OPINIÓN

‘Suits’, abogados sabelotodo

miércoles, 04 de julio del 2012

Si un abogado te confunde con enredados términos legales y palabrejas ostentosas, es que ya le vendió su alma al diablo. Eso, justamente, sucede con los abogados de esta nueva serie, “Suits”, que comienza hoy por el canal SPACE (21:00 horas).

“Suits” es ooootro drama legal que intenta hacerse un lugar en el competido género. Cada año, al menos una o dos series sobre abogados aparecen en la televisión gringa, y lograr diferenciarse del resto se convierte en una tarea harto complicada.

Yo siempre favorezco un poquito a este tipo de proyectos. Vaya usted a saber por qué, pero me encantan los dramas legales. En algunos casos los considero un placer culpable. ¿Qué pasó por mi mente ahora que tuve oportunidad de ver “Suits”? Como respuesta, me voy por una frase populachera y jocosa: “Me asusta, pero me gusta”.

La trama de “Suits” no descubre ningún hilo negro. Un abogado apuesto, astuto y arrogante (Gabriel Macht) contrata en la firma a un joven igual de apuesto, astuto y arrogante que él, con la diferencia de que el chico (Patrick J. Adams) no tiene un título universitario. En la practicidad esto es lo de menos, pues el muchacho es un sabelotodo. Pero en la formalidad resulta una peligrosa apuesta, pues en el bufete sólo se contrata a graduados.

“Suits”, por ese lado, es un drama legal sin ninguna virtud en especial. Cada capítulo exhibe un caso, y el conflicto general radica en que los dos abogados deben proteger su mentira. En este tipo de series, el carisma del protagonista, o la química entre una pareja de protagonistas, es lo que finalmente decide su éxito o fracaso. Ejemplos de éxito son Simon Baker en “The Mentalist” o la grandiosa dupla que han conseguido Jim Caviezel y Michael Emerson en “Person of Interest”.

Así que la aceptación que ha logrado “Suits” (recién se estrenó la segunda temporada en EEUU), tendrá mucho que ver con el cariño que le ha profesado la audiencia a estos dos personajes. Entendido. Aunque no coincido del todo. Me bastaron dos capítulos para sentirme cansada con la arrogancia de los protagonistas. Yo destacaría, mejor, el ritmo ágil de la narrativa, que consigue captar la atención de principio a fin del capítulo.

Ahora, ¿cuál es su pata de palo? En definitiva, lo charolero. Lo pretensiosamente complicado de los trámites que preceden los casos, el palabrerío innecesario de términos legales y la poca necesidad de éstos, al ser un drama legal ligero y hasta cómico. De todas estas conjeturas, podría resumir mi opinión sobre “Suits” en una frase de autoría propia: “Me molesta, pero no dejaré de verla”.
¿Incongruencia? ¡Claro! Pero esta paradoja resulta maravillosa en muchas historias de ficción.

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