OPINIÓN
Stress y sustentabilidad
domingo, 17 de junio del 2012
Cuando se habla de que en un ecosistema se ha rebasado su nivel de resiliencia se habla de que tal ecosistema está estresado porque la carga que representa la huella ecológica de los humanos que allí viven sobrepasa sus posibilidades de sustentarlos primero, y de auto regenerarse como ecosistema, luego. Ejemplos de ecosistemas bajo condiciones de stress hay muchos, en la Aridamérica mexicana el caso más emblemático se presenta en las pozas ubicadas en el municipio de Cuatro Ciénegas, Coahuila.
Así como la flora y fauna de un ecosistema pueden estar estresados, también los seres humanos padecemos stress ante las vicisitudes de la inseguridad pública y de los vaivenes de la política eleccionaria; ante la circunstancia de ser causantes cautivos y por supuesto, ante los efectos del cambio climático.
Uno de mis hermanos es científico y su especialidad es la inmunología. Hace años le pregunté si habría una vinculación entre la sustentabilidad y el sistema inmunológico bajo la óptica del stress. Entonces Ricardo estudió con profundidad qué elementos del medio ambiente, medio social y medio económico estresan a las personas. Concluyó que efectivamente el stress resultante de la no sustentabilidad del contexto físico, social y económico del género humano podría afectar negativamente su inmunidad ante las enfermedades. Como colofón de esto podemos inferir que si sustentabilidad implica calidad de vida, no puede haber sustentabilidad para las personas que viven bajo stress.
Uno se pregunta si merecemos padecer el stress que significan los riesgos reales de la inseguridad. Viajo constantemente en el interior del país y puedo asegurar que ni el mismo Distrito Federal, ni en la mismísima Culiacán, Sinaloa, se siente el temor de hacer la vida cotidiana como en Monterrey.
Hace unos días transitaba en el centro de esa ciudad manejando mi vehículo con los debidos cuidados viales, cuando de pronto me cerró el paso una camioneta que seguía de cerca a un automóvil blindado. De la camioneta asomaban cuatro armas largas, (dos por cada lado), de las llamadas “cuernos de chivo”, así es que tuve que seguir involuntariamente a ese mini convoy pues detrás de mi unidad de transporte había otros vehículos transitando a medio día en el primer cuadro de la ciudad. ¿Quién o quiénes viajaban en el automóvil blindado? Cuadras más adelante la camioneta con personas que portaban armas y el carro blindado dieron vuelta hacia el poniente. En todo ese trayecto me fui preguntando sobre la calidad de vida de quienes habitan en la otrora “Sultana del Norte”, hoy un sitio de guerra.
El gran escritor Alfonso Reyes dijo sobre los regiomontanos que eran héroes en mangas de camisa. Hoy resulta un acto de heroísmo vivir en una ciudad cuasi barbárica y no por la trillada idea fuerza de José Vasconcelos de que en el norte empieza la carne asada y termina la cultura. Barbárica por tantos cuerpos cercenados y anónimos, por tantos secuestros en los que delincuentes en la pre adolescencia apuestan su vida a cambio de dinero mal habido. Qué lamentable resulta que la sociedad civil no haya encarado suficientemente el asunto porque no basta un consejo ciudadano que califique en un semáforo los alcances de los gobiernos en materia de seguridad, ni de fuerzas militares que enfrenten de igual a igual a quienes han mermado nuestra libertad, nuestro derecho a la sustentabilidad.
Para recuperar la calidad de vida, encarar el stress y vivir en equilibrio requerimos actuar y cuidarnos unos a otros sin que nos gane el miedo, aunque tengamos la terrible experiencia de escuchar balazos como parte de nuestra realidad y ver por doquier armas expuestas que llaman al peligro.