el terrorismo mexicano está dispuesto a ejecutar indiscriminadamente. El objetivo ya no son policías, soldados, presidentes municipales que no se dejan extorsionar, cómplices, traidores, hijos, esposas. Cualquier persona, en cualquier circunstancia, es ahora un blanco potencial en la estrategia de sembrar terror. Y eso se llama terrorismo.
Ya los especialistas discernirán si los hechos de Morelia (y los decapitados de Mérida, los cadáveres de La Marquesa y la ola de secuestros) son señales de debilidad o poderío de “La Familia”, los “Zetas et al”. Como sea, la narrativa nacional no puede quedar en manos de terroristas.
No es momento, pues, para la ambigüedad. ¿Quiere el PRI de Beatriz Paredes un pacto con criminales? Si no lo quiere, que lo diga con claridad. ¿Lo quiere el Ejército mexicano? ¿Quién quiere pactar con el terrorismo?
“Con el hampa no se negocia”, me dijo ayer Héctor Aguilar Camín. “No hay nada que negociar. Esa hipótesis trivial y peligrosa ha puesto en manos del hampa enormes porciones del territorio y de la policía. Ese es el verdadero origen del pudridero que es la vida pública en tantas regiones del país”.
De acuerdo. Ningún Estado que desee sobrevivir puede doblar las manos frente a quienes hacen estallar granadas en la plaza un 15 de septiembre.
Ni siquiera el Estado mexicano.