OPINIÓN

Una nota equivocada en el Cañón de San Lorenzo

martes, 05 de junio del 2012

“Todas las personas necesitan de la belleza como del pan, un lugar donde disfrutar y meditar. Es la naturaleza que cura y da fuerzas al cuerpo y el alma".
John Muir

El verde inicia tímido, de poco a mucho, como un pensamiento que se atreve, hasta que árboles brotan, nubes respiran, avanza el olor a tierra feraz primero, a resina. En el corazón del cañón las cotorras serranas vuelan, son dos parejas que rasgan el cielo con sus tronadas voces. Este espacio es para muchos un santuario, para mí también lo es. Aquí vengo a abrevar de las raíces más antiguas que tengo, vengo a hablar con la familia que son los árboles y la tierra. Pero hay una herida en la mirada y no logro borrarla: frente a mí se abre, impensable, un amplio edificio que rompe con la vista: concreto de un amarillo estridente, acero, un pedazo de urbanización en donde no. Una nota equivocada.

Pienso en el cariño que agrupaciones civiles e instancias gubernamentales le prodigan a esta área, en la lucha que amigos entrañables han realizado para proteger este pedacito de oxígeno y no entiendo. Entonces, sin borrar todo ese esfuerzo,  me permito diferir. Digo: no estoy en un parque, para eso hay avenidas pavimentadas en la ciudad que me permiten ascender; hemos elegido vivir así, entre edificios. Pero aquí, estoy en un espacio que busca conservarse lo más natural posible. Años de pensamiento que ha evolucionado entre ambientalistas, listas de acuerdos, triunfos para la vida natural que también se han pagado con vida humana.

Miro el paisaje antes libre, su beneficio de agua para nosotros y no comprendo cómo fue posible que se erigiera un edificio así. Sí, considero las necesidades turísticas y ambientales. Tal vez a la entrada del área protegida sería más tolerable y con otros materiales, pero ¿adentro, en pleno espacio natural?

Pienso en las propuestas de arquitectura de tierra, en esas construcciones ecológicas, en otros espacios naturales o parques que poseen habitaciones sencillas para recibir a los visitantes, pero a diferencia de esta área que incluye un edificio de concreto, sus espacios son construidos prudentemente, con materiales menos invasivos y con un color que se integra o se pierde, con letreros de madera sustentable.

Hablo de tendencias conservacionistas que no son nuevas, pues florecen desde que la visión humana creó parques nacionales y dejó testimonio en libros o conferencias.

Me aferro a la idea de la devoción por esta sierra y su cañón. Escucho voces multiplicadas de amantes de este espacio, quienes han acudido aquí por más de 20 o 40 años, ellos no comparten la invasión visual del concreto y su color. Menos los materiales, menos el espacio en el que fue colocado el  edificio. Y pienso en lo saludable que es la diferencia, en la importancia de escuchar otras voces; en que lo más desafortunado sería aplaudir sin cuestionar. Se espera que las decisiones de intervención en lugares como éste consideren un punto de equilibrio. Es cierto, toda entrada de visitantes conlleva el riesgo de un mayor impacto en la zona, pero para eso deben considerarse datos visibles develen de manera sencilla, el invaluable signo que la naturaleza es. Antes de partir miramos.  Me pregunto si habrá vuelta atrás a este edificio. ¿Es congruente pedir que ayudemos a conservar este espacio mientras se construye algo así?  Pienso que no. No con toda la información y la experiencia acumuladas para el beneficio de las naciones de flora y fauna, para salud nuestra también.

claudiadesierto@gmail.com