OPINIÓN

Urge recomponer la idea

lunes, 23 de febrero del 2009

Pienso que llegó la hora, y no es consecuencia del hoy y del ahora sino por lo que está ocurriendo en los últimos años, de reflexionar y exigir de inmediato un debate amplio y participativo de todos los sectores ligados a la salud deportiva y la educación del futbolista, intentando también unir desde la idea mensajes que colaboren con el sostenimiento de un espectáculo, luchando contra tantos excesos.

Una afición desmedida por la victoria puede abrir el camino (como está sucediendo) a una epidemia de brutalidades, al ejercicio admitido de la trampa, a la desaparición ética de una competencia deportiva que termina aceptando que lo único que importa es ganar.

Vemos cómo se acrecientan las lesiones graves, cómo se inventan sistemas de entrenamientos que ponen en peligro al hombre, al que en realidad hay que preservar de los riesgos de una actividad deportiva inadaptada, donde no se respeta el normal crecimiento de un futbolista.

Al contrario, se lo somete a los dictados de un mundo hipercomercializado que no repara —porque no le importa— que esta desmesurada locura por el éxito alcanzado lo mas rápido posible atenta contra su salud deportiva y es capaz también de vulnerar y alterar conductas hasta contaminarlas de pretensión y vanidad.

Urge recomponer la idea de lo que es ser un buen futbolista, respetando las leyes del desarrollo físico y psicológico del joven, apuntalando desde su formación el conocimiento del juego, respetando siempre el aprendizaje técnico y conceptual que lo fortalezca no solo desde el esfuerzo, desde la vehemencia competitiva, sino desde el arte del conocimiento.

Urge inculcar desde el crecimiento formativo la supremacía de la lealtad y la generosidad, que rescate y recomponga en el futbol todo su valor, toda su nobleza. Recordar siempre que el amateurismo es un estado de ánimo y se juega al nivel de la intención por encima del reglamento.

Un partido de futbol se recuerda o se disfruta por el carácter estético que surge de la perfección, de la armonía de los gestos, siete mil metros cuadrados de imaginación y creatividad.

Este partido memorable que impuso el futbol cargado de dramatismo, de incertidumbre, se sostendrá desde la nobleza de la lucha, llenando y estableciendo con el espectador una comunicación de emociones.